Cómo perdimos el tiempo – 5

Circularon por la meseta prácticamente desierta, escuchando las noticias por la radio. Era un día sin muchas novedades: los preparativos para la cumbre Nueva Al-Andalus de las Taifas Árabes Unidas, incidentes entre palestinos y el ejército egipcio en Gaza, nueva caída del dolar esterlino.

De repente, los megaburdeles empezaron a proliferar a un ritmo alarmante y supieron que se acercaban a la frontera. – Las vascas, ya se sabe. Y desde que los de Mondragón dieron el golpe, mucho más – comentó Juanjo mientras pasaban por delante de un puticlub con un signo enorme de TALDEENTZAKO BEHERAPENAK – DESCUENTOS PARA GRUPOS en la fachada, frente a la cual una larga cola de hombres bajaba de un autobús, txapela en mano.

Pronto llegaron a la frontera de Gorbea. No había demasiado tráfico cruzando bajo la gran señal EUSKAL HERRIA – ARRASATEKO ERREPUBLIKA EKOLOGISTA INDEPENDENTEA , pero al entregarles Juanjo sus visados, los dos guardias se miraron el uno al otro y les indicaron que aparcaran y bajaran.

Les hicieron pasar a un despacho interior. Desde que el gobierno del PNV fuera derrocado, ya no quedaban imágenes de Sabino Arana en lugares públicos, sino que un icono pseudo-naïf de Ama Lur presidía la pequeña estancia (la consagración de la Madre Tierra como representación oficial de Euskal Herria había coincidido con la reconversión de Amaiur en Ama Lur, la intensificación de su programa de soberanía alimentaria, y la creación de campos de reeducación para los que no reciclaran). En Mondragón ostensiblemente no les gustaban las jerarquías ni los uniformes, así que las chaquetas rojas de los ertzainas había sido sustituidas por camisas de leñador, aunque las txapelas rojas, y las pistolas, se habían mantenido.

Un oficial superior echó un vistazo a sus papeles. – ¿Anya Bud…?

– Buddenbrooks – dijo Anya. Aclaró: – Mi abuelo era un fanático de Thomas Mann. Creyó que sería más fácil de pronunciar. – Ante la mirada incrédula del oficial y Juanjo añadió, encogiéndose de hombros: – Su apellido original era Csíkszentmihályi.

El oficial chasqueó la lengua. – Anya Buddenbrooks Rabinovich y Juan José Valiñas Freire. Está claro que  no os han dado el permiso de residencia por tener ancestros vascos. ¿Qué venís a hacer a Euskal Herria?

– Tenemos papeles de trabajo. Nos vamos a incorporar a una cooperativa en Bilbao. Tartessos. – Ante la expresión de falta de reconocimiento e intensa desconfianza del oficial, añadió: – Venimos avalados por Kepa Lankide. Puede llamar si quiere. – Y le tendió una tarjeta.

El oficial abrió los ojos como platos al ver la tarjeta, cruzó miradas con sus subordinados, y sacó su teléfono. Tras conversar unos minutos en euskera – con los ojos más abiertos todavía – colgó y miró a Juanjo y Anya con una expresión completamente distinta, una mezcla de curiosidad y un cierto temor. – Parece que está todo en orden. – Tomó sus visados y los selló, y regresaron al coche ante las miradas silenciosas de los ertzainas.

– ¿Qué ha pasado ahí dentro? – dijo Anya mientras descendían hacia Bilbao. – ¿Qué ha sido eso?

– Eso – contestó Juanjo – ha sido una muestra de la influencia de Lankide aquí. En cualquier otra circunstancia nos habrían mandado a hacer puñetas – particularmente porque creo que ya tienen lleno el cupo de gallegos de este año. Pero ha bastado con una llamada.

Anya permaneció en silencio unos instantes. – Tartessos no les sonaba de nada, aunque en su sitio web se define como una de las principales cooperativas de la República. Y sin embargo, parece que cuentan con el apoyo total de Lankide, hasta para cosas relativamente menores como ésta. ¿De qué va todo esto?

– Eso es lo que venimos a averiguar, Anya – contestó Juanjo. Ya estaban en la cuesta final, bajando hacia la ría, y en la distancia vieron relumbrar en la luz del atardecer la gran estatua dorada y giratoria del Ama Lurren Bihotza. – Y empezamos pronto. Los tartesios nos esperan a cenar.

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http://lasindias.com/como-perdimos-el-mundo-05/

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2 pensamientos en “Cómo perdimos el tiempo – 5

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