Cómo perdimos el tiempo – 7

El pollo Abulafia era por lo visto un simple pollo con pimientos. Pero Gebara les explicó, con todo lujo de detalles, que los tartesios habían desarrollado una gastronomía pero no una cocina ni un recetario, porque las cocinas, como la francesa, eran nacionales pero las gastronomías, como la vasca, eran propias de comunidades actuales (no explicó qué pasaba con los recetarios).

Anya aprovechó para hacer la pregunta de pelota de la clase: – Sí, lo de la comunidad actual me interesa muchísimo. ¿Cómo os las apañáis para mantenerlo viviendo dentro de un Estado?

Gebara sonrío ampliamente, con cara de “me alegro de que me hagas esa pregunta”. – Claro, no ves, la comunidad actual no es actual en el tiempo, es actual como en griego, actual frente a potencial. Lo potencial es lo abstracto, lo que podría ser, lo actual es lo que sucede de veras, lo concreto.Y nosotros vivimos en lo concreto, no como los Estados y otras instituciones que se basan en pilares abstractos y por tanto irreales. ¿Sabías que no podemos tener relaciones genuinas con más de 23 personas por día?

Anya parpadeó. – ¿23?

– Sí, está científicamente demostrado. Los seres humanos sólo podemos hablar con 23 personas, después todo se convierte en lo mismo, es el límite de nuestra memoria afectiva. Es el número de Carrey. Pero, en cuanto a tu pregunta, pues nosotros vendemos lo que producimos y compramos lo que necesitamos, creamos algunas tecnologías y compramos otras, como cualquier otro en el mercado. Pero somos reales, somos actuales, no como esas ilusiones con las que interactúa la gente todos los días. Y hacemos esfuerzos diarios por mantener la existencia de nuestra comunidad.

Bel se acerco a llenar sus vasos de vino. – No, gracias – Juanjo tapó el suyo con la mano. – Prefiero agua por la noche.

De inmediato, Bel y Gebara fruncieron el ceño. – ¿Agua? – dijo Gebara. – El agua no es una bebida social. En realidad, bebemos vino y café porque son alimentos sociales, que crean comunidad actual. Son un símbolo, una metáfora. No es tanto porque nos guste o nos deje de gustar. Es para compartir la vida, disfrutar del gusto de estar juntos.

Juanjo, amilanado por la reacción inesperada, sólo pudo musitar: – Ah, entiendo. Ponme vino entonces. Gracias.

Sí, y supongo que los alcohólicos son sólo super extrovertidos, pensó Anya para sí, pero sonrió y tendió el vaso para que se lo llenara.

– Pero ¿no es un problema tener que interactuar a diario con estructuras tan distintas a la vuestra? ¿Con gente que no os entiende? – insistió ella.

Gebara sonrió como se sonríe a un niño que no entiende. – Noooo, tontita. Verás, yo te lo explico. Nosotros no queremos que nos entiendan, no queremos universalizar nuestras ideas y nuestros valores a todo el mundo. ¿Para qué? Pero eso no impide que podamos comerciar con ellos siempre que nos dejen en paz para ser quiénes somos. – Gebara ya tenía un tono algo aniñado, pero ahora se puso particularmente blandito – a Anya le recordó a los anuncios muy antiguos del Osito Mimosín. Un Osito Mimosín paternalista.

– El pollo buenísimo, Marisol – le alabó Gebara a la Mascota, que inmediatamente sonrió de oreja a oreja y se sonrojó como una colegiala: – Ay, muchas gracias, Ismael… Si no ha sido nada… – Se levantó a recoger los platos, y Juanjo hizo amago de levantarse a ayudarla.

– Deja, deja – le puso la mano en el brazo Bel. – Que sois los comensales de honor hoy. ¡Un brindis por los futuros hermanos! ¡Vita longa i prosperemus!

¡VITA LONGA I PROSPEREMUS! – exclamaron todos – salvo, se fijó Anya, Sandra y Xuan, que boquearon las palabras con una notable cara de circunstancias.

– Ésa es nuestra Basilissa – dijo Gebara, henchido de orgullo. – ¿No es magnífica? Nuestra Basilissa es el alma de Tartessos, como ya os daréis cuenta. – Detrás de él, mientras recogía los platos, la cara de culo de la Mascota era espectacular.

Pusieron el marmitako en el centro de la mesa y la Basilissa empezó a servir – un orden claramente jerárquico, notó Anya. Empezó por ella y Juanjo, después sirvió a Gebara, a la Mascota, a sí misma, a João, y finalmente a Sandra y Xuan. Los platos se pasaban ceremoniosamente, en un orden predispuesto, contrario a las agujas del reloj – nada de pasarse los platos por mitad de la mesa. Anya no paraba de tomar notas mentales. Y las patatas están duras.

– Bien, entonces el plan para mañana es: Bel y yo tenemos que bajar mañana a Bilbao a unos asuntos, pero Marisol os puede enseñar el baserri y cómo funciona todo, y presentaros a los piesenpolvorosa. Por la tarde tendréis sesión introductoria con Adolfo.

– ¿Sesión? – tosió Juanjo.

– Sí – sonrió Gebara. – No os preocupéis, no va a ser nada intensivo. Adolfo está a cargo de recursos humanos y es nuestro coach y asesor psicológico, así que se encarga de charlar con los nuevos según llegan para ir viendo cómo evolucionan y echarles una mano. Y hacer terapia con ellos si hace falta.

Bel rió ante las caras de Juanjo y Anya – ¡No os preocupéis, si aquí hacemos terapia todos! Con Adolfo tenemos sesiones todos, Marisol, yo, João. Bueno, Ismael no, porque él ya resolvió todo lo suyo hace mucho tiempo…

– Pero nada raro, nada freudiano de hablar de vuestro padre ni cosas así ¿eh? Quita, quita – dijo Gebara. – Son sólo técnicas para una vida mejor, para el empoderamiento con respecto a vosotros mismos como miembros de una comunidad actual. En realidad es un hackeo mental.

Juanjo y Anya se miraron por un instante, desconcertados. Pero la Mascota rompió su desconcierto bruscamente, vertiendo en su plato un cucharón de una salsa entre grisácea y verdosa, de aspecto repugnante, que apestaba a algo parecido a pescado podrido. – ¿No te gusta? – escupió. – Es nuestra especialidad, lo que mejor hacemos. Es garum.

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http://lasindias.com/como-perdimos-el-mundo-07/

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8 pensamientos en “Cómo perdimos el tiempo – 7

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  2. Ver para creer

    Qué historia tan divertida, tienes una imaginación de espanto. ¿Qué es eso de que te han denunciado y no puedes poner más historias? ¿Es como si alguien se ofende y si llaman a la empresa te censuran? Alguien puede ofenderse pro tu historia??? Si es una ficcion que no tiene ningun parecido con el mundo real. Quiero leer más historias.

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  3. phylenova

    Vaya, me he quedado con saber qué pasa. ¿Por qué el problema? ¡Es sólo un divertimento inocente de verano! ¿O no?

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