Cómo perdimos el tiempo – 8

Tras las patatas duras del marmitako, vinieron una fuente enorme de alfajores, chocolates, y dulces, café, copa, y puro. De nuevo, tuvieron que probar de todo, ya que los tartesios parecían considerar que la comida y el tabaco no eran de hecho comida y tabaco con sabores e ingredientes químicos reales, sino meras excusas para socializar. – Es como el garum – pontificó Gebara. – Era la base de toda una red comercial en el Mediterráneo en tiempos romanos que implicaba a miles de personas. Pero no era tanto una cuestión del producto en sí, sino que era una excusa para establecer redes. En realidad el garum no es una salsa, sino una metáfora. – Pues vaya mierda de metáfora, pensó Anya.

Estaban ya recogiendo cuando João, que había desaparecido un momento, regresó a la cocina, con la cara muy blanca. – Ismael, Ismael. Fernando ha dejado un comentario en el blog enlazando a la página de la TartessosWatch.

A Ismael se le demudó el rostro. – ¡BÓRRALO INMEDIATAMENTE! ¡YA! ¡JODER! ¿ES QUE TENGO QUE DECIRLO YO TODO EN ESTA CASA?

– Pero es que Fernando es amigo… – se atrevió a replicar João.

– ¡ME LA SUDA QUE SEA AMIGO! ¡NO VOY A PERMITIR QUE APAREZCAN ENLACES A ESOS HIJOS DE PUTA DESDE MI BLOG! ¡BÓRRALO YA! ¡YA!

De inmediato, Bel y Marisol se apresuraron hacia Ismael, tratando de aplacarle y convencerle.

– Pero Ismael, la Posta de Tartessos pretende ser un baluarte de la libertad en las redes y las libertades civiles.. No podemos censurar los comentarios así como así – imploró Bel.

– Y además, Fernando es amigo. No podemos hacerle ese feo. Queda mal. Parece que estamos borrando un comentario porque no nos gusta – añadió Marisol.

– ¡Fernando le está haciendo el juego al Enemigo! ¡Al Enemigo! ¡Con todo lo que yo he hecho por él y así me lo paga!  ¡Es un desagradecido y un traidor!

Gebara iba poniéndose cada vez más y más rojo, y gritando más. El contraste con el Osito Mimosín que había sido toda la velada no podía ser más grotesco. El cuadro era un espectáculo: Bel y Marisol acuclilladas junto a la silla de Ismael como las meninas en el cuadro, mientras Gebara bramaba y hacía aspavientos y escupía; João temblando como una hoja en el umbral de la puerta; y Xuan y Sandra contemplándolo todo impávidos. Y la furia de Gebara que iba cada vez a más: Anya pensó que en cualquier momento se iba a tirar al suelo y empezar a morder las alfombras.

– ¿O sea, que entre Fernando y yo, elegís a Fernando? – gritaba exaltado.

– No, no, Ismael, no es eso… Que no es eso, de verdad…

– ¡Quieren destruir la obra de toda una vida! ¿No os parece hermosa la vida que estamos construyendo juntos? ¡En esta casa magnífica, que es un lujo! ¡Compartiendo y disfrutando de la buena mesa! Viviendo la verdadera democracia horizontal cooperativista. ¡Y en un momento tan delicado como éste, Fernando quiere abrir una brecha!

– Ismael, a lo mejor lo hizo sin darse cuenta… – dijo Bel, compungida.

– Lo que pasa es que es tonto. Claro, ¿qué podemos esperar de alguien que programa en Python? Es el lenguaje de programación para los niños de papá de clase media que quieren jugar a rebeldes del software libre, como él, que quiere quedar bien con nosotros y con el Enemigo.

– La TartessosWatch es un blog crítico con Ismael – murmuró Sandra al oído de Anya. – Están baneados de todas las redes tartesias, pero de vez en cuando se cuela algo.

Se retiraron con Xuan, Sandra, y João al salón – que estaba helado: los tartesios no parecían usar calefacción – mientras Bel y Marisol trataban de calmar a Gebara. Tras un rato incómodamente largo, los tres emergieron de la cocina: Gebara todavía con cara de niño enrabietado, Bel y Marisol pálidas y tensas. – João – dijo Bel. – Haz el favor de eliminar el comentario de Fernando, por favor.

***

Los dormitorios estaban en la planta de arriba, a lo largo de un estrecho pasillo. Bel les mostró sus respectivas habitaciones, que quedaban bastante alejadas la una de la otra.

– Ah, pero… ¿no dormís juntos? – dijo la Mascota, que iba detrás de ellos. – ¿No sois pareja?

– No – respondió Anya. – Nos conocimos haciendo la vía tartesia y vinimos a la vez porque los dos vivíamos en Madrid. Pero nada más.

El rostro de Marisol se ensombreció y miró a Anya con cierto recelo. – Ah.

– Bueno, que durmáis bien – dijo Bel con animación forzada. – Mañana tenéis un día intenso.

Anya pasó a su habitación. Una luz de neón en el techo, una cama estrecha de aluminio, y unos cajones. Habían dejado su bolsa sobre la cama. Fue a salir un momento al pasillo para hablar con Juanjo, y al ir a apagar la luz, el interruptor se salió de su cajetín y quedó colgando.

– Ah, no te preocupes – dijo João, que estaba pasando. – Ya lo arreglamos mañana.

Se acercó a la puerta de Juanjo, que tenía un dormitorio similar. Al final del pasillo, Bel y Marisol estaban mirándoles, así que prefirió no quedarse mucho. – Bueno, que descanses. Mañana hablamos.

Juanjo sonrío levemente y miró a Anya con ironía. – Sí, creo que tenemos bastante de qué hablar – dijo en voz baja.

Anya regresó a su habitación y cerró la puerta. Estaba ya en camiseta y leggings cuando se dio cuenta de que se había dejado el móvil abajo. Abrió la puerta, e iba a salir al pasillo cuando oyó a alguien hablando en la esquina de la escalera. Bel y Gebara.

Asomó la cabeza. Estaban frente a frente, Bel frotándole el brazo con cariño, Gebara todavía con la expresión de crío cabreado, pero que iba ablandándose. Y estaban hablando como niños, con la voz aguda de antes y un ceceo artificioso: 

– Que de quiedo mucho mucho mucho, chiquipún – decía Bel.

– ¿De veddad?

– De veddad de veddad.

– Yo tabbién de quiedo, chiquipuna.

– No te enfades así, que te quedemoz todoz. Edez nuestro chiquipún.

– Ya lo zé, ez que a vecez me enfado… ¿Me daz bezitoz?

Anya cerró la puerta lo más sigilosamente que pudo, y sacó el cuaderno de notas.

——————————————————————————

http://lasindias.com/como-perdimos-el-mundo-08/

Anuncios

9 pensamientos en “Cómo perdimos el tiempo – 8

  1. Ingmar Swalue

    Como profesional de la psicología, creo identificar una pauta perfectamente clara en la conducta descrita: megalomanía como superación del complejo de inferioridad.

    Excelente serie.

    Dr. Ingmar Swalue
    Instituto Scheveningen

    Me gusta

    Responder
  2. Pingback: El otro | Indiano Watch

  3. Pingback: La vida interesante de las ratas acomplejadas | Indiano Watch

  4. Pingback: myTaxi no es una vida interesante | Indiano Watch

  5. Pingback: Varoufucker and Varoufuckerer | Indiano Watch

Delibera, aunque sea banal

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s