Cómo perdimos el tiempo – 9

A primera hora, Juanjo y Anya bajaron a desayunar. Gebara y Bel estaban sentados a la mesa, sonriendo y haciendo chistes como si no hubiera pasado nada. Tenían una reunión en la cooperativa de Kepa Lankide, y estaban de un humor excelente (¿postcoital? se preguntó Anya), zampando unas tostadas de pan con tomate bastante poco vascas.

– ¿Bajáis en coche? – preguntó Juanjo.

– ¿Coche? – respondió Gebara. – Quita, quita. El coche es un símbolo de la clase media aspiracional, junto con la hipoteca de la casa, las vacaciones, la ropa. ¿Para qué quieres comprarte un coche? Si sinceramente prefieres el ArtKlass con toda su ironía contenida a la Torre Iberdrola, probablemente encuentres más atractivo un coche compartido que un Lexus híbrido, un confortable kibbutz urbano a un loft decorado como en una pesadilla espacial de Kubrick. Y lo que es más importante, considerarás los excesos de la moda, los gastos extravagantes o las inversiones enloquecidas como una pérdida de tiempo. Ni siquiera como una aberración. Por lo general, no te indignarán, simplemente te parecerán fuera de lugar. Hay gente a la que le hace feliz eso, por supuesto – bajo su supuesta tolerancia, su expresión denotaba: imbéciles. – Pero en Tartessos pensamos de otro modo.

– Sí – sonrió Bel. – A nosotros nos interesa tener una vida interesante. Y una vida interesante no es cuestión de tener un coche o signos de status. Es básicamente el gusto por estar juntos. ¿Qué más se le puede pedir a la vida?

¿Poder coger el coche para irte por ahí cuando quieras? pensó Anya.

Gebara y Bel iban a coger el autobús de las ocho y media que pasaba por la carretera. – Marisol os enseñará un poco todo. ¡Bonux dias y bonus provectus! – se despidieron.

La Mascota estaba sentada en uno de los pufs del salón, pintándose las uñas de azul petróleo y escuchando la canción de Titanic en un bucle en su portátil. Levantó la cabeza. – Os tengo que enseñar las cosas ¿no? – Y se levantó sin mucho entusiasmo.

– Éste es el salón, obviamente. – Ahora, con la luz de la mañana, Anya se dio cuenta de que tenía un aspecto mucho más desastrado de lo que le había parecido por la noche. Los muebles parecían avejentados, de segunda mano, como comprados en un rastrillo: el sillón hundido, los cojines rasgados, las mesas con esquinas rotas. Y polvo, papeles, envoltorios de dulces por todas partes. Había en general una sensación de dejadez, como si nadie se molestara nunca en reparar ni limpiar nada. Curioso para una empresa puntera y de éxito. 

– Ahí está la mesa de juntas – continuó la Mascota, señalando hacia la larga mesa al fondo. Y ahí está nuestra enseña. – Se dirigió hacia la mesa. Colgada de la pared había una especie de bandera con los símbolos de la esfinge y la trirreme que habían visto en la verja la noche antes. – Ése es el Pendón Tartesio – dijo con reverencia. – Lo instalamos en cada una de nuestras sedes, en una ceremonia.

– ¿Vuestras sedes? ¿Es que hay más?

– Bueno, hace tiempo compramos una casa en Cerdeña. Yo me ocupé de toda la operación y firmé todos los papeles, y está a mi nombre – dijo la Mascota con orgullo. – Esperamos que pronto se estabilicen las cosas aquí y podamos empezar a hacer el Arrastre.

– ¿El Arrastre?

– Sí, del latín rastrum, que dice Ismael que seguramente tiene que ver con rostrum, a la vez cara y podio – osea, sería nuestro modo de dar la cara al mundo dejando nuestro rastro. La idea es que los tartesios hagamos el arrastre continuamente, viajando entre todas nuestras sedes, de modo que siempre haya alguien en cada sede tartesia. Los tartesios hacemos ballets sobre el mapa del mundo – arrastrándonos. – Volvió la atención a la mesa de juntas. – Ésta es la Mesa Tartesia, donde nos sentamos los hermanos cofrades. Pero por supuesto, vosotros no empezaréis por aquí, porque sois postulantes. Venid.

Les guió hacia una habitación más grande, donde había tres chavales de unos dieciocho años charlando en inglés. – ¡Coño, cómo os lo tengo que decir! ¡En inglés no! – Los chicos se callaron y miraron a la Mascota con cierta aprensión. – Son los piesenpolvorosa – es una beca educativa financiada por el Gobierno de la República para atraer a jóvenes europeos que gestionamos nosotros. Ahora los pongo a picar datos. Lo más difícil es convencerles para que aprendan tartesicus y euskera. ¡No sé por qué todos se empeñan en hablar en inglés, de verdad!

Cruzaron a través de la sala a una habitación más pequeña, sin ventanas, donde estaban Sandra y Xuan trabajando en sendos portátiles. – Trabajaréis aquí. Trajistéis portátiles, ¿no? Bueno, habrá que configurarlos para conectaros a la red común. Y por supuesto, habrá que alojar vuestros blogs en nuestro servidor. Para incluirlos en nuestra feed, claro. Ocúpate tú de eso, Xuan.

Anya estaba por hacer una pregunta, cuando oyeron a alguien entrar por la puerta principal.

– ¡¡¡Chico-os!!! ¡Hola-a! ¿Cómo están? ¿Dónde están?  – sonó una voz de mujer con acento latinoamericano. La Mascota frunció el ceño aun más. Y por la puerta entró una versión menos agraciada de Paulina Rubio, ataviada con un poncho y arrastrando una maleta de mano.

– Adriana – masculló la Mascota a través de una sonrisa forzada. – No te esperábamos tan pronto.

– ¡Y pues, no sabes lo ABURRIDA que estaba Suiza! ¡Ya yo echaba de menos a mis cuates tartesios! – Abrazó y besó efusivamente a la Mascota, ignoró por completo a Sandra y Xuan, y le echó un vistazo a Anya y Juanjo. Sobre todo a Anya. – ¿Y pues quiénes son éstos?

– Anya y Juanjo, nuestros últimos postulantes. Les estaba enseñando dónde van a trabajar.

Adriana decidió ignorarles también. – Pero déme de desayunar, manita, que muero de hambre… ¿Dónde está Ismael? – Y ambas mujeres salieron hacia la cocina.

Anya y Juanjo miraron a Sandra y Xuan, perplejos. – Adriana Velázquez – dijo Sandra. – Hija de un terrateniente mexicano amigo íntimo de Slim Jr. La familia tiene la nacionalidad suiza por motivos obvios. Ella se pasa media vida en Europa porque tiene conciencia social y no se siente realizada con sus privilegios en México, así que va y viene entre Tartessos y Zurich. – El tono seco de Sandra era inconfundiblemente sarcástico.

– Sí, a Adriana le gusta venir al caserío a… realizarse. Con Ismael. A realizarse mucho con Ismael  – añadió Xuan con su suave acento asturiano.

– ¿Oh? ¿También vive en el caserío?

Sandra y Xuan se echaron a reír a carcajadas. – ¿Adriana vivir aquí? Ni de coña. Su papá le compró un piso en Bilbao, por supuesto.

En ese momento, regresó la Mascota, cuyo humor claramente había empeorado aun más en pocos minutos. – ¡Xuan! ¿Qué te dije? ¿Estás ocupándote de regularizar a los nuevos o estás comiéndote los mocos con tus chorradas de programación como de costumbre?

– Estaba terminando este informe para hoy, Marisol. Ahora me ocupo.

– A ver si es verdad, que aquí estamos para currar, ¿eh? – escupió la Mascota, y salió de nuevo. – Adriana ¿me trajiste el esmalte de uñas que te pedí?

Xuan y Sandra se miraron con la expresión de quien ha visto algo mil veces y cada vez le resulta más irritante. Y algo más, creyó detectar Anya.

Xuan sacudió la cabeza levemente. – Más fata que el que dio-y comer les pites pel culu.

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http://lasindias.com/el-arte-de-jugar-al-go-01/

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2 pensamientos en “Cómo perdimos el tiempo – 9

  1. Beñat Urrutia Urrutia

    Yo creo más bien que en vez de proceder del latín existe una seria posibilidad de que el término tenga origen euskérico: desde el término arran – una especie de cencerro – a arrantza, rebuzno o llanto ruidoso.

    La prueba etimológica de ello sería el sentido de ese “arrastre”, pretender que un viaje de trabajo con una estancia superior a un fin de semana es una especie de sacrificio y rito iniciático de algo que se presupone que es una especide de carrera profesional que alumbrará una especie de hombre nuevo.

    En realidad, una nadería. Cualquiera coge un avión, pasa una semana en un sitio, cierra un trato… pero se viaja en aviones razonablemente confortables, los hoteles y viviendas actuales cuentan con comodidades generalizadas y el correo electrínico y skype te mantienen en contacto con familiares y estructuras laborales.

    Dr. Beñat Urrutia Urrutia
    Centro de Estudios de Linguística Comparada
    Universidad de Copenhague.

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  2. Anónimo

    No creo que la alegría fuera postcoital, por la forma de distribuír a la tribu entre eunucos y plañideras, muchos afectados por los Tartesios estábamos convencidos de que Ismael tenía serios traumas sexuales que le impedían llevar una vida normal, aunque con los sociópatas nunca se sabe… A ver qué nos cuentan Xuan y Sandra.

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Delibera, aunque sea banal

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