El arte de jugar a las damas – 4

La exigencia de desglosar las facturas por parte de Lankide pareció arrojar a los tartesios (o al menos a su cúpula directiva) a una espiral de trabajo frenético que no tenía un propósito muy claro, sobre todo en Phantomaki. Al principio, se planteó utilizar a los piesenpolvorosa para aumentar el ritmo de trabajo, pero aparentemente las condiciones de la beca lo impedían – lo cual Gebara hubiera estado dispuesto a ignorar, pero el hecho de que la mayor parte de los piesenpolvorosa manejaran lenguas “no aprobadas”, como el inglés, el francés, el alemán, y otras lenguas germánicas hacía que no fueran aptos para recopilar noticias relevantes a nivel mundial.

Así que la opción fue reclutar a algunos becarios locales a través de Segunda Mano: dos estudiantes de doctorado de la Euskal Herriko Unibertsitatea, y un parado de larga duración de unos cuarenta años. Adriana, para su gran satisfacción, fue ascendida al cargo de supervisora de Phantomaki, y los nuevos trabajadores – contratados bajo un contrato de aprendizaje, pero a los que muy pronto se les dejó claro que se esperaba que trabajaran jornadas de 12 horas – pasaron a trabajar en la despensa (vacía) del caserío.

Por lo que pudieron deducir Anya y Juanjo de las confusas explicaciones de Gebara y las chicas, la idea era crear “el primer servicio europeo de inteligencia pública”, para “proporcionar oportunidades comerciales y de innovación al servicio de pequeñas empresas, cooperativas, ONGs y cargos electos”. Sin embargo, esto era curiosamente contradictorio con lo que decían en la cooperativa de Lankide, que afirmaba que el proyecto “Aguante!” (el título de la hoja de noticias de Phantomaki) era parte de su obra social.

– ¿Tal vez Aguante! sea sólo un modo de promocionarse? – susurró Anya mientras leía con Juanjo los materiales promocionales.

– ¿Promocionar qué?  ¿Un resumen de noticias diario que publican a las 9 de la mañana como muy pronto? Este tipo de servicio es útil si lo recibes a las 6 o 7 de la mañana, antes de que empiece la jornada laboral. Pero evidentemente, ahí tienes que tener horarios de panadero.

Anya frunció el ceño. – Claramente se han camelado a Lankide. La utilidad de esto es muy, muy reducida, pero supongo que en el seno de su cooperativa les hace parecer vanguardistas e innovadores. Lo más, vamos.

Juanjo sonrió mientras leía la presentación. – Je. Dicen que recogen los datos de miles de fuentes de todo el mundo. ¡Si ni siquiera saben utilizar etiquetas, ni saben cómo guardar enlaces o mantener un registro!  ¿Miles de fuentes? ¿Cuándo coño les da tiempo a leerlas a tres pobres pringaos?

– Es que leen en diagonal, como Gebara. Esto es buenísimo: “¿Cómo conseguimos ser Low-Cost?”

– “Phantomaki es un proyecto social sin ánimo de lucro impulsado por la Lankide Elkartea” – leyó Juanjo. – “Nuestro objetivo es propiciar un cambio cultural empoderando a las personas en las organizaciones con conocimiento y potencia de análisis global. No se buscan dividendos, no se pagan oficinas, la gestión empresarial no está remunerada… y todo eso nos permite… Aportar mucho más valor que el que reflejan nuestros precios”.

– Pobres curritos – dijo Anya, mirando en dirección a la sala donde estaban afanándose bajo la “supervisión” de Adriana. – ¿Ya saben que están trabajando para una empresa cuya gestión no está remunerada?

– Bueno, pagarán sus “becas” con la pasta que les pasa Lankide – la cuestión es cuánto va a durar eso.

– Tampoco es tanto dinero. Una beca de aprendizaje, menos que el salario mínimo. Dios, qué cutrez…

Anya iba a comentar algo sobre la contradicción entre ser un servicio puntero de información y la infraestructura tercermundista cuando oyeron los ya conocidos gritos de Gebara provenientes del salón. – ¡LADRONES! ¡LADRONES! ¿CÓMO OS ATREVÉIS A HACERME ESTO A MÍ?

Salieron a ver qué sucedía, y se encontraron con Gebara, rojo como siempre que entraba en cólera, flanqueado por Marisol y Bel. Los tres parecían fuera de sí, lanzándoles acusaciones y reproches a voz en grito a Sandra y Xuan, que estaban camino de la puerta, maletas en mano.

– ¿Qué pasa? – preguntó Juanjo.

– PASA QUE ESTOS DOS HIJOS DE PUTA SON UNOS LADRONES. ¡LARGAOS DE AQUÍ Y NO VOLVÁIS NUNCA MÁS! – rugió Gebara.

– Hemos montado nuestra propia consultora – explicó Xuan. – Nos largamos a Madrid.

– Habéis estado utilizando nuestro nombre – escupió Bel, lívida. – Os apoyáis en nuestra reputación para hacer negocio.

– Hemos mencionado que trabajamos en Tartessos en nuestro currículum porque, bueno, trabajamos en Tartessos – dijo Sandra. – Y sí, enviamos mensajes a posibles clientes desde nuestra cuenta de Tartessos porque nos forzasteis a integrar nuestros blogs. No iba a enviar mensajes profesionales desde una cuenta de Hotmail.

– ¡NOS HABÉIS ROBADO CONTENIDOS Y CLIENTES, CABRONAZOS!

Sandra seguía impasible: – No hemos robado nada, Ismael. Los clientes que mencionas ya nos conocían desde antes que entráramos a trabajar aquí. Y esos “contenidos”  son nuestro propio trabajo. Aunque hiciéramos cesión al dominio público, mantenemos los derechos morales, así que podemos hacer lo que nos dé la gana con ello. Aunque tú te empeñes en atribuirte personalmente todo lo que hacen tus acólitos.

– ¡¡¡¡FUERA!!!! ¡FUERA DE AQUÍ! ¡SUJETADME QUE LOS MATO! – Gebara hizo un amago de abalanzarse sobre los desertores, y las chicas lo sujetaron, tratando de calmarle. – ¡No, Ismael, no! ¡No merecen la pena…!

Xuan lo miró con desprecio. – Si tú no te diste de fostias en tu puta vida, Ismael. Mucha guerra centroafricana y mucho blablá, pero cuando te enfrentas a alguien que te puede zurrar de verdad, te cagas en las patas. – Dejó una hoja de papel sobre una mesa. – Y por cierto, estuvimos hablando con el notario. Nos vais a pagar nuestras acciones o la montamos. Que paséis un buen día, tartesios.

Les guiñó el ojo a Anya y Juanjo, tomó su maleta, y salió con Sandra hacia un coche que les estaba esperando fuera, seguidos por el bramido aterrador de Gebara.

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http://lasindias.com/el-arte-de-jugar-al-go-04/

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2 pensamientos en “El arte de jugar a las damas – 4

  1. Tartesiano Fiel

    Lo de Sandra y Xuan fue selección adversa. Se les trató demasiado bien en Tartessos. Se empoderaron y empezaron a pensar que su trabajo importaba. Nunca entendieron el empoderamiento real: el gozo que uno experimenta al dar todo el poder al líder. Así les fue.

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    1. Anónimo

      “El gozo que uno experimenta al dar todo el poder al líder”, es la frase que se dice en todas las sectas antes del suicidio colectivo tras sacrificar una cabra virgen. Claro que dado el nivel económico de Tartessos, lo mismo se sacrifica una araña y santas pascuas.

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