El arte de jugar a las damas – 6

João les llevó a la tercera planta, donde no solían ir: Gebara tenía su despacho allí y también estaba la biblioteca, que por otro lado nunca habían visto utilizada. Pasaron a una sala con algunas sillas dispuestas en círculo, donde les esperaba un hombre bajito y pícnico, con pelo pajizo y gafas de culo de vaso, que hablaba con un ligero ceceo: Adolfo von Storgen.

– Hola, chicos, pasad, pasad. Disculpad que hayamos tardado tanto en conocernos, pero ya os habrán contado que es que estuve dando un seminario por las Escocias…

– Ah, sí. ¿Qué tal te fue?

– Bueno, en realidad lo del seminario fue un chanchullete con un amigo que conocí cuando estaba de Erasmus en Granada y ahora es el administrador del departamento, y que me selló lo que hacía falta. Me dieron una beca aquí y me gasté el dinero de las dietas en alargar el viaje en modo vacaciones, pero en el blog tenía que decir algo que sonara importante, fue lo que me recomendó Ismael. Por lo visto él hacía mucho el mismo truco en sus tiempos… – Y se echó a reír.

– Los trucos del oficio… – hizo un esfuerzo por sonreír Anya. – ¿Llevas mucho dando clase?

– La verdad es que nunca he querido entrar en el sistema académico como tal, pero de vez en cuando es agradable hacer cositas, cuando puedes entrar de verdad en contacto con los estudiantes muy jóvenes, que es cuando todavía tienen la mentalidad sin formar y son moldeables, digamos. – Sonrió de nuevo. Anya tuvo la sensación de que era así como debía sonreír una croqueta. Una croqueta algo siniestra. – Por eso estoy sacando el Manual Marcos – sacó de una cartera dos haces de folios encuadernados con canutillo y se los tendió a Anya y Juanjo. – Tomad, tomad, quedaoslo. Es un manual para vivir una vida interesante. Espero que se acabe convirtiendo en una especie de manual de instrucciones para todos los futuros tartesios y piesenpolvorosa. E incluso, por qué no, para toda la juventud con inquietudes.

– Ah, caramba. – Juanjo hojeó el manual. – Perdona, no sé si me lo dijeron pero es que no me acuerdo. ¿Eres psiquiatra o psicólogo? ¿Qué orientación tienes?

– Pues en realidad cuando yo estudiaba psicología era el representante sindical y el bibliotecario y además publicaba un fanzine y estaba montando una editorial educativa. Así que nunca acabé la carrera – me quedan unas pocas asignaturas. Mi doctorado es en sociología – me lo saqué por la Universidad de Phoenix. En cuanto a mi orientación… ¡pues de todo un poco! Después de todo, vivimos en un mundo postmoderno, todo es un collage irónico ¿no? y todo vale. Lo que sirve es lo que te sirve a ti, lo que hace que te empoderes y puedas hacerte cargo de tu propia vida para tener UNA VIDA INTERESANTE. – Miró las caras de Anya y Juanjo y sonrió paternalmente. – Sí, ya sé que asusta un poco. Pero no os preocupéis. Habéis dado el primer paso viniendo a Tartessos. – Se levantó de su asiento y los miró con súbita intensidad. – Lo único que importa aquí es vuestras historia, vuestras experiencias y vuestros valores. Las cosas en que creéis, el lugar a donde queréis llegar, la vida que queréis tener. No importa nada más. Absolutamente nada. Por mi parte, sólo puedo prometeros que estaré aquí. Que podéis implicaros y luchar conmigo. Sólo puedo prometeros que, si lo necesitáis, podréis consultarme a cualquier hora y que te responderé lo antes posible; que haré todo lo que esté en mi mano para seros útil, para ayudaros; que si decidís dar este salto de fe, si decidís luchar y si lo conseguimos, merecerá la pena.

Hubo un silencio ante el súbito arrebato de vehemencia, que rompió el propio von Storge, riendo de nuevo. – Eso sí, yo cuento muchos chistes malos – dijo, con la intención obvia del que espera que le digan lo gracioso que es. – Pero bueno ¡vamos a hacer un ejercicio práctico para empezar!

Se dirigió a una mesita en una esquina y tomó dos vasos que tenía preparados. Le dio uno a Anya y uno a Juanjo. – Humedeceos la boca con saliva, la cara interior de los dientes, la punta de la lengua. ¿Agradable? Por lo menos muy desagradable no es ¿no? Vale, ahora quiero que escupáis en el vaso.

Anya y Juanjo se miraron un instante, y lo hicieron.

– Muy bien. Ahora bebeos vuestra saliva.

– ¿Qué?

– ¡Bebeos vuestra saliva! ¡Bebeos vuestra saliva! ¿A qué estáis esperando? ¡Bebed! ¡Os he dicho que bebáis! – El tono insistentemente afable había vuelo a desaparecer de su voz, y ahora había cruzado los brazos y se cernía sobre Anya y Juanjo, casi amenazante. Viendo que no les quedaba otra, obedecieron, tragando (literalmente) saliva.

Von Storgen volvió a sonreír. – ¡Bien! No ha sido tan difícil ¿verdad? Aunque os haya dado un poco de asco. Pero si lo pensamos no debería, la saliva en boca no es algo desagradable, ni nos asquea. En cambio, si la bebemos de un vaso nos parece algo bastante guarro. ¿Por qué? Pues porque desde muy muy pequeños nos enseñan que escupir es repugnante. Aunque eso nos lleve a sentir como repugnantes cosas que objetivamente tampoco son para tanto. NOS PROGRAMAN DESDE QUE NACEMOS: nuestros padres, nuestra familia, nuestros amigos, la educación, la sociedad, pero sobre todo EL ESTADO.

Se sentó en la repisa de la ventana con una expresión seria de nuevo. – Una de las principales cosas para las que nos programan es para evitar el sufrimiento. Pero esto nos lleva a evitar hacer cosas distintas de las que nos dicen porque eso nos haría sufrir. Pero, por supuesto, si no llevamos UNA VIDA INTERESANTE sufriremos todavía más. Así que lo que os vamos a enseñar aquí en Tartessos es a distinguir el sufrimiento bueno del malo, por así decir. No os voy a engañar, entrar en Tartessos es una vía difícil, que requiere un gran esfuerzo y dedicación – nos gusta compararnos con los jesuitas, porque, como ellos, pretendemos ser una élite resiliente. Pero cuando os enseñemos cuál es el sufrimiento incorrecto y cuál el correcto, seréis libres. Libres en Tartessos. Libres en UNA VIDA INTERESANTE. Os daremos sentido.

Se levantó de la repisa y se sacudió el polvo del trasero (la habitación, como todas las demás, estaba llena de polvo y sin limpiar). – Bueno, seguiremos con más ejercicios prácticos en las próximas semanas y con algunas técnicas: clarificación, defusión y perspectiva, y activación. Está todo en el Manual Marcos. Echadle un vistazo, y si tenéis alguna duda o algo que queráis hablar conmigo, estoy disponible a cualquier hora del día o de la noche, de verdad.

Estaban ya saliendo cuando les preguntó: – Por cierto. Estoy intentando montar una gira de talleres del Manual por toda la Península, pero la verdad es que no nos están haciendo mucho caso. Ya se sabe, la gente es muy resistente a la idea de hackear tu propia mente, se empeñan en preferir hablar con alguien, un “profesional”, y tal, así nos va… Así que necesitaríamos encontrar socios que nos cedieran instalaciones y nos alojaran y nos hicieran la presentación y demás – sin cobrar, claro, que está la cosa muy achuchada, jeje… Vosotros no conoceréis a alguien en Madrid, ¿verdad?

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http://lasindias.com/el-arte-de-jugar-al-go-06/

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7 pensamientos en “El arte de jugar a las damas – 6

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