El arte de jugar a las damas – 9

Al regresar al caserío tras pasar la mañana en Bilbao haciendo unos recados, se encontraron a Gebara solo en la mesa. – ¿Dónde estabais? Nos han diagnosticado una apendicitis – dijo con gesto torvo.

– ¿Qué?

– Nos han diagnosticado una apendicitis. Nos operan mañana. Es increíble cuánto sufrimiento podemos aguantar los tartesios.

– Bel está en el hospital – aclaró Marisol, apareciendo por la puerta de la cocina con una taza de café. – Le dio un ataque mientras estabais fuera y se la han llevado a Cruces en ambulancia.

– ¿Está sola?

– Adriana se quedó – dijo Gebara. – Es una desgracia, pero no podemos arriesgar lo de mañana. Sobre todo ahora que los enemigos acechan. Como Bel sería la primera en decir – ¡no nos destruirán!

Ante la cara de perplejidad de Anya y Juanjo, Marisol explicó: – Mañana a primera hora tenemos una presentación con Lankide.

– Es CRUCIAL – enfatizó Gebara, dando un golpe sobre la mesa. – Es el momento de explicarles cuál es el verdadero sentido de la abundancia, el verdadero sacrificio, el vivir arrebatados por el cambio. ¡Va a ser un momento histórico, un giro de 180 grados en la historia de la humanidad, una revolución en el modo de producción equiparable al descubrimiento de la rueda y la agricultura en el Neolítico!

– O sea, que se les está acabando la pasta – murmuró Juanjo.

– Por eso – prosiguió Gebara – es esencial que hagamos nuestra presentación bien. Tenemos que demostrar quiénes somos y qué representamos: la primera cooperativa de redes del mundo, una consultora con más ingresos por consultor que McKinsey, Bain, o el Boston Consulting Group juntos.

– Claro: x dividido por 0 es infinito – murmuró Juanjo de nuevo, haciendo que a Anya casi se le escapara la risa.

– Por desgracia, nuestros amigos de la Lankide Elkartea no son completamente ajenos a los prejuicios del mundo de la escasez artificial, porque nuestro mensaje no ha calado del todo en ellos. Así que tenemos que mostrarles que somos verdaderamente un grupo cooperativo transnacional con sedes en distintas localizaciones y un equipo altamente cualificado. Por desgracia, la ausencia de Bel llamará mucho la atención, así que tendremos que suplirla.  ¿Qué sabéis hacer vosotros?

– Bueno – dijo Anya – como os comentamos cuando postulamos, Juanjo y yo tenemos formación como antropólogos corporativos…

– Sí, sí – dijo Gebara. – O sea, consultoría de gestión del cambio, innovación, recursos humanos, motivación, coaching, gestión del conocimiento, inteligencia de negocio, teoría de redes, geopolitica, transnacionalización, y logística. Y por supuesto, sois expertos en informática y programación puesto que trabajáis en Tartessos. Pero ¿tenéis alguna afición?

– Yo soy astrónomo aficionado… – dijo Juanjo.

– ¡Genial! Pues decimos que le vendemos asesoramiento a la NASA y a Airbus. ¿Tú, Anya?

– No sé decir, la verdad…

Gebara se paró a pensar un momento. – Separabas las basuras para reciclar en casa ¿verdad?

– Sí, bueno…

– ¡Ya está! ¡Vamos a venderles la gestión de residuos tecnológicos, que además los del Gobierno están a tope con el tema del reciclaje! ¿Tenías alguna planta en casa?

– Un cactus en el baño…

– ¡Pues pensemos algo para venderle a Bayer y Monsanto!

Gebara se retiró a preparar la presentación y Marisol se fue al baño a pintarse las uñas de nuevo. – ¿Hay algo que tengamos que preparar? – le preguntó Anya a Gebara se dirigía a su despacho.

Gebara la miró con extrañeza. – ¿Preparar? No, nada. Con que hagáis bulto es suficiente.

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