El arte de jugar a las damas – 10

La presentación a Lankide iba a tener lugar en el contexto del Lankide-Eguna, un día de celebración en la cooperativa donde había conferencias de los directivos, levantamiento de piedras, y comilona general. Además, Lankide había desarrollado lo que llamaba la MER (la Maravillosa Estrategia Relacional) y el movimiento PUFO (Por Una Fuerza Obrera) – una especie de sistema de gestión corporativa “centrada en las personas” – y llevaba tiempo hablando sobre ello sin parar (incluso los tartesios habían hecho algunos tímidos guiños en aquella dirección, haciendo de tripas corazón).

El Lankide Eguna se celebraba en una campa en las afueras de Bilbao, donde habían montado una serie de grandes tiendas y largas mesas de madera para el ágape colectivo y la confraternización cooperativa. Al bajarse de la furgoneta (Gebara había requisado la destartalada furgoneta en que vinieron para fines de la filé), la Mascota les tendió unos pañuelos azules con el logo de la Lankide Elkartea estampado. – Ponéoslos – dijo Gebara. – Hoy hacemos como que formamos parte de Lankide. Hay que camelárselo como sea. ¿Entendido?

Gebara se acercó hacia una de las tiendas con la esperanza de abrazarse efusivamente con Lankide como los viejos amigos que eran, pero se encontró con que estaba a punto a subir al escenario a dar una charla y no, no podía pasar detrás a hablar con él antes. Gebara intentó protestar (¿es que no sabéis quién soy?), pero sus interlocutores – dos tipos con complexión de armario y pinta de dedicarse a cortar troncos en los ratos libres – se pusieron a hablar en euskera, ignorándole por completo. Así que a Gebara, la Mascota, von Storgen, João, y Anya y Juanjo no les quedó más remedio que quedarse de pie entre el público, con sus pañoletas azules al cuello, enfundados en unas camisetas de la Elkartea que les habían puesto al entrar, y agitando unas banderitas con los colores de la cooperativa.

Por fin salió Lankide al escenario, entre grandes aplausos. Era un hombre más bien menudo y enjuto, con ojos saltones y una cabellera gris larga y despeinada, que no dejaba de moverme nerviosamente para arriba y para abajo sobre la plataforma. A Anya le recordó al Pájaro Loco.

– Dentro de poco es mi cumpleaños – empezó Lankide. – Pero no os voy a decir qué día es. NOOOOOO. Porque entonces me haríais regalos. Y si me hacéis regalos, hacéis una compra. Y sin hacéis una compra usáis dinero. Y si usáis dinero, le hacéis el juego a los bancos. Y A LOS BANCOS NO HAY QUE DARLES NI AGUA.

Anya miró a varios chavales sentados en sillas a su derecha, que se afanaban en tuitear todo lo que iba diciendo Lankide desde sus tablets, con aire de estar perdiendo el resuello. Por encima del hombro de uno, pudo vislumbrar lo que tuiteaba: “Kepa dice que… “, “Como dice Kepa…”, “Estoy tuiteando con el permiso de Kepa…”, “Por deseo expreso de Kepa…”, ” “QUÉ GRANDE ERES KEPA”, “GORA KEPA”.

Lankide siguió en esa vena una media hora, hasta que al final su presentación culminó en una oleada de música de fondo que a Anya le sonaba de mil anuncios (- “Cinco ejércitos“, musitó Juanjo. – Dan ganas de ir a invadir La Rioja ¿verdad?) Cuando Lankide terminó, Gebara aprovechó para abrirse camino entre el público enfervorizado y dirigirse hacia el backstage.

– ¡Kepa! ¡Enhorabuena! ¡Has estado fantástico! – exclamó Gebara al verle de lejos. Hizo amago de dirigirse hacia él para darle uno de sus característicos abrazos de oso, pero Lankide no hizo ningún esfuerzo por facilitárselo, y Gebara acabó bajando los brazos de nuevo, fingiendo que bostazaba.

– Sí, hola, Ismael. Gracias – dijo Lankide con cierta frialdad.

– ¿Podríamos hablar en privado? – sonrió Gebara, intentando irradiar encanto. – ¿Te acuerdas que habíamos quedado para hablar de los proyectos de software que os queríamos presentar?

– Sí, bueno. Como puedes ver, no es el mejor momento. – Lankide se giró para hablar con los admiradores que le rodeaban. – Eskerrik asko. Bai, oso pozik nago neure auzkerpenarekin. Oso atseginak zarete.

– Pero Kepa… Hemos preparado una presentación estupenda. Sólo serán cinco minutos. ¿O tal vez pudieras darnos cita para otro día?

Lankide se volvió. – Sí, precisamente os lo iba a comentar. He estado hablando con un asesor, y me gustaría que le presentaráis la propuesta a él para que me dé su opinión. – Les miró con gesto súbitamente duro. – Creo que en ocasiones anteriores me emocioné demasiado rápido, y esta vez me gustaría tener una segunda opinión. Espero que no haya problema.

Gebara forzó una sonrisa. – No, ¡qué va! ¡Por favor! ¡Estaremos encantados! – Calló un momento. – ¿Quién es tu asesor?

– Se llama Jose Aguirre. No sé si le conoceréis de cuando Euskalberria.

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2 pensamientos en “El arte de jugar a las damas – 10

  1. Tartesos Ugarte

    ¿Un nuevo ejercicio de prospectiva? Da igua, la vida de los chiflados es indistinguible de un relato de chiflados. Como sabemso.

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    Responder
  2. Pingback: PUFO | Tartesopedia

Delibera, aunque sea banal

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