El arte de jugar a las damas – 11

Lankide les había convocado al día siguiente en la sede de la cooperativa en Amorebieta. Con Bel todavía en el hospital, Gebara optó de nuevo por llevar consigo a todos los demás tartesios, para hacer bulto, lo cual extrañó al personal de Lankide, que sin embargo les dejó pasar sin problema.

Les hicieron pasar a una sala sin ventanas donde el propio Lankide les aguardaba, sentado a una mesa y acompañado por Jose Aguirre y su asistente, una mujer que se presentó como Jasone González. – Creo que conocen a mi padre. ¿El Inspector González? – comentó ésta, sin levantarse.

Aguirre sacó un cuaderno y un grueso haz de hojas, y empezó sin mayor contemplaciones. – Bien. Creo que queréis hacer una presentación de dos proyectos. Adelante.

Gebara se levantó y empezó a hablar de la colaboración entre Tartessos y Lankide, de la importancia de los valores compartidos, de cómo sólo se puede llegar a un proyecto viable e importante si todos los partícipes podían hablar con hablar Franco y parresía, y cómo esto era sumamente raro en el mundo en el que vivían, sobre cómo querían hacer una vida interesante y el gusto por estar juntos y vivir arrebatados por el cambio

Aguirre lo cortó en seco. – Perdona. ¿Puedes ir a los proyectos, por favor?

Gebara se desconcertó un poco pero cambió de pista rápido, y pasó a hablar del cambio copernicano que se había producido en la economía, con la disipación de las rentas y el fin de la era post-industrial, y cómo lo importante ahora era la economía distribuida y el long tail…

– ¿Qué quieres decir con economía distribuida?

– Erm, bueno, sí, me refiero a la reindustrialización local a bajo coste en el sector P2P. La explosión en el uso social de Internet en los años 90 generó notables cambios en todo el proceso productivo. Uno de los efectos más llamativos fue la aparición en el ámbito de la difusión de la información de lo que el economista Luis Salazar, el wánax de Tartessos, denominó entonces una “lógica de la abundancia“.

La lógica de la abundancia aparece cuando la estructura de producción y costes vuelve innecesario dirimir colectivamente qué se produce y qué no. Salazar parte de los tópicos de la Economía de la información para imaginar unos mercados que evolucionan hacia un situación de subóptimo paretiano de forma indefinida como producto de la extensión del efecto red. En el límite, la consecuencia serían las equivalentes a las que se producirían al alcanzar un mercado de competencia perfecta en los modelos neoclásicos. Es decir, el precio se equivaldría al coste marginal… pero el coste marginal de difundir una unidad más de información en la red es cero.

– A ver si me aclaro. ¿Estáis diciendo que habéis conseguido llegar a un modelo de producción de coste cero?

– Bueno, no, porque evidentemente hace falta una estructura de red para eso. ¡Y de ahí la colaboración con Lankide! – Gebara hizo un gesto hacia João, que pulsó una tecla en un portátil y empezó a proyectar una presentación sobre la pantalla en la pared.

Se proyectó una imagen de unos frisos egipcios. -En el mito de Isis y Osiris – continuó Gebara – Osiris es un gobernante justo que reina sobre Egipto con su esposa, Isis. Pero su malvado hermano Set, representante del nacionalismo del Alto Egipto y el centralismo y el universalismo, lo mata y lo corta en trozos que desperdiga por todo Egipto. Isis recorre todo Egipto recogiendo los pedazos de su esposo, salvo su falo, que había sido devorado por los peces del río. Entonces Isis reconstruye el falo usando magia y copula con su esposo bajo la forma de un halcón, devolviéndole la vida y concibiendo a su hijo Horus, que venga a su padre y se convierte en el nuevo gobernante de Egipto.

Anya miró a Lankide y los dos consultores. Su cara era un poema. Pero Gebara no había hecho más que empezar, y se iba emocionando cada vez más. – ¿Qué quiere decir este mito? ¿Cómo hemos de interpretarlo? Osiris es el antiguo mundo de la centralización y la escasez, que es destrozado por sus propias fuerzas – por Set, su lado oscuro, que lo desmembra y esparce los pedazos de su cuerpo por todo Egipto. ¿No tenemos aquí un ejemplo clarísimo de la descomposición? ¿La descomposición literal? Luego Isis recompone el cuerpo despedazado, con la salvedad del falo que se comieron los peces – es decir, el sistema ha perdido su capacidad generativa, ya no puede producir, así que hay que crear otro modo de producción. Y por eso Plutarco dice que Isis crea un nuevo falo mediante la magia, a partir de la nada, a partir de su amor lírico por Osiris frente a la épica de la destrucción y el odio de Set. Y este nuevo falo ya no crea escasez sino abundancia: por eso Isis puede copular con su esposo muerto e insuflarle la vida y concebir a su hijo. El pene mágico de un muerto vuelve a darle la vida al mundo.

Las caras de Lankide, Aguirre, y González eran ya indescriptibles. Gebara pareció darse cuenta: – ¿Qué buscaban aquellos creyentes en el mito de Osiris con sus símbolos, sus ceremonias, sus banquetes y su mito de abundancia? Pura y simplemente empoderar a sus comunidades reales, darles un modelo simbólico desde el que construir el relato de una vida interesante en un entorno en descomposición. Lo fascinante es constatar hasta qué punto los pasos y escenas del relato mítico reproducen las ideas del paso de la economía de la escasez a la lógica de la abundancia.

Hubo un silencio durante unos instantes. Entonces Aguirre repitió: – Vale. Por favor, ¿podríais explicar vuestros proyectos de una vez?

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5 pensamientos en “El arte de jugar a las damas – 11

    1. carlos not jesus

      bravo!!! jashondo!! Antes me llamé Carlos Jesus, pero luego me puse el not para darle altura al cuento y ahora me llamo Carlos Not Jesus. Si alguna vez te engaño, no sere yo, osea, que sera Micael, que nomás giro la cabeza ya anda rompiendo huevos. Es que Micael no se desprende de su nacionalismo, y va robando a los hermanos obreros que intentamos hacer la revolucion kitsch glamour desde el baserri.

      Gracias por comentar bro!!

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  1. Jashondo

    Disculpe don Tartesosugarte. Es que uno es un pelín cerril y no chamulla tartesioj. A partir de ahora escribiré Gebara. Palabrita del niño Horus.

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