El arte de jugar a las damas – 12

Von Storgen hizo amago de levantarse, pero Gebara le indicó que se sentara con gesto impaciente. – Sí. En primer lugar, me gustaría hablaros de nuestro proyecto para cambiar el modelo de negocio de la psicoterapia, dirigido por el doctor Adolfo von Storgen, aquí presente. – Y asintió en fingida deferencia hacia von Storgen, que se había quedado con la palabra en la boca cuando se estaba levantando. – Adolfo lleva años dedicándose a la terapia estándar, pero queremos pasar a una compañía de producto, aprovechando las economías de escala y el efecto red.

Hizo una indicación de João, que se lió y proyectó una imagen de la Mascota tendida desnuda en una playa de Córcega. – ¡No, no, ésa no! ¡Coño, João! – masculló Gebara al pobre brasileño, que retiró la foto a toda prisa y, tras unos minutos de nerviosismo, consiguió proyectar una imagen de Emma Thompson con gafas de culo de vaso.

Nuestro primer producto en esta serie será Trelawney, un software de “mindfulness” – un software que ayuda a centrar la atención, basado en el concepto budista utilizado en la meditación. La idea es que se use para los trastornos obsesivos compulsivos, y para reducir problemas como la ansiedad, la depresión, y el estrés. ¿Por qué “Trelawney”, os preguntaréis? Bueno, es que, a imitación de Debian, los nombres de desarrollo de nuestros programas psicológicos los vamos a tomar del universo ficcional de Harry Potter. Ya sabéis lo que dicen… draco dormiens Nunquam Titillandus – Y se rió. (De nuevo, creyó Anya, una risa fingida, porque estaba completamente segura de que Gebara no había leído los libros de Rowling ni visto las películas en su vida).

– Perdón – interrumpió Jasone González, que llevaba un rato con una cara de culo considerable. – Dos cuestiones. Primero,  ¿pretendéis suplir la psicoterapia por programas de ordenador? ¿Estáis reinventando ELIZA o qué? ¿Y encima de mindfulness? – Pareció pronunciar esta última palabra como si estuviera comiendo gusanos.

Von Storgen trató de intervenir de nuevo, y de nuevo Gebara le hizo callar. – La idea central es el life hacking o mind hacking – hackear la mente. Igual que podemos hackear nuestro ordenador o nuestra economía o nuestra rutina, queremos empoderar a la gente para lograr su propia salud mental de forma distribuida, sin depender de instituciones centralizadas de conocimiento, como los “profesionales acreditados”.

– Ya – dijo González, que apenas conseguía ocultar su desprecio. – Y ¿cuál es la diferencia entre esto y el New Age y la autoayuda?

– Bueno – contestó Gebara con su voz de “deja que te lo explique yo, tontita” (Anya estaba convencida de que la salía automáticamente frente a cualquier mujer, como un acto reflejo). – Es que en realidad la idea de la autoayuda está contaminada por las connotaciones negativas que le quieren endosar las instituciones y corporaciones centralizados y monopolísticas, que quieren manejarlo todo desde un capitalismo de amigotes que afecta a todos los ámbitos, no sólo el financiero…

– Entiendo. ¿O sea que el “hágalo usted mismo” vale en todos los aspectos? ¿También estaría dispuesto a operarse una apendicitis usted mismo, con instrumental fabricado en su propia impresora 3-D en casa?

– Está tergiversando lo que digo deliberadamente – dijo Gebara frunciendo el ceño, descolocado por el trato de usted. – Claro que no me operaría a mí mismo. Pero ¿por qué no crear una cooperativa médica local que evite los gastos brutales de los sistemas sanitarios “nacionales”? ¿Por qué no fabricar nuestro propio instrumental y no depender de las grandes corporaciones?

– Vale. Ustedes se montan su propia institución médica y/o de salud mental y se fabrican sus propios instrumentos médicos. Pero es que la práctica médica requiere un grado de conocimiento y de saber hacer extremadamente sofisticado e intenso que no se crea de la noche a la mañana, y que requiere unos medios considerables, una historia, un recorrido. Y además, ¿quién va a garantizar los estándares?

– Con el efecto red y el conocimiento libre distribuido, cualquiera podría aprender a ser neurocirujano desde su portátil. ¡Imaginadlo! Bueno, sí, habría que hacer alguna práctica, pero siempre se pueden organizar a nivel local, y se pueden hacer videoconferencias – y, de todos modos, el futuro van a ser los robots dirigidos a distancia, así que esto es bastante irrelevante. Y en cuanto a los estándares, hay que dejar de ser universalistas. ¿Quién es la Universidad Complutense para decirme a mí si soy médico o no? ¿Por qué una cuadrilla de amigotes apoltronados en sus chiringuitos subvencionados por el Estado centralista tiene la capacidad de darles el titulito sólo a quiénes ellos dicen? ¿Por qué no puede la Lankide Elkartea montarse su propia Facultad de Medicina? – Aquí Lankide pareció empalidecer ante la idea por un segundo. – Claramente, señorita González, usted no ha leído a Foucault.

González abrió la boca para replicar, pero cruzó la mirada con Aguirre y se calló. Con visible esfuerzo, y mascullando algo sobre el camelo de Foucault y los charlatanes.

– Creo que lo que Jasone también quería preguntar – dijo Aguirre – es ¿por qué Harry Potter?

– Bueno, creemos que es un buen modo de enganchar con la juventud, de hacerlo informal, divertido, no una cosa seria como “la terapia” de siempre…

González no pudo contenerse. – ¡Pero Trelawney es la pitonisa inútil y chiflada que sólo acierta una vez cada ocho años!

Gebara la miró con el desprecio,  pensó Anya, que reservaba a la gente que insistía en que les aclarara qué es lo que quería decir con algo. Algo anatema para alguien que usaba el lenguaje no como un instrumento para precisar y aclarar, sino esencialmente como un medio de seducción y una pantalla de humo para disimular la ridiculez o inexistencia de sus ideas.

– Bueno, pasemos al otro proyecto – dijo Aguirre. – ¿De qué va?

Aquí a Gebara se le iluminó el rostro. – Sí, Es el principal proyecto de Tartessos propiamente. Estamos trabajando en un software que refleje los valores de los piesenpolvorosa y el espíruto mercante de los tartesios. Se trata de un programa de software libre para escritorio en desarrollo por Tartessos que intenta articular redes sociales distribuidas en torno a los blogs sin caer en la cultura de la adhesión al modo de los libros de caras. Es la punta de lanza distribuida de la «contraofensiva» del software libre contra la recentralización de los libros de caras.

– ¿Libros de caras es Facebook?

– Sí.

– Pero sabes que Facebook ya no pinta mucho realmente ¿no?

– Bueno… el caso es que será desde el primer día multiplataforma y multidispositivo y 100% distribuido (osea generará un p2p puro). Utilizaremos para su programación Titanium. De hecho, incluso las limitaciones del programa en un primer momento acentúan la lógica empoderadora de los objetivos con los que se ha pensado.

Aguirre le miró de hito en hito. – Perdona, pero es que no tengo ni idea de qué estás hablando. ¿Puedes especificar un poco más?

– Es un software para hacer redes sociales sin necesidad de pasar por Facebook o semejantes – dijo la Mascota desde detrás, de repente. – La idea es tener en un mismo sitio todos los feeds de los blogs que sigues y otros elementos, como recomendaciones, convocatorias, y comentarios de usuarios en los que estás interesado. También se puede incluir Twitter.

– Ah, entiendo. Eso está mucho más claro – dijo Aguirre, y Gebara fulminó a la Mascota con la mirada. – De todos modos – preguntó – ¿no se había hablado hace tiempo de algo parecido? ¿Kaleidos, se llamaba?

– KALEIDOS NUNCA EXISTIÓ – gruñó Gebara con súbita furia. – Eso fueron sólo unos comentarios en algunos posts de gente que se apropió de ideas que realmente eran mías, o sea de Tartessos, y que luego nos robaron y… Bueno, en fin – trató de retomar el control. – Nuestra inspiración es el dios romano Mercurio…

– ¿Pero no era Osiris? – interrumpió González, pero Gebara fingió que no la había oído.

-… el dios romano Mercurio, mensajero de los dioses y el jefe de los viajeros. De hecho, la raíz etimológica de Mercurio es la misma que “mercancía”. Por eso hemos querido honrar a Mercurio con este software que va a revolucionar toda la estructura de las redes sociales existentes, y le hemos puesto el nombre de la serpiente de su caduceo.

Gebara hizo un gesto teatral hacia João, que, esta vez sí, acertó y proyectó la imagen de un báculo con una serpiente enrollada alrededor que era claramente el símbolo de la antigua ETA del que se había eliminado la hoja del hacha con un programa malito de edición. – Os presento nuestro buque insignia. ¡Os presento el HERPES!

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4 pensamientos en “El arte de jugar a las damas – 12

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