El arte de jugar a las damas – 15

Bajaron de la ¿biblioteca? para encontrarse un gran tumulto abajo: por lo visto, los primeros invitados en tomar el orujo estaban vomitando por todo el salón y sus acompañantes estaban pidiendo a gritos que llamaran a una ambulancia.

– ¿Pero cómo hicisteis esta mierda? – gritaba la esposa de Jorge Robles, que estaba prácticamente verde, vomitando detrás de un sofá.

– En alambiques que hicimos con los radiadores del sótano… ¡pero los desinfectamos a fondo! – se justificaba la Mascota, temerosa. – ¡João! ¡Esto es todo culpa tuya!

***

– Tenemos que irnos de aquí – sentenció Gebara aquella noche mientras presidía la cena. – Ante las exclamaciones de sorpresa de los tartesios, explicó: –  Aquí no nos entienden. Creí que Arrasate sería nuestra Libertonia, pero ¡qué equivocados estábamos!

– Pero, Ismael – aventuró Bel – recuerda cómo nos fuimos de Madrid.

– Sí – evocó Gebara, casi con nostalgia. – Huíamos de Madrid, donde las calles se adornan de carteles de saldo y tiendas cerradas, contagiadas de una nueva peste. Cadáveres de la crisis esperando el carro de un enterrador cansino y perezoso. En la agenda se deja sentir un familiar olor a jauría buscando revanchas fáciles. Entre los cascotes sigue, aburrido, el juego de las viejas aritméticas y equilibrios.

– Recuerda cómo eran las cosas allí – añadió la Mascota. – Las viejas matándose por el pan.

– Y las meadas en las calles. Y las basuras y las ratas. – dijo Bel. – Ismael, Madrid es prácticamente el mundo de Mad Max. ¿No puedes decir en serio que volvamos ahí? ¿Después de tanto esfuerzo?

– ¿Quién ha dicho que volveremos a Madrid? – respondió Gebara, y se levantó. – Pero ya es suficiente de momento. Tenemos otras cosas urgentes en que pensar. Los enemigos nos acosan, está claro. Lankide es como todos, un vendido al capitalismo de amigotes y el nacionalismo venenoso, y no entiende la esencia de la democracia económica y la fraternidad y el vivir arrebatado por el cambio. Y ya no podemos contar con la pasta de Euskalberri después de que esa víbora de Aguirre malmetiera. ¡Siempre es lo mismo! ¡Es como si no pudieran soportar nuestra cadena de éxitos continuos!

– Bueno, nuestros amigos de las pequeñas asociaciones y cooperativas independientes nos siguen apoyando… – aventuró João tímidamente.

– ¿Los independientes? – gruñó Gebara, torciendo el labio en un gesto desdeñoso. – ¿Y a quién coño le interesan los pequeños independientes? Vosotros los sudamericanos, siempre con vuestro pensamiento servil. Claro, tantos siglos de encomiendas y plantaciones… No, lo que Tartessos necesita es una posición de PODER. No hacernos amigüitos de esa panda de frikis patéticos abrazaárboles y feministoides. – Alzó la vista y miró a Anya y Juanjo. – Pero para eso necesitamos reforzar nuestras filas. Anya, Juanjo. Os anunciamos que vais a recibir el honor de pasar a formar parte de Tartessos. Muy pronto seréis tartesios de pleno derecho.

Las reacciones de los tartesios ante aquel súbito anuncio, notó Anya, fueron muy dispares. Bel tuvo una milirreacción de sorpresa, pero de inmediato la disimuló y pasó a fingir que por supuesto era una decisión conjunta y ya lo sabía y lo había hablado mucho con Gebara. La Mascota se enfurruñó de inmediato, su enfado y sensación de amenaza transparentes en su rostro. João – que se había pasado cinco años trabajando gratis antes de que lo reconocieran como tartesio – murmuró un “pero yo…” y luego calló, cariacontecido. Adriana siguió partiendo nueces y mirando fotos en su iPhone.

***

Por la noche, Anya se refugió en su habitación, donde cada noche corría el riesgo de electrocutarse con el interruptor, que llevaba meses fuera de su cajetín desde que João prometiera arreglarlo. Y de nuevo – como en aquella noche de hacía meses – oyó voces en la escalera.

Entrabrió la puerta. Esta vez eran Gebara y la Mascota. – Claro, es que yo no te importo – sonaba la voz de la Mascota. – Siempre es Bel, Bel, Bel, Bel. Bel la Basilissa, Bel la listísima, Bel la superguay. ¿Y yo? ¿Y yo qué?

– Tontita, tú eres muy importante. ¿Qué haríamos en la Editorial sin ti?

– Es cierto que es muy importante encargar a alguien que pase un documento Word a ePub – admitió la Mascota, ansiosa por dejarse convencer. – Si das con alguien que no sabe, te puede hundir toda la historia. Y en Vizcaya no hay tanta gente que sepa…

– ¡Claro! ¿Ves cómo te necesitamos, tontita?

La voz de la Mascota era la de una cría de seis años enfurruñada. – Pero es que le haces mucho caso a Anya… Es como si la tomaras más en serio que a mí sólo porque ha trabajado en empresas de verdad y yo fui becaria en la biblioteca de la Universidad de Alcobendas. ¿Por qué la vas a hacer tartesia?

– Tontita, es sólo por pura conveniencia. ¿Cómo puedes creer que me importa más que tú?

– Pero he visto cómo la miras… – Hubo unas voces confusas, y la Mascota protestó: – Claro, ahora me quieres follar porque Adriana ya no quiere dormir contigo. ¿Por qué sólo me follas cuando no tienes con quién? ¿Por qué siempre soy la rueda de repuesto?

Hubo más ruidos confusos, y pasos que descendían al salón. Anya salió de su cuarto y se acercó sigilosamente a la esquina de la escalera. Por el hueco, pudo ver cómo Gebara dirigía a la Mascota hacia dentro, hacia los sillones, y luego desaparecieron de su campo de visión.

Hubo más voces indistintas, y luego un ruido extraño, que hizo que Anya se quedara quieta, intentando reconocerlo. Cuando lo reconoció, se quedó completamente congelada. Era el ruido de muelles.

Permaneció paralizada unos instantes, sonrojándose involuntariamente. Luego se alzó de su postura en cuclillas y regresó a su cuarto lo más silenciosamente que pudo. Apenas había abierto la puerta con cuidado cuando oyó una especie de bramido lejano – Gebara – y los muelles dejaron de chirriar. Apenas habían pasado dos minutos.

Entró en su habitación y cerró, pensando que si no fuera tan obtusa y dispuesta a echarle siempre la culpa a otros, sentiría mucha, mucha pena por la Mascota.

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5 pensamientos en “El arte de jugar a las damas – 15

    1. carlos not jesus

      Bueno, creo que reprise para adelantar por fuera ya no tiene, pero para meter un gol con la mano de dios seguro que le alcanza de modo que de ese carné no sé cómo va. Y del otro (el de coches) al Gebara que conocemos ahora no le gusta mucho conducir (por no decir que es un cagueta que tiene fobia a conducir) ¿insinúas que no siempre fue así?

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  1. Indios Del Amazonas / Amazonian Indians / Amazionaj Indianus

    Esta web es una vergüenza: una web de mirones frustrados y reprimidos sexuales que desean encubiertamente a los tartesios!!

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Delibera, aunque sea banal

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