La recta final – 1

Unos días tras el abandono de los piesenpolvorosa, llegaron unos hombres de aspecto claramente militar al caserío.

– Ah, ése es Musculitos y su socio – dijo la Mascota al ser preguntada mientras se pintaba las uñas de amarillo fosforito. – No es más que un plasta que viene a dar la vara.

La historia – según consiguieron sacarle a la Mascota poco a poco – parecía ser que Gebara se había asociado con UCMundial, una empresa de seguridad que trabajaba principalmente en países de África occidental y en barcos, proporcionando protección contra piratas. – Pero la idea a largo plazo es que formen a nuestro ejército, claro.

– ¿Qué?

– Sí, claro. Cuando compremos una isla privada para poder independizarnos de esta mierda de entorno de verdad. Yo me ocuparé de ello, como cuando me ocupé de comprar la Casa del Rey – dijo, orgullosa.

– ¿La base de Cerdeña?

– Sí. Musculitos es un ex GEO, y nos ayudó en nuestros encuentros con la Anonima Sarda

Anya se preguntó si la Mascota estaba entrando en uno de los (frecuentes) raptos de fantasía automitologizante de los tartesios, pero se acercó a escuchar a hurtadillas la conversación entre los socios de UCMundial y Gebara.

– Necesitamos dinero, Ismael – decía el que llamaban Musculitos. – Ya sé que no podéis invertir más porque sois una cooperativa, pero habíamos quedado en que nos ayudaríais con la gestión y con el plan de negocio para levantar fondos…

Gebara chasqueó la lengua. – Mira, Manuel, nosotros no estamos aquí para ser las niñeras de nadie, ¿vale? Tenemos cosas mejores que hacer.

– ¡Pero habíamos llegado a un acuerdo! Y ya teníamos todo hablado con el Ministerio de Defensa. ¡Y a ti mismo te pareció interesante! Hasta le dijiste a aquél gestor externo que se pusiera el sueldo que quisiera…

Gebara estaba visiblemente irritado porque le recordaran cosas que había dicho y hecho. – Agua pasada, eso es agua pasada.

– Ismael, nos metimos en esto porque creímos que contábamos con vuestro apoyo, porque dijistéis que nos ayudaríais con la gestión. Y no sólo no habéis documentado correctamente las deudas, sino que no os habéis  molestado en continuar con nada, y básicamente nos habéis dejado con el culo al aire. ¡Que mi mujer está a punto de abandonarme, coño!

– Mira, Musc… Manuel, yo no tengo la culpa de que trates tan mal a tus mujeres y a tus amantes. Así que no me vengas llorando. ¡Hay que ser resilientes en esta vida!

El tono de Musculitos, que había rozado en la desesperación hasta entonces, tomó de repente un cariz amenazante. – Vale, conque ésas tenemos. Resilientes ¿eh? Te recuerdo, Ismael, que sabemos perfectamente quién tomó esas fotos de Marisol en la playa de Cerdeña, y no fue precisamente quién dijiste tú, montando el pollo. Y todavía mantenemos nuestros contactos sardos. Así que cuidadito, Ismael.

– ¿Me estáis amenazando?

– Por supuesto que te estamos amenazando. – Hubo un ruido de sillas corriéndose bruscamente, como cuando alguien se levanta de golpe. – No, no te preocupes, Ismael, No te vamos a pegar, no hace falta que te metas bajo la mesa. Pero te la tenemos guardada. Recuérdalo.

Sonaron pasos por el salón, y un portazo.

***

Gebara no parecía haber quedado demasiado transtornado por el encuentro con los de UCMundial, sino que incluso bromeó y se burló de ellos con Bel y la Mascota durante la comida, llamándole cobarde y blando, y refiriéndose a él como alguien claramente desechable.

Tras la comida, y aprovechando que Gebara parecía estar de buen humor, Anya se acercó a su despacho para ver si podía obtener más información (y además, nunca había visto el sanctasanctórum).

Llamó a la puerta. – Hola, Ismael, ¿puedo hablar contigo un momento?

– Hola, Anya. ¡Claro, pasa, pasa! Precisamente quería hablar contigo…

El despacho de Gebara era la mejor habitación de la casa: lo que antiguamente había sido el dormitorio principal, que ocupaba prácticamente todo un piso, y con un balcón con vistas al monte, desde el cual se divisaba también todo Bilbao y la ría serpenteando reluciente hacia el mar. Sin embargo, estaba escasamente amueblado: un gran escritorio de IKEA, cubierto de pantallas y cables, y un sofá largo, color grafito, pegado a la pared, con una mesa baja sobre la cual había otra pantalla de ordenador. – Ahí veo las series que me descargo – dijo Gebara al ver que Anya se fijaba en ella.

– ¿No sería más fácil tener un reproductor de DVD? ¿O una antena parabólica, incluso?

– Quita, quita. ¿Para qué quieren los tartesios ver la tele? ¿Para ver el telediario? ¿Para recibir contaminación informativa? Y evidentemente, no vamos a pagar dinero a las miserables corporaciones que viven del derecho de autor y esas mierdas. Y además, los DVD son caros.

Anya hizo amago de sentarse frente al escritorio, pero Gebara la llevó al sofá. – Eso es para desconocidos, y nosotros ya somos hermanos. O lo seremos pronto. Y de eso quería hablarte… – Se sentó junto a Anya, muy cerca. – Eres consciente del honor que os vamos a hacer ¿verdad?

Ante el horror de Anya, Gebara le tomó las manos.

– Anya, realmente os vamos a hacer tartesios por ti. Juanjo no es mal tío, pero, afrontémoslo, es un poco maricón. Pero tú… veo grandeza en ti. Veo grandes cosas. Veo — veo a una futura Basilissa.

Anya no supo qué decir. Gebara se arrimó más.

– Anya, tengo que ser franco contigo. Adoro a Bel – ella me ha ayudado desde el principio, y siempre será muy importante para mí. Pero es como si fuera mi hermana. Adriana es maja, pero no está a la altura, y sus contactos no son lo que esperábamos.

– ¿Y Marisol?

– ¿Marisol? – dijo Gebara como si se hubiera olvidado de ella. – Ah, Marisol. No, Marisol es útil para cosas como traer el periódico. Pero me he sentido muy solo. Ha habido tantas decepciones — tantos candidatos que nos traicionaron o que estaban demasiado contaminados por el centralismo y el nacionalismo, como los catalanes. Es imposible conseguir que un catalán se olvide de la butifarra y la sobrasada…

– ¿La sobrasada no es de Mallorca?

Gebara la miró con clara irritación, y Anya se recordó a sí misma que no debía interrumpirle o corregirle nunca.

– Bueno, el caso es que tú eres distinta. Lo sé. – Le puso la mano en la rodilla.

A toda prisa, Anya se puso a buscar algo para cambiar de conversación. – Sí, erm… ¿Así que aquí es donde trabajas, Ismael?

– Y duermo muchas noches. Este sofá se abre y se convierte en una cama – sonrió Gebara sugerentemente.

– ¡Ah! ¡Qué cosas! Erm… Sí, Juanjo y yo estamos encantados de estar aquí, claro, y… anda. ¿También lees árabe? – señaló unos libros en una mesita en una esquina.

Gebara, complacido de su pregunta, sonrió y se levantó a por ellos. – Bueno, soy prácticamente bilingüe, porque como sabes soy del norte de África-  Anya contuvo el impulso de decir que pensaba que la versión oficial era que había nacido en aguas internacionales. – También soy bilingüe en esperanto, portugués, latoc, indianus, catalán, y prácticamente en euskera, por supuesto, aunque no los use mucho. Pero estaba refrescando un poco mi árabe, sí.

Anya miró la portada de los libros. “Árabe para niños”. “El alifato para dummies”. “La lam con la alif: Allah Akbar”.

– ¿Y eso?

– Bueno, la estrategia de Tartessos… – Gebara se calló unos instantes, como dudando si seguir. – Qué demonios, vas a ser la Basilissa, te lo puedo decir. Los próximos planes de Tartessos tienen que ver con las taifas. Así que tendréis que poneros todos a aprender árabe.

– ¿Las taifas?

– Sí. Creo que se pueden establecer unas sinergias entre la República de Arrasate y la taifa de Al Daniyya – lo que antes se llamaba Denia – de las que podríamos sacar mucho provecho y forrarnos.

– ¿Conexiones entre los vascos y los musulmanes? – rió Anya, nerviosa. – ¿Como Íñigo Arista?

Gebara calló, se quedó muy serio de repente, y la miró con súbito respeto e intensidad, como si hubiera quedado muy, muy impresionado. – Precisamente, Anya – dijo, y en ese momento entró la Mascota para pedirle una goma de borrar a Gebara – claramente para interrumpir y mirando a Anya con celos feroces – y la conversación terminó.

Anya salió del despacho, aliviada y desconcertada. ¿Qué he dicho?

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12 pensamientos en “La recta final – 1

  1. Jashondo

    ¡Madre mía! ¡Un ejército privado! Para mí que el Gebara sueña con ser papa y montarse su propio Palmar de Troya…

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  2. Jashondo

    Por cierto, ¿nadie ha osado comentarle a Gebara/DdU que el tartesioj/indianoj existe desde hace varios cientos de años? Se llama latín macarrónico.

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      1. Jashondo

        Hombre, osar, oso. Lo de sofgüer mental me lo apunto. Pero puestos a escoger entre empanadas, prefiero la de chorizo… esto… no, la de pulpo… tampoco (no sé por qué pero esos ingredientes me recuerdan a Gebara).

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      2. inofensivo

        Los brutos que se empeñan en hacer metáforas para comparar al hombre con la máquina son los que luego comparan la homosexualidad de Turing con una máquina de vapor a elevada presión y deciden darle hormonas femeninas (para bajar la presión de la máquina de vapor) hasta que le salen mamillas y luego se suicida.

        Nota mental: cada vez que alguien te haga una metáfora hombre-máquina (como la lengua es un software mental), tener muy claro que se tiene delante a un vendedor de humo o a un cretino o ambas cosas a la vez. En cualquier caso, alguien peligroso para la integridad de tu economía o de tu salud o ambas a la vez.

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  3. Jashondo

    La sobrasada, mallorquina. En Cataluña se estila más el fuet, la butifarra, el fiambre de lengua o hígado… Pero la sobrasada, mallorquina. (Por cierto, cualquier ama de casa se curra más los platos. Qué obsesión la de estos chicos con solemnizarlo todo. Seguro que tendrán una fanfarria para cada vez que van al baño…)

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  4. david not ugarte Autor de la entrada

    Da igual: los mallorquines, valencianos, aragoneses, murcianos, albaceteños, almerienses, pacenses – todos catalanes en realidad, porque Jaume el Conqueridor folló mucho por todas partes (de ahí lo de Conqueridor).

    Y por supuesto que celebramos el Gran Flujo y el Pequeño Flujo de Osiris para aguas mayores y menores respectivamente cada vez que vamos al baño. Nos dais mucha pena los pobres desgraciados que no le dais sentido a vuestra existencia: nosotros hacemos una vida interesante y unas heces interesantes.

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  5. Amazoniaj Indianus

    Esta nueva difamación es producto de Scholar, que no le perdona la vida a Gebara por ser mucho más inteligente que él. Un día veremos como ante su impotencia para pretender difamar en esta web de mierda lo saca en su periódico de mierda y ahí le esperamos.

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