La recta final – 4

Las cosas se precipitaron los siguientes días. De repente, Gebara les hizo bajar a Bilbao en una expedición para comprar ropa islámica en el barrio de San Francisco – chilabas y babuchas para los hombres, abayas y hijabs para ellas. Por lo visto, Gebara iba a dar una presentación importantísima en la cumbre Nueva Al-Ándalus en Al Daniyyah, y necesitaba que todos los tartesios le respaldaran con su presencia.

La cumbre iba financiada por Arabia Saudita, así que los tartesios pudieron disfrutar de un vuelo en business class – “como nos corresponde”, afirmó Gebara, satisfecho. Aunque en Al Daniyyah no se había implantado la sharia oficialmente como en otras taifas más conservadoras, la tendencia social prevalente iba en esa dirección, y dado quiénes eran los espónsores de la cumbre, era preferible que las chicas fueran completamente cubiertas y en una posición muy secundaria, preferiblemente siempre caminando unos pasos por detrás de los hombres.

Dos coches les fueron a recibir al aeropuerto – uno para los hombres y otro para las mujeres – que les trasladaron directamente al Palacio de Congresos. – Esto es estupendo, esto es estupendo – iba repitiendo Gebara, que no cabía en sí de gozo en su chilaba blanca, dando brinquitos, mientras pasaban bajo las dos cimitarras gigantes cruzadas a modo de arco que daban acceso al recinto. – Aquí sí que nos tratan con respeto. Aquí sí que nos toman en serio, chicos. Esto es el futuro.

La cumbre era una reunión de los principales dirigentes y figuras representativas en las taifas de la Península y sus homólogos en países islámicos interesados en entablar relaciones comerciales y de otros tipos. De algún modo, Gebara había convencido que le invitaran para dar una presentación ante los representantes – ninguno de los tartesios conocía el tema.

Accedieron a la gran sala del Palacio de Congresos, que estaba llena hasta los topes. Sentaron a los tartesios en unos asientos reservados – chicos a un lado, chicas al otro – y Gebara se despidió de ellos emocionado y saludando con la mano, con una sonrisa de oreja a oreja.

Las luces se hicieron más tenues, y se anunció la presentación de Gebara en castellano y árabe: aunque su nombre se pronunció como Ishma’il al-Qabr. (¿Han dicho “Ismael el Cabra”?  pensó Anya).

Gebara subió al escenario, resplandeciente en su chilaba blanca, y comenzó con unas frases en árabe, que tradujo seguidamente: – As-salam aleikum. En el nombre de Alá, el Compasivo, el Misericordioso. Hermanos, como ceutí nativo y orgulloso descendiente de moriscos, vengo a hablaros de nuestro proyecto para recuperar lo que era nuestro y nunca dejó de serlo.

Hizo un gesto y se proyectó una imagen de la Península sobre la pantalla de fondo. – Ésta era Al-Ándalus en el año mil: el Califato de Córdoba en su momento de mayor esplendor en el apogeo de Almanzor, justo antes de su división en taifas. – Hubo un murmullo en la sala, no estaba muy claro si de admiración o de preocupación. – Hermanos, os traigo un modo de regresar a esta Edad Dorada. El mundo ha cambiado, pero todos sabemos que cualquier tierra que ha sido musulmana debe volver a serlo – debemos restablecer las fronteras de Dar al-Islam. Debemos hacer yihad.  – El murmullo persistió. – Pero no estoy hablando de una yihad sangrienta. Hoy la guerra se hace de otros modos, empezando por los financieros. No: hoy quiero hablaros de una alianza.

La imagen de la pantalla se convertió en un mapa de la República de Arrasate y la Región Foral de Navarra. – Lo que antiguamente se conocía como las Vascongadas, actualmente uno de los principales centros económicos de la Península. Y uno de los principales actores en este centro económico son las cooperativas – principalmente la Lankide Elkartea. Pero fijaos bien ¿qué es una cooperativa? Es una organización social donde la vida económica, la vida profesional, la vida social, la vida comunitaria, la vida personal, y, me atrevería a decir la vida espiritual son todas indistinguibles. Todos sus miembros son iguales, son hermanos, y se apoyan mutuamente ante los no-miembros. – La imagen cambió, y la imagen de una de las fábricas de Lankide fue mutando lentamente hasta convertirse en la imagen de un minarete rematado por la media luna islámica. – ¿Acaso  no es ésta la definición de la Umma? La Umma se caracteriza porque no hay distinción entre Estado, comunidad, y religión. ¿Acaso no es este el objetivo ideal de cualquier cooperativa, de cualquier filé: la relación perfecta, sin fisuras, de hermandad e igualdad entre todos sus miembros?

La imagen en la pantalla desapareció y se proyectó la imagen de una de las estatuas de la Plaza de Oriente en Madrid. – Éste es Íñigo Arista – Eneko Aritza, Eneko del Roble, en euskera, el primer rey de Pamplona. Era medio hermano de Musa ibn Musa, el gobernador de la Marca Superior de Al-Ándalus, de los Banu Qasi – los descendientes del conde Casio, un conde visigodo que se convirtió al Islam. Los Banu Qasi mantuvieron un dominio hegemónico sobre la Marca Superior durante siglos, en estrecha cooperación con los cristianos de Pamplona – los vascones – bajo la supervisión del vascón Íñigo Arista, cuya madre se casó con un musulmán y que casó a su propia hija con su medio hermano, Musa ibn Musa. En aquella época, las relaciones y matrimonios entre vascones y musulmanes eran habituales y provechosas para ambas partes. Y existen fuertes afinidades entre la cultura vasca y la musulmana. ¡Hasta las lenguas están emparentadas!

(¿El árabe y el euskera? ¿En serio? pensó Anya).

La pantalla mostró ahora una imagen de la Basílica de Begoña, coronada por la media luna. – Así que esta es nuestra aspiración: volver a guiar a Euskal Herria y a las taifas a la unidad fraternal que nunca se debió romper bajo la Umma cooperativista y espiritual – volviendo al trabajo, al decoro, a la modestia, a las buenas costumbres. Acabando con la decadencia de la descomposición occidental y la superficialidad de la cultura de la adhesión y la falta de valores de la juventud. – La imagen se convirtió ahora en la del gallifante tartesio. – Soy Ishma’il al-Qabr. Mi familia recibió su nombre del temible Castigo de la Tumba, porque mis antepasados eran guerreros ante cuyo paso sus enemigos temblaban como ante la tumba. Mi filé, mi tribu, es Tartessos, cuyo gallifante totémico está emparentado con los leones de la Alhambra. Nuestra doctrina es la de Lawrence de Arabia, atacando en guerrilla, sin permanecer mucho tiempo en el mismo sitio, dándole al enemigo donde más le duele – una forma de guerra que aprendimos de los nómadas bedu. Soñamos con un mundo posible de fraternidad tribal y comunidad actual. Soñamos con acabar con la descomposición a través de nuestra parresía, nuestro decir Franco, y la fuerza de nuestra hermandad. Y yo… – dijo súbitamente poético, puro Alec Guinness como el jeque Faisal – yo sueño con los jardines perdidos de Córdoba.

Su voz se alzó entonces en una arenga, inspiradora, visionaria, mesiánica. – Como Íñigo Arista, Eneko Aritza, me presento ante vosotros, hermanos, para llevar Dar al-Islam a las tierras que nunca debieron dejar de serlo. ¡Como un puente entre el Islam y los vascones, lideraré la batalla, someteremos a los infieles a la dhimmah, y llevaremos la Umma de los creyentes de nuevo a su época dorada!

La multitud, arrastrada por la oratoria de Gebara, se había levantado de sus asientos para aclamarle, con lágrimas en los ojos. Y ciertamente Gebara parecía en su elemento, con un control supremo en todo momento sobre las emociones colectivas que recorrían su audiencia. Recibió los aplausos con la cabeza levemente agachada, en falsa modestia, y al cabo alzó las manos, solicitando que le dejaran hablar. – Y, como Íñigo Arista antes que yo, quiero sellar nuestra alianza mediante unas de las personas que más quiero en el mundo – alguien que es como una hermana para mí. Puedo confirmar que el príncipe Al-Waleed bin Talal bin Abdul Aziz Al-Saud, uno de nuestros principales aliados, ha aceptado tomar a nuestra hermana tartesia, Marisol Gómez, como una de sus esposas.

Hubo un nuevo rugido, y la muchedumbre rompió a aplaudir de nuevo. Anya se giró a mirar a la Mascota, que estaba hundiendo los dedos en los brazos de la butaca, tan pálida en su abaya negro que parecía que se le hubiera ido la sangre del cuerpo de repente.

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4 pensamientos en “La recta final – 4

  1. phylenova

    ¿Gebara islamista y al servicio de Arabia Saudita? ¡Claro! Todo encaja ahora. Iba diciendo por ahí que combatió en Bosnia y Kosovo. Así que tuvo que ser un agente mercenario al servicio de Arabia Saudita.

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    1. Jashondo

      ¿Combatir? ¿Ese tío? ¡Pero si es capaz de vender a cualquiera! Ese antes ofrece la rendición incondicional de sus compañeros antes que pegar un tiro.

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      1. Jashondo

        (Ah, y como la persona real en la que se inspira la tal Marisol sea así y le hayan hecho pasar por la mitad de lo que se cuenta por aquí… Pobrecica…)

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      2. david not ugarte Autor de la entrada

        ¡Ésa es una táctica de guerrilla completamente legítima! Se llama “echar la morralla a los lobos”. (Huy no, los lobos no. Las hienas del nacionalismo centralista de amigotes).

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