La recta final – 5

NOTA IMPORTANTE: Éste es el capítulo final de la versión “light” de nuestra novela. Sin embargo, el lunes publicaremos el Corte del Director bajo la forma de un documento descargable, que incluirá el capítulo verdaderamente final, “Vendetta”. Además, ofreceremos algunos extras que no hallaron hueco en el relato.

Tras el exitazo en la cumbre de Nueva Al-Ándalus, los tartesios regresaron a Bilbao con una cantidad no cuantificada pero ingente en la cuenta de Tartessos (controlada por Gebara) y con un miembro menos (ya que Marisol había sido llevada a toda prisa al harén del príncipe Al-Waleed, sin consultar con ella).

Gebara, henchido de confianza y con un aura mesiánica ya permanente, se embarcó en una serie de ambiciosas operaciones: empezó a comprar terrenos desolados en los Monegros con la idea de montar una serie de ecoestaciones cooperativas autosuficientes/madrasas donde combinar la agricultura orgánica con la educación coránica-euskaldún. Pronto empezó a referirse a estas propiedades como “el waliato de Tartessos” (aunque en ocasiones se le escapaba “el waliato de al-Qabr”), y a hablar de crear una universidad cooperativo-islámica y de crear un ejército para su defensa ante la obvia reacción hostil que el nuevo edén recibiría por parte de sus vecinos nacionalistas centralistas de amigotes. De hecho, puso un anuncio en Infojobs solicitando reclutas en plan Shackleton.

Empezó a venderle estos proyectos a Lankide, reduciendo el peso de su componente islámico y enfatizando sus aspectos euskaldunes, cooperativistas, y de comunión con la Ama Lur. (Además, se había montado toda una historia sobre las supuestas estrechas semejanzas entre la esencia del alma vasca y el alma árabe frente a las tropelías de la civilización occidental indoeuropea, que tendía inevitablemente al capitalismo de amigotes, la centralización, y la acumulación de rentas). Lankide, semiseducido de nuevo e impresionado por el respaldo de los árabes, aceptó tomar parte en el proyecto, y envió a toda una legión de andereños euskaldunizantes a los Monegros (que, curiosamente, aceptaron encantadas la imposición de llevar abaya e hijab, afirmando que era la ropa perfecta para feministas abertzales porque las liberaba de la mirada masculina y la tiranía de la imagen corporal y la sexualización impuesta por el patriarcado).

Las compras se volvieron cada vez mayores: cansado de tantos años de ALSA y vuelos de RyanAir, Gebara decidió que necesitaba comprar un avión privado para sus viajes a la Penísula Arábiga, a las taifas, y, por supuesto, a la Casa del Rey, que se rebautizaría como la Dar al Malek. (“¡Será el centro de nuestro comercio en el Mediterráneo! ¡Nuevas rutas transnacionales! ¡Seremos los nuevos berberiscos!” decía entusiasta, sin que Anya y Juanjo tuvieran muy claro si era consciente de que los berberiscos habían sido piratas).

En el caserío, el tartesioj quedó completamente olvidado, y fue sustituido por clases intensivas de árabe (de las que Gebara estaba exento, ya que afirmaba que había aprendido aquel idioma por ósmosis durante su infancia en Ceuta). Además, la indumentaria que habían llevado a la cumbre de Al-Daniyyah se hizo oficial permanentemente, lo cual dificultó bastante las salidas a Bilbao y al pueblo más cercano, donde se reían bastante cuando veían a Gebara acercarse a comprar el pan con chilaba y txapela. Cuando Anya trató de argumentar en una ocasión que el hijab y la abaya eran ropas restrictivas para las mujeres y una muestra de sumisión hacia los hombres, Gebara tuvo una explosión de furia y le gritó que estaba siendo una universalista miserable, que los derechos humanos eran universalistas y una imposición del centralismo indoeuropeísta, que si se creía que el ser mujer era una condición innata, que la sharia era una cumbre del pensamiento cooperativista y descentralizado, y que qué clase de egoísta era que no era capaz de sacrificarse y aguantar una ligera incomodidad por el bien de la comunidad. (- Y además – masculló al volverse, creyendo que Anya ya no le estaba escuchando – os va bien estar un poco bajo control. Que luego os volvéis todas unas ninfómanas).

Pronto empezó también a firmar sus posts en la Posta de tartessos como el walí Ishma’il al-Qabr. (Aunque Juanjo le oyó decir, tras publicar uno: – Walí de momento. Califa en el futuro.) Y cambió la orientación del pendón tartesio en dirección a la Meca, haciendo que los tartesios se prostraran ante él cinco veces al día. Incluso se llegó a subir a la azotea del baserri a imitar la llamada del muecín: “¡El P2P es grande! ¡El P2P es grande! ¡El P2P es grande! ¡No hay más P2P que Tartessos y al-Qabr su profeta!”

***

Sin embargo, una mañana, al abrir la puerta para barrer – pues las mujeres habían pasado a desempeñar tareas más bien auxiliares – Anya se encontró con un paquete en el umbral. Lo abrió y retorció el gesto de asco: eran unos pescados podridos envueltos en papel de periódico.

– ¿Y esto? – Le enseñó el paquete a Gebara, que lo miró y se quedó inmediatamente pálido como una sábana.

João apareció en ese momento, temblando. – Ismael, creo que tienes que ver esto…

Gebara siguió a João hasta los ordenadores, donde la pantalla mostraba un post de la Tartessos Watch. – CABRONES HIJOS DE PUTA. ME LA PAGARÁN. VAYA SI ME LAS PAGARÁN.

Anya y Juanjo se acercaron a mirar. Los de la Tartessos Watch habían publicado todo el historial de Gebara: incluyendo sus relaciones con Casa Sefarad y la Embajada de Israel; el modo en que habían tratado de chantajear a la Anonima Sarda utilizando el desnudo de la Mascota cuando estaban en Cerdeña para obtener un precio más barato por la Casa del Rey; su reseña elogiosa sobre el libro anti-Islam de Oriana Fallaci; su pasado como liberal españolista escribiendo para el periódico de Federico Jiménez Losantos y su apoyo al antiguo PP; y todo su pasado que había intentado borrar sistemáticamente.

Pero, más grave, había publicado la información sobre las cuentas personales de Gebara, y cómo estaba cometiendo desfalco con el dinero tanto de Lankide como de los árabes.

– ¡¡¡¡¡¡¡¡¡LADRONEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEES!!!!!! – Gebara se arrojó al suelo y empezó a patalear y morder la pata de la mesa, echando espumarajos por la boca.

Estaban todos los tartesios contemplando la escena, congelado, sin saber cómo reaccionar ante lo que parecía un ataque grave de epilepsia cuando la puerta de entrada se abrió de nuevo y apareció una figura cubierta de negro de arriba abajo, con el rostro tapado por un niqab. Se arrancó la capucha y vieron que era la Mascota, roja y resoplando.

– ¡Me he escapado y he venido corriendo desde el Hotel Carlton! – exclamó. – ¡Por favor, Ismael, no hagas volver! Haré lo que sea. Puedes follarte a quien sea. Haré todos los trabajos domésticos. Dormiré a los pies de tu cama. Dormiré en la caseta del perro. ¡Pero por favor, no me apartes de tu lado! – Y se postró de rodillas y rompió a sollozar.

La entrada de la Mascota pareció tranquilizar un poco a Gebara. – Bueno – dijo Gebara, súbitamente recompuesto y magnánimo. – Para que no se diga que no soy generoso, puedes volver. Pero tendrás que ser buena ¿eh? Y ha habido un cambio de planes. Aquí no nos quieren, bros. Y los árabes no nos entienden realmente tampoco. ¿Qué se puede esperar de una gente que ha salido del desierto y que habla un lenguaracho? Chicos, esto es lo mejor que nos podía haber pasado.

***

La desvencijada furgoneta avanzaba por los desolados caminos de la meseta en dirección a la República de Cataluña. – Pronto cruzaremos el Ebro – dijo Gebara desde el asiento de atrás. – Es una ocasión histórica, chicos.

Anya, que iba en  asiento del copiloto junto a Juanjo, que conducía, se volvió a ver la escena. Gebara iba en el medio, flanqueado por Bel y la Mascota. João iba atrás del todo, en el espacio del perro. Bel había sacado de su mochila una imagen de Wifredo el Velloso que iba sosteniendo con devoción. – Guifré el Pilós, en honor al lugar donde todo empezó – digan lo que digan los palurdos del parque temático sobre ese fascista centralista de Pelayo – y a la curación étnica que va a suponer que los tartesios recuperen la marca de Cataluña de las zarpas de los avaros burgueses afrancesados que la controlan ahora. Bon cop de falç! Bon cop de falç!

La Mascota sacó un instrumento de su propia mochila y empezó a soplar mientras Gebara hablaba, intentando sacar unas notas épicas de fondo. – ¡Hermanos, acompañados de  nuestra ocarina mística de Osiris, fabricado en nuestra propia impresora 3D de fabbing, entonemos el himno marcial de nuestro avance inexorable hacia la libertad, fraternidad, y cooperativismo descentralizado!

La Mascota hizo un giro trompetero con la ocarina, y Anya vio claramente lo que ponía en su base: MADE IN VIETNAM.

Entonces los tartesios empezaron a cantar a coro: – Baixant de la font del gat, una noia, una noia, baixant de la font del gat, una noia i un soldat…

Y el Sol despidió con sus últimos reflejos rojizos su glorioso camino mientras descendían a cruzar el Ebro, hacia nuevos futuros y nuevos incautos.

.

 

Anuncios

3 pensamientos en “La recta final – 5

  1. Jashondo

    ¡Bueno…! ¡Con la de torraos que hay en Cataluña viviendo del presupuesto…! La que tendrá que inventarse el Gebara (ahora será Gisbert o algo así) para que le hagan un hueco…

    Me gusta

    Responder
  2. Scholar

    Siempre hay espacio en la mente de Gebara para borrar eso de que “todos los catalanes son ladrones”. Es una metodología de trabajo. Ay, al final como un nacionalista ezpañó.

    Me gusta

    Responder

Delibera, aunque sea banal

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s