El asesino de Nochebuena (1)

Gracias a la excelencia de nuestro servicio de inteligencia, les presentamos el primer capítulo de la novela de Marisol, “El asesino de Nochebuena”, que está siendo actualmente publicado por los tartesios, pero que le está siendo negada al resto del universo. Disfruten.

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Era una noche oscura y lluviosa.

O más bien, era una noche infernal. Porque era la Nochebuena en nuestro kibbutz glam bilbaino, e Ismael estaba en plena furia antinavideña. Bel, Adriana y yo habíamos decorado el arbolito navideño de los chinos con estrellas de David con toda nuestra ilusión, pero no había manera. Ismael había insistido en que no podía quedarse solo en una noche tan horrible, así que habíamos renunciado a visitar a nuestras familias, pero tampoco podíamos celebrar la Navidad al modo habitual. En vez de ello, Ismael había decidido celebrar el Solsticio Tartesio con un buffet de sandwiches de Rodilla (tirando la casa por la ventana) y anchoas de bote (pero de las buenas, en aceite de oliva, no como las habituales de aceite de girasol).

– ¿Sabéis cuáles son las estadísticas? – no dejaba de repetir.  – En una de cada veinte familias que pasan juntas la Navidad, alguien acabará clavándole un cuchillo a un pariente. Son cifras objetivas.

– Ismael – trataba de contenerle Adriana – porque tú odiaras a tus padres no significa que todas las familias sean disfuncionales.

– ¿Cómo? TODAS las familias son disfuncionales.

– Tu madre te intentaba estrangular cada dos por tres, Ismael.

– Todas las madres estrangulan a sus hijos de un modo u otro. Es la extensión natural de las comunidades imaginadas.

Adriana apeló a Bel: – Bel, dile tú algo, que a mí no me hace caso…

Bel se acercó a Gebara y le cogió las manos entre las suyas. – Chiquipún, Addiana tiene dazón. Hay familiaz que no zon dizfunzionalez… mida la mía.

– La tuya es excepcional, Bel, y de todos modos tampoco me cuentes milongas sobre lo idílica que es la vida en Mieres, porque todo el mundo sabe que los de la Cuenca del Parque Temático son como los hobbits. Pero la norma es asesinar en Nochebuena con el trinchador a tu cuñado el pesado que no soportas y que lleva toda la noche contándote las maravillas de su nuevo Prius…

Suspiré. Bel había cometido el error hacía unos días de sugerir que tal vez sería una buena idea comprar un coche – ¿un híbrido, tal vez? – para nuestros desplazamientos, e Ismael llevaba mofándose de la propuesta desde entonces. Por supuesto, todas estábamos ya avergonzadas de que se nos hubiera siquiera pasado por la cabeza algo tan burgués y despilfarrador y chusqui, y merecíamos las burlas de Ismael.

En aquel momento llamaron a la puerta. João había conseguido escaquearse con el cuento de que su mujer tenía que viajar a Maracaibo porque su madre estaba enferma y tal vez fueran sus últimas Navidades, así que me tocó abrir a mí. (Tampoco es que la ausencia de João se notara mucho, porque después de todo realmente no es un tartesio del demos demos. Digamos que es tartesio por asociación. Y porque nos da pena).

Miré por la mirilla y me quedé helada. – Es la ertzaintza – siseé.

De inmediato se hizo un silencio sepulcral, y nos miramos, espantados. ¡La ertzaintza nacionalista y opresora a nuestra puerta! (Por supuesto, esto era algo que decíamos de puertas adentro. De puertas afuera no nos quedaba otra que decir que el nacionalismo vasco era una excepción a los nacionalistas asquerosos y alienantes, como el español. La de contorsiones lógicas y retóricas que el pobre Ismael había tenido que hacer para quedar a bien con sus amigos del PNV y abertzales).

Llamaron de nuevo. Miré a Ismael suplicando que me indicara qué hacer, e hizo un gesto con la barbilla. Abrí.

Me encontré a dos piesplanos, ridículos con sus txapelas rojas y guantes blancos, que me echaron un vistazo y de inmediato me miraron por encima del hombro para intentar ver qué había en nuestro piso. Típico del estado centralista e identitario, que trata de acabar con la privacidad de sus ciudadanos en aras de la homogeneidad y la xenofobia.

– Buenas noches – saludó el más bajo. – Estamos buscando a Ismael Gebara.

Me volví. Ismael había desaparecido. Parpadeé perpleja sin saber qué decir, pero Bel se adelantó para hacerse cargo de la situación como la Basilissa que es. – ¿Para qué? ¿Qué quieren de él?

– ¿Está en casa?

– ¿Para qué quieren saberlo?

– Se ha producido un incidente y necesitamos hablar con él.

– ¿Qué van a hacer, registrar el piso? ¡Conocemos nuestros derechos! ¡Somos amigos de Maite Querejeta y de Carlos Garaikoetxea! ¡No saben ustedes con quiénes están hablando! ¡Yo soy Bel, Basilissa de Tartessos!

Los ertzainas se miraron. El que había tomado la palabra se frotó la cara. – Mire, es la Nochebuena, nos toca estar de guardia, llevamos en pie desde las siete de la mañana y estamos agotados. El señor Gebara no está metido en ningún lío. Sólo queremos hacerle unas preguntas porque, como le decía, se ha producido un incidente.

– ¿No le van a llevar detenido?

– No.

De repente Ismael apareció de detrás de la mesa del buffet con una sonrisa radiante. – ¡Señores agentes! Perdonen el retraso, pero es que estaba vigilando el besugo… Ya saben, es tan típico de aquí…

El otro ertzaina olfateó. – Pues no huele a nada.

A Gebara se le borró la sonrisa. – Bueno. ¿Qué es lo que sucede?

– ¿Es usted Ismael García Guevara?

– Gebara. Sí. ¿Por qué?

Llegaron unos ruidos por la escalera, y apareció un paramédico con chaleco amarillo. – Estamos listos para llevárnoslo.

– Bien – dijo el ertzaina bajo. Se dirigió a Ismael. – ¿Podría bajar un momento con nosotros al portal? Y ustedes también, por favor – a nosotras.

Bajamos, por indicación de los ertzainas, por las escaleras, para encontrarnos un tumulto en el pequeño portal: un enjambre de paramédicos y ertzainas alrededor de una camilla en la que se había colocado la inconfundible forma, envuelta en una manta reflectante, de un cadáver.

– Nos llamaron hace media hora para avisar de que había un cuerpo en el portal. Pensamos que sería alguien a quien le había dado un infarto, pero no. – El ertzaina nos guió cerca de la camilla y apartó la manta. Era un hombre de entre cuarenta o cincuenta años, más bien anodino. – ¿Le conocen?

– No le he visto en mi vida – dijo Ismael. Nosotras negamos con la cabeza también: no, no teníamos ni idea. – ¿Por qué coño interrumpen nuestra cena navideña por esta chorrada? ¿Se creen que conozco a todos los muertos de Bilbao?

El ertzaina miró a Ismael con cara pétrea. – Encontramos esto en su mano. – Nos enseñó un trozo de papel. Era la página inicial de nuestro gran manifiesto, “El modo P2P de producción”. En una esquina, habían garabateado con un boli: “Ismael Gebara, Gran Vía 48, 21:00”. – ¿Seguro que no lo conocen?

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9 pensamientos en “El asesino de Nochebuena (1)

  1. Jashondo

    Caramba con el Chiquipún. Desde hacía tiempo se notaba que fusilaba sin sonrojo ideas que tomaba de las primeras páginas de algunos libros, pero que la gente pague por que alguien les haga una papilla confusa a partir de unos tebeos de tres al cuarto…

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  2. Jashondo

    “¡No saben ustedes con quiénes están hablando! ¡Yo soy Bel, Basilissa de Tartessos!”

    Pa flipar en tesnicolós, notedigomásh…

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  3. El Dircom de la Gran Cábala Secreta de la IW Autor de la entrada

    Diálogo textual entre Bel y el embajador de Israel en un evento de la Casa de Sefarad o algo parecido, cuando los tartesios estaban tratando de venderles una burra a la comunidad judía en Madrid:

    Embajador de Israel: Pero ¿qué podéis hacer los tartesios por mi comunidad?
    Bel: No. La cuestión es ¿qué podéis hacer vosotros por mi comunidad?

    Porque obviamente, cuatro gatos sectarios están exactamente al mismo nivel que una comunidad de más de 3.000 años de antigüedad y considerable poder económico. Y encima se precian de ello y van repitiendo la anécdota.

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    1. inofensivo

      esas bicicletas cuesta arriba para subir al Anboto y respirar el aire puro de la patria. sabiendo lo que gebara piensa (solo el, por cierto) sobre el deporte de montaña y euzkadi visualizando a los jovenes baskos como jovenes mendizaleak que buscan en la montaña la pureza del aire no contaminado por los españoles y todo eso seguro que lo de patrocinar un equipo ciclista no es algo que vaya a salir en la posta de los tartessos. aunque es posible que lo comenten en privado, parece que ultimamente lo del activismo va de no difundir el mensaje

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  4. Pingback: ¡El asesino de Nochebuena ataca de nuevo! | Indiano Watch

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