El asesino de Nochebuena – 4

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A los pocos días estábamos Bel, Adriana, y yo, vestidas de punta en blanco con nuestras galas del outlet de Baraka y Bershka, esperando en el salón del caserío. Ismael nos habría prometido que cuando hiciera bueno nos iba a llevar a hacer un viaje transnacional, y estábamos impacientes tras semanas encerradas en el baserri mapeando los blogs de pastores  de ovejas vasco-navarros (estábamos trabajando en un súperproyecto que iba a revolucionar el mundo del queso Idiazábal y hacer que el cuajo fuera arrebatado por el cambio de una vez por todas. Lástima que todavía no habíamos conseguido colocárselo a nadie, pero era muy prometedor. Habíamos encontrados tres blogs (bueno, y algunos mas en euskera, pero esos no contaban porque el euskera no existe, obvio).

Así que estábamos muertas de ganas de salir. ¡Nunca habíamos estado en Portugalete!

– Chiquipúúúúúúúúúúúúúúúúúúún ¿bajas?  – llamó Bel, que llevaba una preciosa rosa de tela reciclada en su vestido amarillo con capucha de skater.

– Falta João también. ¿Pero qué están haciendo, cuates? – añadió Adriana, que por supuesto iba vestida de Desigual, porque es una pija.

– Debe de estar blogueando – supuse yo. Me había puesto una falda de fieltro que vendían en un puesto artesanal local llamado Kataro Berriak, esperando que a Ismael le gustara tanto la austeridad minimalista de la falda como el hecho de que era mini pero mini mini.

– No, no es eso – dijo Bel -, está actualizando su perfil de LinkedIn.

– ¿Linkedin? Estará añadiendo por fin la fecha final del proyecto Serum. ¡Cuánto me alegro de que eso deje de ser tabú! – exclamo Adriana.

– No exactamente – respondió la Basilissa. – Ha descubierto el argumento de venta definitivo. Se ha acordado de que una vez,  compró una acción de Apple, otra de Google, y otra de Amazon. Como nadie sabe que era sólo una acción de cada, y no le ha dicho a Kepa ni a nadie que además las vendió hace mucho, pues está poniendo en el perfil de Linkedin que es “owner” de Apple y Google. Y además está poniendo que en Tartessos tenemos 50-200 empleados ¡ooobvio! Quería poner entre 10.000 y 50.000 pero yo le convencí de que no, porque así nos iban a tomar por una megaconsultora tipo McKinsey o Bain, y ¿quién quiere ser tan grande y exitoso y capitalista? ¡Qué asco! Tendríamos que dar medidas de rendimiento y poner testimonios de clientes contentos y terminar proyectos, y ¡eso sí que no!

– Ismael sí que es resiliente -sentenció Adriana, admirada. – ¡La de contratos que nos van a salir con esto! ¡Como churros! ¡Los clientes van a hacer cola delante de la oficina!

– Y además le gustan mucho mis magdalenas, el otro día me confesó que le gustan mis magdalenas aún más que el Whopper – sonreí yo. Las otras dos me miraron con cara rara.

– Pero oye, ¿y João? – se preguntó Adriana.

– Un momento, chicas – llamó él desde detrás de la cocina. (Ismael, en su infinita generosidad, le había dejado un hueco en la fresquera para que lo usara él solo como oficina). – Es que estoy actualizando el Feisbuk, enseguida acabo.

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