El asesino de la Nochebuena – 5

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Según se acercaba la Navidad, comenzaba el gran debate de todos los años: como el Debate de las Escalas, el Debate de la Descomposición, el Debate del Demos, el Debate de Bitcoin, y el Debate de las Uvas.

Todos los años había el mismo problema: a Bel le encanta el rito de las uvas de Nochevieja. Ismael, siempre encantador y fascinante, siempre cuenta la misma historia de que había uvas de más y un vendedor listo se inventó la historia para colocarlas. ¡Debería ser un mito a alabar, el mercader pícaro que se deshace de su stock!

Pero, claro, lo malo es que es una tradición que viene impuesta, no creada por nosotros, y nosotros somos de crear nuestra propia realidad…   Y encima viene con todas las asociaciones españolistas y familiares de la Puerta del Sol, y Ana Torroja, y los niños atragantándose con el pellejo y las mamás dando golpes en la espalda.

Pero es que a la Basilissa lo de las uvas le mola un huevo.

La cuestión es que un día me puse a pensar y, tras tomarme un lingotazo para darme valor, le pregunté a Ismael que qué diferencia a las uvas de cualquier rito tartesso. Después de todo, los tartessos que lleguen después, ¿no se encontrarán un rito que no han diseñado? Le planteé que tal vez la libertad estribaba en la libertad de reinterpretarlo. Después de todo, ¿acaso no reinterpretamos nosotros mitos como el del Pene Místico de Osiris?

Y ahí Ismael empezó a bramar y montar en cólera: los mitos no se pueden reinterpretar así como así, tienen que estar en un contexto para tener un significado, tienen que formar parte de un hablar Franco, de una parresía, de una comunidad actual, y que no me fuera a creer que cualquiera puede llegar a Tartessos y ponerse a reinterpretar los mitos como le da la gana, porque eso es el principio de la descomposición interna y el principio del fin.

Entonces le pregunté a Ismael, llorando, que cómo tenía que interpretar el mito de las uvas, y él se calmó y me dijo que no fuera tontita y que todavía no lo había decidido este año, pero que no me preocupara, porque ya me diría cuál iba a ser la interpretación correcta en el momento adecuado.

Me quedé mucho más tranquila. ¡Es tan genial cuando Ismael me deja las cosas claras y sé cómo tengo que pensar!

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Delibera, aunque sea banal

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