El péndulo de Foucault no es una vida interesante

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¿Se acuerdan de El péndulo de Foucault, la novela de Umberto Eco en la que los protagonistas se pasan el rato corriendo de un lado a otro para descubrir supuestas conexiones esotéricas en la historia mundial, siguiendo los hilos de lo que parece que es una GRAN CONSPIRACIÓN SECRETA A TRAVÉS DE LA HISTORIA? ¿Y que al final todo es un gran bluff que no queda en nada, y los iluminados iniciados de las diversas sectas se cabrean tanto que se los cargan? ¿Se acuerdan?

Pues parece que los tartesios están haciendo lo mismo. Sólo que en serio.

A ver: el argumento parece ser que:

  • Hermann Hesse (sí, el de  Damian y Bajo la rueda, y sí, el del clásico de los adolescentes emo, El lobo estepario) escribió un libro que se llamaba El juego de los abalorios. Que resulta que – emoción, emoción – puede referirse al juego del go de los cojones.
  • En este libro Hesse hace una referencia a Leibniz, que escribió textos sobre la combinatoria y la posibilidad de una lengua universal y sobre el cálculo binario, en el que hacía referencia al pensamiento chino a través de los jesuitas misioneros y al I Ching.
  • Resulta ADEMÁS que había un monje budista chino que hablaba de “la conversación pura” – el qingtan –  que los tartesios, cómo no, hacen equivaler con su dichoso “hablar Franco” o parresía. (En realidad, el qingtan parece haber sido un modo de evaluar el carácter a través de la conversación para conseguir puestos en la administración del Estado que se hizo popular en las élites aristocráticas a finales de la dinastía Han: una especie de marcador de clase, vamos).
  • Este monje además tiene que ver con el inicio del budismo zen y se refería al go como una especie de “hablar con las manos”. O sea que el go es otro modo de hacer parresía. O algo.

Conclusión: ¡los tartesios están redescubriendo un conocimiento olvidado a través de los siglos! ¡Hay una conexión secreta entre el go, las lenguas artificiales, el cálculo binario, y la resistencia interior ante la descomposición de la sociedad! ¡LOS TARTESIOS SON LA CULMINACIÓN DE UNA HISTORIA SECRETA QUE SE HA IDO DESARROLLANDO A TRAVÉS DE LOS MILENIOS! ¡LA HISTORIA SECRETA DE LA VIDA INTERESANTE!

Obviamente, como en la Gran Cábala de la IndianoWatch somos eso – una cábala secreta – nos hemos picado, porque, a la hora de hacernos pajas mentales con historias secretas y conexiones esotéricas, a nosotros no nos gana nadie, que para eso somos una conspiración sibilina. Así que aquí está nuestra versión alternativa de la genealogía intelectual esotérica de los tartesios. Usando sus mismos elementos:

  • Hermann Hesse escribe El juego de abalorios, en el que habla vagamente del go sin saber muy bien de qué iba. Porque todas estas cosas místicas y esotéricas del misterioso Oriente le molaban mucho.
  • Hesse era muy amigo de Carl Jung, el famoso psicólogo y ex-psicoanalista que opinaba que el psicoanálisis estaba teñido por los elementos judíos que le daban toda esa obsesión con el sexo – qué asco, que mal gusto. Él prefería hablar de inconscientes colectivos raciales y esas cosas. Y se ocupó de “arianizar” el psicoanálisis después de que todos los psicoanalistas judíos fueran discretamente eliminados del Reich. A Jung, curiosamente, también le gustaban mucho todas estas cosas misteriosas y espirituales orientales. Como el I Ching y el zen.
  • Pero es que a los nazis les chiflaba también muchísimo todo el rollo oriental: de hecho tomaron el término “ario” e incluso la esvástica de esos lares, y el “pensamiento oriental” era algo que intrigaba a sus principales “pensadores”. Como Martin Heidegger, al que le dio mucho juego el zen y el rollo taoísta para hablar del camino y el ser y la nada y esas chorradas.
  • Los tartesios no mencionan a la archinémesis de Leibniz, Isaac Newton, que lo puteó toda su vida y le acusó de haberle robado la idea del cálculo infinitesimal. Newton, como sabe todo el mundo que haya leído a Neal Stephenson (como supuestamente han hecho los tartesios), es el fundador de la física moderna, pero también, y principalmente, (dedicó la mayor parte de su obra a eso), un alquimista. Y estuvo a cargo de la Ceca británica – del sistema monetario – creando el estándar del oro para la moneda. Y estuvo liado con la compañía de las Indias Orientales y el colapso de la burbuja de la Compañía del Mar del Sur, un antecedente de la crisis financiera actual. ¡La descomposición! ¡El capitalismo de amigotes!

Así que un relato alternativo de la genealogía esotérica tartesia podría ser: los tartesios están obsesionados con un juego de connotaciones orientalistas y medio místicas que ya atrajeron a diversos nazis y nazillos de diversos pelajes. Ya desde sus inicios en China,  el go suponía un distintivo de clase que marcaba a las élites a través de la “conversación pura” que permitía que unos pocos elegidos accedieran a subvenciones prebendas capitalismo de amigotes puestos destacados en el mandarinato. A través de las redes jesuitas – una organización bastante secretista a la que los tartesios han declarado admirar en varias ocasiones, y que tiene una potencia especial en Euskadi – el go llegó a Europa. Allí entroncó con tradiciones ya existentes sobre lenguajes artificiales y combinatoria – la principal referencia y antecedente de Leibniz, que a los tartesios se les escapa porque no llegan tan lejos, pobres, es por supuesto Ramon Llull con su Ars Magna, un proyecto de un lenguaje perfecto para convencer a los infieles de la verdad de la fe cristiana. Curiosamente, una obra anterior de Llull se llamaba Art Abreujada d’Atrobar Veritat: el arte abreviada de encontrar la verdad. O sea, como en el título del post de los tartesios, Llull buscaba crear la lengua que no podía mentir.

Y todo esto sin mencionar las conexiones de los tartesios con la masonería, que se describe como un sistema de moralidad velado por la alegoría e ilustrado por símbolos. De ahí la obsesión tartesia con los mitos y el ritual: y de ahí la manía indiana con las lenguas artificiales – que, como soñó Llull, no son sino intentos por alcanzar la lengua perfecta con la que predicar la verdad (es decir, la verdad tartesia, o sea, la verdad del Gran Timonel). Se dice que los símbolos y rituales de los masones vienen además de los constructores de catedrales de la Edad Media – los gremios medievales – de nuevo, otra obsesión tartesia.

La cosa es que, a su vez, la masonería tiene mucha relación con la orden Rosacruz, que afirma ser el descendiente directo de los misterios egipcios, druídicos, y griegos y la alquimia, y que a los nazis – sorpresa, sorpresa – les ponía muchísimo. Y recuerden cómo en El hombre que pudo reinar Kipling, que sabía de estas cosas, establecía una relación entre la masonería y el Oriente…

¿Seguimos? Porque podemos seguir así indefinidamente. Como dicen los tartesios, todo es cuestión de crear significados, pero parece que se pueden crear los significados que te dé la gana, sin cortarse. Por eso para los tartesios el go es la parresía que son las lenguas artificiales que es el cálculo binario que es la lucha contra la descomposición. Porque el rigor y el principio de realidad son nociones universalistas.

En El péndulo de Foucault – y nunca mejor dicho lo de Foucault, aunque el del libro no sea el calvo plasta de la parresía – Belbo, el escéptico editor que es uno de los protagonistas, masculla una frase en piamontés cada vez que se encuentra con alguien que deleita al personal con una paja mental: Ma gavte la nata – quítate el tapón (con la connotación que la persona está tan hinchada por la flatulencia de su diarrea mental y su propia autoimportancia que tendría que desinflarse).

Así que, en resumen. Todo el coñazo tartesio sobre el go, sobre las lenguas artificiales, sobre el hablar Franco, sobre las comunidades actuales, sobre la descomposición, no son más que un intento bastante penoso de crear los “mimbres” (como dicen ellos) con que sostener su propio discurso. ¿Y cuál es el objetivo de ese discurso? Mantener la coherencia del grupo y que no se les vaya más gente (hace mucho frío ahí fuera, no huyáis os vayáis…) y crear un espejismo fascinante con que engatusar a incautos, que se deshace apenas se empieza a rascar un poquito. Por eso tienen que reforzarlo continuamente con estas paridas pseudohistóricas: es que esto ya lo decía Leibniz… Como decía Foucault… Ya en tiempos de Maricastaña el monje chino Cudeiro decía que el hablar Franco es el go que es el reflejo de la vida y la muerte que es el cálculo binario que son las redes comerciales y las comunidades reales…

A lo cual nosotros desde la IndianoWatch sólo podemos responder una cosa:

Ma gavte la nata.

PS Y no se pierdan los comentarios y respuestas a comentarios del Gran Timonel: como predecíamos, Newton, la matemática, y el Plan Divino. Es que somos muy buenos. (Y fíjense en ese modo de hacer que Bel vuelva a entrar en vereda cuando dice la herejía de que una lengua que no puede mentir le parece una distopía: no, tontita, es que en realidad estamos hablando de la parresía y la comunidad, y en la comunidad real no se puede mentir, que no te das cuenta… Y cómo la Basilissa vuelve de inmediato al redil intelectual con las orejas gachas).

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5 pensamientos en “El péndulo de Foucault no es una vida interesante

  1. Boba Fett

    Yo me quedo con la pincelada de manipulación marca de la casa. El delicioso giro de muñeca en el cual el Gran Timonel afirma que a Hesse le dieron el Nobel por un libro que nadie ha leído, sin aportar fuente alguna. ¿Quién avala su afirmación? ¿Lo dijo algún académico de los que votó el Nobel, entrevistado en la TV sueca? ¿Algún artículo académico quizá? Como último recurso, el Gallifante no permita que nos informemos a partir de fuentes manipuladas pero, ¿lo recoge al menos Wikipedia? No, por supuesto que no.

    Es una vulgar manipulación marca de la casa. Meto la afirmación tendenciosa para que pase desapercibida. Al lector confiado le quedará el mensaje que yo deseo que le quede (en esta ocasión, que el juego de las Damas es como los illuminati, toda la intelectualidad de los últimos 500 años lo ha reverenciado en la sombra, seguro existieron a pesar de mi desconocimiento en la materia cientos de campos de exterminio para jugadores de Go y de ahí ese amor clandestino. Al lector desconfiado lo asusta, que las personas que piensan antes de aceptar un trato no son de fiar. El Gran Timonel quiere lectores confiados, jóvenes maleables que se traguen… la semilla de la indianidad.

    Y todo sin entrar a valorar que apoyar su historia en un argumento de autoridad (el Nobel a Hesse se lo dieron por esta obra menor que a mí me interesa tergiversar) no es propio de un cuestionamiento de la autoridad establecida (¿algo más conservador que la academia sueca?) ni de un mundo distribuido ni nada de eso. Es lo de siempre, ausencia de rigor para arrimar el ascua argumental a la sardina propia, para poder mirar al sol poniente con los ojos arrugados en una foto mal encuadrada.

    Va siendo hora de que alguien le quite el tapón, este señor como los presos que no logran reinsertarse en la sociedad, no manifiesta voluntad de rectificar su conducta si no es asistido por vosotros.

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  2. Pippi Långstrump

    En esta historia, señores, falta el pescado podrido que tenga significados. Mira que ir hasta Oriente y volver sin el dichoso pescado podrido, lo único que les ha funcionado hasta ahora de verdad para vender. Así no van a poder pillarse subvenciones ni seducir a ningún banquero. Vamos a tener que hacerles consultoría nosotros desde aquí, ¡vamos a tener que enseñarles nosotros lo que es una vida interesante!

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  3. Pingback: Freud no tiene una vida interesante | Indiano Watch

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