Qué significa el fin de Montevideo

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Un fracaso. La constatación de una mentira. El final del humo.

De Cómo Montevideo nunca fue una vida interesante

La casita de Montevideo estaba vacía. A pesar de las declaraciones de los tartesios asegurando que son una red transnacional, a pesar de poner una dirección de Montevideo que aún no han borrado de sus páginas, la actividad comercial, vivencial o de cualquier otro tipo de la casa era nula. Cero. Nada.

De Montevideo salieron por piernas no porque hubiera tristes y malditas enfermedades, sino porque el Proyecto Serum se vino abajo en medio de oscuras incógnitas sobre cómo echar cuentas. Eso y porque haber elegido Montevideo para el plan de dominación mundial que vendió Gebara al viejo jefe de la Euskal Kutxa no era el mejor sitio del mundo. Los orientales, apartaditos, chiquitos, simpáticos, no florecen a la altura de otros muchos lugares dedicados al emprendimiento y que, curiosamente, sí estaban en los planes del jefe de la Euskal Kutxa. Gebara y sus motos.

Algunas gotas de organizaciones semisecretas de controversia histórica renegando de las credenciales de Gebara, también tuvieron su peso.

Vendemos los muebles y queremos parecer que es una vida interesante

Gebara proclama que “hay negocios en los que, como en este caso, puedes ganar buen dinero, pero no ganas satisfacción verdadera” es la típica formulación del clásico excusatio non petita: tiene que poner “buen” para que pensemos que son unos monstruos de la resiliencia pero, como por la boca muere el pez, cuando dice “no ganas satisfacción verdadera” es porque admite que vende por necesidad.

Adiós al cuento de las bases tartesias. Qué habrá sido de eso. Están pelaos de pelas. No, Phantomaki ya pasó al status de obra social y, como bien sabemos, no sólo lo hacen mal, sino que es imposible que esté facturando a raudales. Qué, ni facturando. Un par de chapuzas electrónicas y algún contratito de medio pelo que no permite sostener el invento: todos en la Gran Vía de Bilbao, las tres señoras, el matrimonio sin alternativa y él. Que comen – no con mucha gracia gastronómica – todos los días.

El gran Dogo ya advirtió entre sonrisas que con el cuento de Tartessos él se divertía y que no le costaba un duro. Claro que no, ya sabía lo que era tapar agujeros de Gebara.

Osea: se termina la vida interesante transoceánica que nunca existió, se termina la ficción de la red trasnacional (no, lo de Furth haciendo el indio en Buenos Aires no cuenta, a eso se le llamaba antes pen pal) y se constata que los resilientes andan justitos: desde que ni hablan del NER, ni de la filé, ni milongas por el estilo (nunca mejor dicho) quieren parecer simpáticos y enseñar a la humanidad (eso tan universalista) a jugar al go.

No quedan muchos sitios donde ir donde les vayan a recibir con los brazos abiertos.

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4 pensamientos en “Qué significa el fin de Montevideo

  1. Vita Attractiva

    Y mira que todos sus héroes uruguayos cumplían las expectativas:

    Ahora nos sorprendemos cuando compramos un chorizo y la etiqueta dice «sin gluten» o «sin amianto». Bien, eso lo inventó Piria ya en la década de los 60 del siglo XIX. Promocionó, por ejemplo, una yerba de cebar que no contenía «feldespatum articum» (o algo similar). Obviamente ninguna hierba lo tenía, pero solo a él se le ocurrió señalarlo en la suya. Así, las demás yerbas empezaron a ser sospechosas de portar algo que no debía ser bueno.

    Como en los mejores crecepelos y pastas de dientes con radio.

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