Revuelta en el falansterio

O eso deducimos por la última entrada del Pequeño Timonel, en la que se mete… con los monasterios.

Sí, leyeron bien. Los tartesios, que tan enamorados estuvieron en su momento de los monjes benedictinos y las reformas de Cluny y del Císter; que se hicieron esas pajas mentales con Anatema de Neal Stephenson hasta el punto de llamarse entre sí “fra” (no, no lo decimos de coña: tal cual); que estaban tan emocionados de trabajar con la Fundación Santa María la Real en “un proyecto precioso” (e inexistente, se entiende)…

Pues ahora han decidido que los monjes son malos, perversos, caca, una manifestación del individualismo más feroz. Sí, como lo oyen.

La lógica parece ser algo así como:

– El individualismo “tiránico” te hace creer que vivir con otras personas es una restricción de tu libertad personal, en vez del glorioso empoderamiento y soberanía de uno mismo que conlleva el montarte tu comunidad real etc., etc., etc. [insértese aquí cualquier rollo tartesio sobre el número de Dunbar / el malvado nacionalismo imaginario centralista / la descomposición / el capitalismo de amigotes / el gran dios Mitra].

– Los monjes se metían a vivir con otras personas.

– Pero se metían a vivir con otras personas como una forma de autoflagelación: o sea, para joderse a sí mismos. Estaba el monje medieval pensando “¿qué modos puedo encontrar yo de mortificar la carne? ¡Ya sé! ¡Me voy a ir a montar una orden monástica con el mamón de mi cuñado, que no lo aguanto!”

– Así que el monasticismo no es más que una exaltación del individualismo por la vía negativa. O algo así.

Olvidémonos del hecho de que las órdenes monásticas se crearon precisamente para dotar a los monjes (y a los siervos bajo su protección) de poder político y económico frente a la nobleza bastante burra de la época. Olvidémonos de su trabajo de preservación de la cultura, con lo de los manuscritos y todo eso. Olvidémonos de que si uno quería flagelarse y mortificarse pero bien en serio, se hacía anacoreta o eremita, no monje, y que ser monje no suponía en absoluto “apartarse de la vida” – de hecho, en muchas ocasiones, era el mejor modo de sobrevivir. Para qué rebatir los argumentos del Amado Líder con esas cosas tan estúpidas que son la realidad y la historia.

No: lo que nos hace gracia es que este post tiene tooooda la pinta de estar escrito ad hoc para acallar alguna crítica interna en el circulito de las concubinas y el servicio. En el fondo, está avisando. ¿A la Basilissa? ¿A la Mascota? ¿A Adrianita? ¿Al indiesito y señora? Chi lo sà.

Pero esto:

Esta idea tiránica de la libertad da por hecho que cualquier manifestación comunitaria de las que nos rodean -familia, amigos, trabajo- son en realidad constricciones, pequeñas cárceles cotidianas. Y es verdad que puntualmente pueden llegar a parecérnoslo, puede que tengamos que cambiar de trabajo, pareja o círculo de amigos, puede que tengamos que cambiar algunas actitudes que nos hacen infelices o redefinir nuestros compromisos. Pero a nadie sensato se le pasa por la cabeza renunciar a la relación con los demás para ser más libres.

atufa a que alguien está protestando o haciendo amagos de largarse (“puede que tengamos que cambiar algunas actitudes que nos hacen infelices o redefinir nuestros compromisos”. Huuuuuuy).

Y luego esto:

El problema es que el monasticismo cristiano -como el budista y casi toda la vida cenobítica- se basa en la renuncia, en la constricción total del espacio de decisión individual. Los votos de los monjes son obediencia, pobreza y castidad. El tiempo de sus días es una sucesión de trabajos y rituales instituidos en una regla. La vida monástica cristiana o budista se entiende como «renuncia», no como una base mejor para el desarrollo de cada uno.

[…] Afortunadamente existía otra tradición europea más antigua, la epicúrea, que entendía que las personas nos agrupamos por necesidad y que sentimos esa necesidad porque compartir con nuestros pares es lo que de verdad nos permite sentirnos libres y perseguir la felicidad.

Osea, traducido:

A primera vista parece que en Tartessos tenéis que hacer votos de obediencia (a mí), pobreza (porque entregáis la pasta al entrar y ya sólo recibís lo que se os dé y aquí Bel es la Virgen del Puño), y castidad (porque aquí el único que folla soy yo). PERO NO. Porque en Tartessos somos EPICÚREOS. ¡Y eso lo cambia todo!

Y lo peor de todo es que se lo creerán.

 

 

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Un pensamiento en “Revuelta en el falansterio

  1. Amazonian Indians

    Especialmente la pachanga de iluminados que se han creido lo de la anchoa y los imitadores de files, esos tontunos que sirven para que el PT afirme que hay un movimiento emergente…

    Me gusta

    Responder

Delibera, aunque sea banal

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