La Anchoa es transnacional… en Gijón

Nuevo post de Bel, la Basilissa, sobre lo bonito que es ser transnacional. “Y es que toda comunidad transnacional tiene, cuando menos, el corazón nómada.”

Qué cuco, qué poético, qué bonito.

Qué mierda.

Por lo visto, la cosa es que si conoces a alguien que es alemán, ya no te puedes sacar de la cabeza que es alemán, y todo lo que hace lo ves a través de ese filtro ( y vas exclamando “¡nazi! ¡nazi!” en el momento más inoportuno). Y que el único modo de evitar eso es ser transnacional. Sea lo que sea lo que quiera decir eso (¿ser cuatro gatos fingiendo que siguen teniendo casa en Montevideo?)

(Por cierto, nótese las puyitas con lo machistas que son los griegos. ¿Ya no mola Varoufucker? ¿Se han enfadado?)

Porque los tartesios son profundamente transnacionales, claro. Ellos que se mueven entre, este, Bilbao y Gijón. (Gijón está fuera de Euskadi. Es muy transnacional). Y que sólo son capaces de vivir su transnacionalidad en español.

Lo más gracioso de esto es cómo los tartesios revelan ellos solitos sus propios prejuicios, creyendo que todo el mundo los tiene (cree el ladrón…)  El principal prejuicio es de Gebara es que es incapaz de no catalogar a alguien como español/chileno/uruguayo/almeriense, con los arquetipos correspondientes. Que si eso no va a salir bien porque los argentinos son unos creídos arrogantes – imaginamos que esto le ha provocado un par de mordidas de lengua con Adriana porque él no soporta a los argentinos trepas y mentirosos, arquetipo nacional 2 de ese país -, que si los vascos se creen la hostia pero son brutos que levantan piedras, bla bla bla.

No falla, si le presentan a un checheno, en cuanto salga de la habitación Gebara se volverá hacia la Basilissa para ilustrarla sobre el carácter avaro y desagradecido de los mismos, y cómo si Tartessos quiere que el proyecto salga adelante van a tener que hacer ellos todo, pero sin ceder un palmo simbólico ante nadie. ¡Yo no soy la puta de este zipallo – autodeterminación ortográfica forever-, y a mí nadie me llama gallina!

Luego va diciéndole al mundo que es muy importante vivir en el kibbutz glam para no tener una visión estadonacionalista del mundo. Cosmopolitanismo de buen rollito de puertas afuera, cerrazón mental y prejuicios irracionales e infantiles de puertas adentro (e incluso – ¿osaremos decirlo? – provincianismo. Porque en el fondo Gebara nunca ha dejado de ser el niño consentido hijo de papás funcionarios para el que Madrid es lo más).

La iluminación transnacional tartesia, se entiende, va unida a la privación espiritual – porque donde manda patrón no manda marinero, y en Tartessos ya hay macho alfa y lo que hace falta es mano de obra barata (malditos jóvenes que quieren un Prius y cobrar mucho y que les dejen irse de farra…) Es una idea prestada de todos los fundamentalismos religiosos que en el mundo han existido, y esto obviamente incluye a Franco, a Stalin, y hasta a Chávez.

Buen pedigree.

Andá a romperle las bolas a otro con esa historia, Gebarita.

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Delibera, aunque sea banal

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