Pies en polvorosa. Otra vez

Fuentes confidenciales advierten a la Gran Cábala Secreta de que no existe entre el Señor Gebara, Tartesos y Phantomaki (es decir, todo lo que tiene que ver con Lankide y el Club de las Relaciones Novedosas) ninguna relación. El tono de nuestros informantes revela una profunda distancia emocional e intelectual con los muchachos de la orden del perejil (hay que ser giliflautas para ponerse perejil en el ojal) que nos vendieron un proyecto primero para ganar dinero, después de profundo (¡ja!) calado social que iba a ser la réplica de la CIA y que iba a revolucionar a las pymes. Resultados de cachondeo, clientela irrelevante y purgas varias han terminado donde todo lo demás y donde este medio advirtió: en otra broma pesada del Pequeño Timonel y sus acólitas. En femenino, porque el acólito sirve los cafés. Y van unas cuantas.

No es casualidad entonces – también se advirtió – que se iniciara un nuevo proceso de saga/fuga (saga porque lo relatarán como si fuera Ulises regresando a Ítaca; fuga porque es lo que es, y a gorrazos) pasando primero por Gijón y ahora anunciando compras de propiedades y retorno a Madrid. Para estar cerquita de Luis Salazar, dicen ellos. La mística tartesia llama a esto piepowders, otra gilipollez que el mismo Salazar ha fomentado y creído y que consiste en pensar que el mundo es como el de los comerciantes medievales y que eso de hacer negocios es un sacrificio durísimo de hombres elegidos para ser libres en plan holandés errante pero diciendo que hablo esperanto, que es un decir.

Pocas veces el mito tartesio – la bobada, queremos decir – resulta más relevante de su propia conciencia: no son los pies sucios de polvo del abnegado empresario (que se va en tren y avión hasta por menos dinero, pero Gebara le tiene pánico a volar) es poner los pies en polvorosa porque nadie les hace ni puto caso y, si pueden, les cierran la puerta. Y es que Gebara disfruta jodiendo lo (poco) bueno que periódicamente tiene alrededor si eso no implica pleitesía y sometimiento a su capricho y dominación. Luis Salazar, el que parecía intocable, el salvador de la patria tartesia, el icono, el demiurgo, el perrito faldero después de todo, ha sido humillado en público sin que nadie pueda entender la necesidad (sí, nosotros sí, él tiene que destruir emocionalmente a todo el que puede) y ha ido corriendo a pedir perdón olvidando su personalidad bilbaína y echada para adelante sin razonar ni por un segundo si los argumentos de su extraño ahijado merecen crítica o respuesta: se ha humillado a sí mismo sin más.

Luis Salazar, a quien tanto le cabrea esta página, deberá responderse a sí mismo por qué contribuye a mantener viva la farsa Tartesia (mucho más cuando ya no le cuesta dinero), por qué insiste en presentar a sus amistades para hacer negocios con el encogido che guevara digital para que, después y siempre, le afeen la presencia y le dejen verdaderamente mal. Deberá un día mirarse al espejo y preguntarse cómo es que el reputado académico, el político vocacional y sereno, el financiero ético y responsable, puede ser manipulado emocionalmente por un chalado que destruye todas las relaciones humanas que le rodean y que ha sido incapaz en tantos años de cumplir ninguna de las promesas comerciales y sociales que ha hecho con su “organización”. Una organización que se reduce a un piso compartido con concubinas y a un matrimonio de visita que no sabe dónde ir ni cómo ganarse la vida sin que alguien le haga creer que el esperanto le importa.

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Delibera, aunque sea banal

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