La versión light

PARTE I – CÓMO PERDIMOS EL TIEMPO

1

El cielo en Madrid era del color de un iPad cuando se te rompe la pantalla.

En el último piso del edificio que todavía se llamaba de la Telefónica – aunque ya nadie recordaba qué había sido eso – Anya Buddenbrooks contemplaba la región. Desde la altura de sus 123 pisos, el edificio de la Telefónica miraba por encima del hombro a la mayor a parte de sus vecinos rascacielos en el cogollo hi-tech de la Gran Vía, y permitía ver más allá de las favelas al otro lado del Manzanares, hasta el tapiz verde oscuro de encinares interminables que se extendían hacia la sierra. Desde aquella altura, el territorio de la Comunidad Tecno-Industrial de Madrid parecía haber sido fagocitado por la Casa de Campo. Lo cual no dejaba de ser irónico, pensó.

Suspiró. Llevaba tres cuartos de hora esperando y tenía hambre, pero no podía permitirse la impaciencia. Como todo el mundo sabía, si Borja Cheng te llamaba, acudías.

Borja Cheng. Pese a su relativa juventud, su biografía ya había pasado a convertirse en ejemplo tópico en los libros de autoayuda para ejecutivos. Adoptado por una familia de la élite china en un orfanato de Córdoba en el peor momento de la Descomposición, se había criado entre Shanghai y San Francisco, aprendiendo los entresijos de la industria post-globalizada en las rodillas de su padre adoptivo, y convirtiéndose en trillonario a los quince años. A los veintitrés años tuvo su crisis de fe e, inconcebiblemente, desapareció del mapa y de las redes sociales durante cinco años, sólo para regresar convertido de un joven y brillante playboy en un autoproclamado experto en redes. La expresión era risiblemente arcaica, y después de la muerte de Facebook y Facetag ya nadie entendía muy bien exactamente en qué podía consistir eso. Pero debía de haberle funcionado, porque Cheng había cuadruplicado su fortuna y se había convertido en una de las personas más influyentes del planeta: hasta tal punto que bastaba con que abriera la boca para aparecer en la portada del NYTDigital y que la Bolsa fluctuara.

Nadie entendía muy bien por qué alguien como Cheng se empeñaba en seguir teniendo su principal residencia en un lugar como Madrid – empezando por los madrileños, que lo percibían con una mezcla de agradecimiento y resentimiento. Era constantemente seguido, física y virtualmente, por una comitiva de periodistas y blogueros que oscilaban entre cantar sus loas hasta provocar vergüenza ajena y desear sin mucho disimulo que Cheng la cagara para poder entrar a degüello. El que la vida privada de Cheng fuera notablemente opaca para vivir en una ciudad en la que todo se sabía resultaba especialmente frustrante. En un mundo tribal, tener una fortuna obscena no era ya garantía de privacidad: lo cual hacía que la pantalla que rodeaba la vida de Cheng fuera tanto más intrigante e hiciera pensar que Cheng tiraba de hilos insospechados.

Y eso hacía inevitable la pregunta: ¿qué demonios quería Cheng de Anya? Mas aún: ¿por qué demonios sabía Cheng que Anya existía?

– ¿Señora Buddenbrooks? El señor Cheng acaba de llegar y la está esperando.

2

La superficie del despacho de Borja Cheng venía a ser el doble de todo el apartamento de Anya, y su tamaño parecía aún mayor por el hecho de que estaba prácticamente vacío, decorado en un minimalismo blanco reminiscente de la estética retro de Apple. El único mobiliario eran dos butacas blancas, un sillón color grafito, y un inmenso escritorio en cristal opaco y cromo sobre el cual únicamente reposaba una tablet filo de un modelo que Anya no había visto antes y que estaba segura que ni siquiera se había fabricado en masa aún. Sentado tras el escritorio, Cheng estaba claramente dándole órdenes a alguien en mandarín.

– Anya. Me alegro de que hayas podido venir. – El brusco paso al español, sin solución de continuidad, la tomó por sorpresa. Su acento completamente peninsular estándar, sin atisbo alguno de su trasfondo asiático o anglosajón. Tomó la tablet, cuya pantalla se iluminó al instante. – ¿Has oído hablar de la filé Tartessos?

Claramente Cheng no era hombre que se anduviera con rodeos. – No, me temo que no. ¿Debería?

Cheng sonrió levemente. – ¿Cómo andas de trabajo últimamente, Anya?

Anya sintió el equivalente de un atragantamiento mental. Tosió. – Sospecho que lo sabes perfectamente, Borja. ¿Me equivoco? – Normalmente le hubiera tratado de usted, pero siguió su tuteo agresivamente.

De nuevo, Cheng no respondió. – Hace tiempo que sigo tu… erm, trabajo. Y creo que lo de Inditex fue esencialmente un desafortunado incidente del que no se te puede culpar. Aunque, por supuesto, es exactamente lo que han hecho tus clientes, como es lógico. Cualquiera habría hecho lo mismo. – Y ahora sonrió plenamente, enseñando sus dientes. Una sonrisa depredadora.
– Digamos que fue desafortunado para ti, pero afortunado para mí. Porque ahora estás libre. – No era una pregunta.

Anya no dijo nada, deliberadamente. Cheng frunció algo los labios. Claramente había esperado que ella le devolviera la pelota. – Estoy interesado en la filé Tartessos. Pero es difícil obtener información. Más allá de la propaganda disponible para el público, claro. – Le tendió la tablet. Un sitio web en euskera, español, y otra lengua aparentemente románicaque Anya no reconoció sobre una especie de cooperativa.

– ¿Y otras fuentes?

De nuevo Cheng pareció contrariado. – Llegan hasta donde llegan. Pero la sede de Tartessos está en Bilbao, al otro lado del telón de acero de la República de Mondragón. Necesito información desde dentro.

Anya bajó la tablet, desalentada. No le gustaba en absoluto a dónde estaba yendo aquello. – Estás hablando de un trabajo de muchos meses. Más de un año, tal vez dos. Uno no puede infiltrarse en un grupo cerrado de estas características así como así.

Cheng volvió a recuperar su aire de suficiencia. – Eso ya está cubierto. Hace meses que hemos estado haciendo la vía tartesia en tu nombre.

– ¿La qué?

– Los tartesios tienen una especie de curso introductorio para candidatos a unirse al grupo que se realiza a través de la red. Básicamente, hay que publicar una mezcla de diario de lecturas y confesionario como fase previa a la entrada en el grupo. Si se pulsan los botones adecuados, la entrada es mucho más rápida.

Anya le miró de hito en hito. – Y habéis estado publicando eso en mi nombre para que me acepten. Durante meses. En mi nombre. Sin pedirme permiso ni avisarme.

Cheng le sostuvo la mirada sin inmutarse. – Sí. Nuestro equipo de expertos en antropología, psicología, y política ha estado estudiando el perfil del grupo tartesio y el tuyo, y ha generado unos contenidos que básicamente han hecho que se estén meando de gusto en las bragas ante la perspectiva de que te unas a ellos. Particularmente Gebara.

– ¿Guevara? ¿El Che?

– Su líder. Ismael Gebara con b y sin u, por lo de la cosa euskalduna desde que están en Bilbao. El jefe de nuestro equipo te pasará el informe completo y te pondrá al día.

Anya posó la tablet sobre el escritorio de nuevo. – Yo no trabajo así. ¿En serio creéis que me voy a meter en algo parecido, en Mondragón – EN MONDRAGÓN -, a ciegas, sin haberlo preparado yo, fiándome de vosotros? ¿En serio?

Cheng tomó la tablet, la manipuló rápidamente, y se la devolvió a Anya. La pantalla estaba dividida: una mitad mostraba el estado de su cuenta corriente, la otra su ficha policial.

Cuando levantó de nuevo la mirada, Cheng tenía de nuevo aquel aspecto de gato satisfecho.
– Pero no te preocupes, Anya. No te vamos a enviar a ti sola.

3

– Juanjo Valiñas. Por favor. – El hombre moreno, enjuto y con gafas le tendió la mano y le indicó que se sentara. Estaban en una de las salas de reuniones de Cheng Corp, unas decenas de pisos por debajo del despacho de Borja. Valiñas estaba a cargo del Proyecto Tartessos, y había supervisado el equipo que se había dedicado a hacerle la pelota a Gebara durante meses a través de un blog fingiendo que era Anya. Anya contuvo el impulso de pegarle una bofetada.

Valiñas pasó la palma de su mano por la esquina de la mesa de juntas, que se iluminó, demostrando ser una pantalla táctil de varios metros de longitud. Valiñas pulsó en diversos iconos, agrandándolos. – ¿Ha podido echarle un vistazo al sitio web de Tartessos?

– Lo estuve mirando, sí. Después de todo, he tenido tiempo de sobra.

Valiñas pareció sonrojarse levemente. – Lamento mucho que le hicieran esperar. Estaba en unas negociaciones para la empresa en Al-Daniyya, me avisaron en el último momento. Tuvieron que mandar el jet para traerme.

Anya se ablandó, algo. – Lo miré, sí. Parecen una cooperativa con algunas ideas políticas y económicas un poco raras, pero como todas las cooperativas, vamos. ¿Por qué le interesa a Cheng?

– Las cooperativas suelen ser grupos humanos bastante curiosos. Como los kibbutz, los falansterios, las comunas – comunidades unidas por una ideología compartida. En el caso de Tartessos, su ideología es… peculiar. Tienen una mitología y una dinámica interna que son, básicamente, las de una secta. Pero, a diferencia de la mayor parte de las sectas,  al mismo tiempo consiguen mantener una interfaz con la realidad externa que les permite sobrevivir e incluso medrar política y económicamente. Después de todo, se han asentado en la República de Mondragón.

– Que no es precisamente un santuario para heterodoxos – asintió Anya. – ¿Y qué quiere sacar Cheng de ahí?

Valiñas la miró por encima de las gafas durante un momento, luego volvió a mirar la mesa-pantalla. – No le sé decir, la verdad. Éste es Gebara. – Con un gesto rápido de la mano, amplió una fotografía de un hombre de cuarenta y tantos, más bien cejijunto, contemplando con intensa concentración un mapa aparentemente renacentista.

– Su biografía oficial afirma que nació en un barco mercante mientras su padre tendía líneas transoceánicas para la Free Software Foundation, pero sospechamos que en realidad nació en el 12 de Octubre, donde sus padres eran administrativos. Su apellido real es García Guevara, pero sólo usa su apellido materno – su justificación es que el uso del apellido del padre es opresivo y patriarcal y que se debe regresar a los apellidos matrilineales. En Mondragón les gustan mucho esas cosas. Sus años de juventud son más bien oscuros. Afirma haber combatido en varias guerras centroafricanas, donde supuestamente adquirió un síndrome de stress post-traumático que todavía tiene. Después habría estudiado epidemiología e historia rusa antes de la Descomposición, cuando fundó Tartessos con Isabel Prendes.

Dio otro giro de muñeca e hizo brotar una imagen de una mujer algo más joven, con cara de estar apretando constantemente la mandíbula como si estuviera realizando un esfuerzo supremo. – Llamada Bel por los tartesios. Oficialmente, es la Basilissa – algo así como la Consejera Delegada. Como ya verá, los tartesios tienen toda una jerga propia.

– Sí, ya vi que tienen un glosario en su sitio web. Francamente, pensé que era un vocabulario ritual. Típico de sectas, vamos.

– Oh, lo es. Es la red conceptual que rige cómo los tartesios hacen su vida – todos los aspectos de su vida. O por lo menos, los tartesios de a pie. Y – hizo surgir otra fotografía, ésta de una mujer más morena – ésta es Marisol Gómez. Su cargo es bastante fluctuante, aunque suele tener que ver con asuntos culturales, relaciones institucionales, cosas así, más bien softcore. Viene a ser una especie de comodín en la estructura.

– ¿Comodín?

– Tanto Bel como Marisol son exparejas de Gebara, que es un mujeriego compulsivo. Mantienen posiciones oficiales importantes en la cooperativa. Creemos que entender las dinámicas personales entre ellos es esencial para entender cómo funciona Tartessos. Y la posición de Marisol es básicamente estar para lo que haga falta – si hay algún hueco que llenar, se la envía. No parece una posición muy importante, pero tampoco parecen prescindir de ella. Personalmente – Valiñas se quitó las gafas y se frotó la nariz – personalmente creo que está un poco de mascota. Pero eso es algo que habrá que verificar.

Siguió mostrándole fotografías: Luis Salazar, el industrial retirado que había servido de mecenas de Tartessos en sus principios; el doctor von Storgen, un psiquiatra granadino de origen alemán que estaba a cargo de Recursos Humanos y Coaching; João Silva, el jefe de Programación brasileño, cuya solicitud de asilo político había sido avalada por Gebara; y finalmente, Kepa Lankide.

– ¿Kepa Lankide? – exclamó Anya, asombrada.

Valiñas asintió. – Fue el que dio amparo a los tartesios cuando solicitaron poder establecerse en la República de Mondragón. Oficialmente, Gebara y él son uña y carne. Nosotros sospechamos que Gebara anda detrás su puesto en la República, y que a Lankide los tartesios lo refuerzan políticamente de algún modo. Lo que tenemos que averiguar es cuáles son exactamente las dinámicas ahí.

– ¿Tenemos? – resopló Anya. – Tendré, querrá decir. Vamos, yo y el gorila que me pongan de escolta.

Valiñas se quitó las gafas – parecía tener tendencia a juguetear con ellas cuando asomaba un poco por detrás de su fachada profesional. – ¿No se lo han dicho? Le acompañaré yo.

4

– No me puedo creer que dijerais esto. Peor, que hayáis puesto estas palabras en mi boca.

Estaban conduciendo de camino a Bilbao en una desvencijada furgoneta que contenía todas sus supuestas pertenencias. Juanjo – no tenía sentido seguir llamándose de usted si iban a trabajar juntos – iba al volante. Anya iba revisando en su tablet el blog confesional que teóricamente había escrito como postulante a formar parte de Tartessos. Y no sabía si le podía más la furia o la vergüenza a la vez ajena y propia.

– Por amor de Dios, Juanjo. Esto es de un lameculismo patético. “El zen y el arte del mantenimiento de la motocicleta es un libro bastante denso, pero por suerte el poso acumulado a lo largo de esta vía tartesia y la Tartesopedia me han dado indicaciones para hacer la interpretación correcta y entender cómo contribuye a la conversación sobre una vida interesante y distribuida. ¡Gracias, tartesios!”

Juanjo sonrió. – Sí, me acuerdo de escribir ese post. Luego Gebara dejó un comentario ¿no?

– “¡Gracias a ti, Anya! Se me empañan los ojos… ¡es maravillosa la experiencia de ver cómo nuestros caminantes van recorriendo la vía, añadiendo sus contribuciones, desde la libertad empoderadora del hablar franco y la parresía! ¡Gratis!” – Anya miró a Juanjo. – ¿Gratis? ¿Quiere decir que a veces cobran?

– “Gratis” es “gracias” en tartesicus. Un latín macarrónico que supuestamente hablan entre ellos. Y que vamos a tener que aprender.

– No entiendo. Pero ¿Tartessos no era una ciudad ibérica prerromana? Entonces hablarían ibérico, o si acaso fenicio o griego, supongo.

– Sí, bueno. El ibérico y el fenicio no se conocen. Y el griego es muy difícil. Como el euskera. Viviendo en plena República Independiente de Arrasate, prefieren inventarse un idioma propio que molestarse en aprender el batúa.

– ¿Y cuál es la lógica de eso?

– Aparentemente, que como no hay hablantes nativos es igual de difícil para todos, así que nadie tiene ventaja. – Miró la cara de Anya. – Sí, ya lo sé. No hay por donde cogerlo.

– Pero ¿su entorno? ¿No pretenderán que los no-tartesios aprendan latín inventado?

– Están mal de la cabeza, pero no tanto. No, cuentan con la pequeña trampa – jamás mencionada – de que, después de todo, pese a todos los procesos de euskaldunización intensiva, en la República todo el mundo sigue sabiendo hablar castellano. Pero eso nunca se dice. Y por supuesto, todos los brindis son siempre en euskera y tartesicus.

Anya volvió a la lectura, mascullando “joder, joder, joder”. Leyó unos diez minutos en silencio, y después volvió a bajar la tablet y clavó una mirada heladora en Juanjo.

– Por lo que veo, esencialmente voy a servir de cebo para Gebara. Y no sólo en el sentido intelectual. ¿Me equivoco?

Juanjo hizo una mueca, una mezcla de vergüenza y profundo desagrado. – No, no te equivocas. Eres bastante su tipo.

– ¿Rubia?

– Groupie mona. – Miró a Anya de refilón. – Lo siento. Era estrictamente necesario. Sabemos que las dinámicas tartesias son un reflejo de las dinámicas en su cúpula, que a su vez se rigen de modo casi exclusivo por los cambios de humor de Gebara. Si consigues ganarte su confianza, se generarán cambios internos que nos permitirán estudiar a fondo cómo funcionan.

Anya le miró de hito en hito, en silencio. Juanjo agachó la cabeza, claramente disgustado. Al cabo, dijo: – Siento mucho todo esto, Anya. Sobre todo después de lo que te pasó con Inditex. Pero eres la mejor antropóloga corporativa con diferencia, y realmente te necesitamos en este trabajo. Hubiera preferido que fuera de otro modo. Pero sabes cómo son las dinámicas en este tipo de comunidad sectaria. Siempre.

Anya respiró hondo. – Tensión sexual ¿no?

– A lo bestia. Tartessos tiene estructura de harén, con una jerarquía perfectamente definida. Está el dueño del harén, Gebara. Está la favorita, Bel. Está la mascota. Cualquier hombre o mujer que entre en Tartessos es incorporado de inmediato en ese esquema. Incluso las lesbianas.

– Puedo entender cómo encajan las mujeres – cómo voy a encajar yo. Supongo que la idea es que funcione como agente provocador, desestabilizando la estructura a ver qué pasa. Pero no entiendo muy bien cómo encajan los hombres. ¿Qué papel vas a ocupar tú en ese harén?

Juanjo no apartó la vista de la carretera, con gesto impasible. – ¿Yo? Yo voy a ser un eunuco, claro.

5

Circularon por la meseta prácticamente desierta, escuchando las noticias por la radio. Era un día sin muchas novedades: los preparativos para la cumbre Nueva Al-Andalus de las Taifas Árabes Unidas, incidentes entre palestinos y el ejército egipcio en Gaza, nueva caída del dolar esterlino.

De repente, los megaburdeles empezaron a proliferar a un ritmo alarmante y supieron que se acercaban a la frontera. – Las vascas, ya se sabe. Y desde que los de Mondragón dieron el golpe, mucho más – comentó Juanjo mientras pasaban por delante de un puticlub con un signo enorme de TALDEENTZAKO BEHERAPENAK – DESCUENTOS PARA GRUPOS en la fachada, frente a la cual una larga cola de hombres bajaba de un autobús, txapela en mano.

Pronto llegaron a la frontera de Gorbea. No había demasiado tráfico cruzando bajo la gran señal EUSKAL HERRIA – ARRASATEKO ERREPUBLIKA EKOLOGISTA INDEPENDENTEA , pero al entregarles Juanjo sus visados, los dos guardias se miraron el uno al otro y les indicaron que aparcaran y bajaran.

Les hicieron pasar a un despacho interior. Desde que el gobierno del PNV fuera derrocado, ya no quedaban imágenes de Sabino Arana en lugares públicos, sino que un icono pseudo-naïf de Ama Lur presidía la pequeña estancia (la consagración de la Madre Tierra como representación oficial de Euskal Herria había coincidido con la reconversión de Amaiur en Ama Lur, la intensificación de su programa de soberanía alimentaria, y la creación de campos de reeducación para los que no reciclaran). En Mondragón ostensiblemente no les gustaban las jerarquías ni los uniformes, así que las chaquetas rojas de los ertzainas había sido sustituidas por camisas de leñador, aunque las txapelas rojas, y las pistolas, se habían mantenido.

Un oficial superior echó un vistazo a sus papeles. – ¿Anya Bud…?

– Buddenbrooks – dijo Anya. Aclaró: – Mi abuelo era un fanático de Thomas Mann. Creyó que sería más fácil de pronunciar. – Ante la mirada incrédula del oficial y Juanjo añadió, encogiéndose de hombros: – Su apellido original era Csíkszentmihályi.

El oficial chasqueó la lengua. – Anya Buddenbrooks Rabinovich y Juan José Valiñas Freire. Está claro que  no os han dado el permiso de residencia por tener ancestros vascos. ¿Qué venís a hacer a Euskal Herria?

– Tenemos papeles de trabajo. Nos vamos a incorporar a una cooperativa en Bilbao. Tartessos. – Ante la expresión de falta de reconocimiento e intensa desconfianza del oficial, añadió: – Venimos avalados por Kepa Lankide. Puede llamar si quiere. – Y le tendió una tarjeta.

El oficial abrió los ojos como platos al ver la tarjeta, cruzó miradas con sus subordinados, y sacó su teléfono. Tras conversar unos minutos en euskera – con los ojos más abiertos todavía – colgó y miró a Juanjo y Anya con una expresión completamente distinta, una mezcla de curiosidad y un cierto temor. – Parece que está todo en orden. – Tomó sus visados y los selló, y regresaron al coche ante las miradas silenciosas de los ertzainas.

– ¿Qué ha pasado ahí dentro? – dijo Anya mientras descendían hacia Bilbao. – ¿Qué ha sido eso?

– Eso – contestó Juanjo – ha sido una muestra de la influencia de Lankide aquí. En cualquier otra circunstancia nos habrían mandado a hacer puñetas – particularmente porque creo que ya tienen lleno el cupo de gallegos de este año. Pero ha bastado con una llamada.

Anya permaneció en silencio unos instantes. – Tartessos no les sonaba de nada, aunque en su sitio web se define como una de las principales cooperativas de la República. Y sin embargo, parece que cuentan con el apoyo total de Lankide, hasta para cosas relativamente menores como ésta. ¿De qué va todo esto?

– Eso es lo que venimos a averiguar, Anya – contestó Juanjo. Ya estaban en la cuesta final, bajando hacia la ría, y en la distancia vieron relumbrar en la luz del atardecer la gran estatua dorada y giratoria del Ama Lurren Bihotza. – Y empezamos pronto. Los tartesios nos esperan a cenar.

6

Cruzaron un Bilbao completamente vacío: eran las 8 de la tarde, tarde para las laboriosas costumbres locales, y no se veía ni un alma por las calles. Resultaba difícil creer que aquélla hubiera sido una ciudad industrial y portuaria alguna vez, con sus aceras impolutas, sus áreas ergonómicas de juegos de niños y mayores (fabricadas de materiales reciclados), y sus prístinas fachadas, sólo violentadas por alguna pintada ocasional: GORA BERMEO ASKATUTA. BIKAITAR ERRESISTENTZIA. Encartaciones Libres YA. DEVOLVEDNOS LOS FUEROS, CABRONES.

Los tartesios tenían su sede en un caserío en la ladera del monte Artxanda. Atravesaron la plaza de Euskal Herria y el puente de Deusto, por encima de la ría cubierta por una bruma fantasmal, y subieron monte arriba. Durante un tiempo que se les hizo eterno, condujeron por estrechas carreteras que serpenteaban penetrando en el bosque, cuya oscuridad parecía oprimir contra los cristales, con los faros zigzagueando frenéticamente sobre el asfalto.

– En cualquier momento aparece un comando berezi redivivo – murmuró Juanjo, que empezaba a mostrar síntomas de preocupación.

– ¿Qué?

– Nada. Historia antigua.

En cualquier otra circunstancia hubieran llamado para pedir ayuda, pero los tartesios eran fóbicos a la telefonía y se preciaban de no utilizar móviles ni tablets, sino tan sólo portátiles de teclado que se fabricaban ellos mismos en una impresora 3D casera (ya que cada vez los portátiles eran más difíciles de encontrar en el mercado, y menos de una compañía que les pareciera tolerable). Tampoco era posible mandarles un mensaje desde la tablet, ya que no disponían de ningún servicio de mensajería como Whatsapp o Whatsnu porque consideraban que estaban centralizados.

Finalmente, tras pararse varias veces y consultar el mapa que habían impreso (el navegador estaba completamente desubicado en aquella oscuridad frondosa), dieron marcha atrás, encontraron una carretera de grava que se salía de la principal, y llegaron a un camino de tierra que terminaba en una verja. A cada lado de la verja se alzaba un pilar de piedra con una figura esculpida encima: en la luz de los faros, pudieron ver que eran una especie de esfinges, dos figuras de animales cuadrúpedos tumbados, alados y con cabezas claramente humanas. En mitad de la verja, un letrero mostraba una estrella de ocho puntas, como dos cuadrados ensamblados, con la silueta de una trirreme o galera en el centro.

Juanjo apagó el motor pero mantuvo las luces encendidas unos momentos. – ¿Lista? – Anya asintió. – No te olvides. Todas las notas en cuaderno, escritas a mano por la noche, y ocultas en algún lugar seguro. Yo tengo el pincho para la conexión cifrada en el maletín del portátil. Ya nos las apañaremos para encontrar momentos para conectar con el exterior. – Sonrió una sonrisa ladeada, e inesperadamente le apretó la mano. – Ánimo. Suerte y al toro.

Cuando salieron del coche ya habían  detectado su presencia dentro, y un haz de luz iluminó el camino según alguien abría una puerta y bajaba hasta la verja. – ¡Hola hola hola! – sonó una voz de mujer.

Se acercaron a la verja y se encontraron con Bel, envuelta en una especie de chal o rebozo, sonriendo de oreja a oreja. – ¡Hola chicos! ¡Qué alegría conoceros por fin! Pasad, pasad, os estábamos esperando hace rato ya. ¿Tuvisteis buen viaje? ¿Traéis mucho equipaje?

Subieron por un sendero hasta la entrada del caserío, que estaba algo más en alto, mientras Bel iba charloteando. – Bienvenidos a nuestro Baserri Tartessos, o a nuestro caserío glam, como lo llama Ismael. Es que por menos de lo que nos costaba un piso abajo en Bilbao encontramos esto, que es más como un kibbutz, que es lo que nos gusta, y podemos tener además nuestro huerto tartesio, nuestra terracita que es un gusto cuando le da el solecito los domingos para tomar el vermú…

Por fin llegaron al haz de luz de la puerta de entrada. Que de pronto quedó tapado por la silueta de un hombre plantado en mitad de la puerta, con los brazos abiertos, bramando.

– ¡Chicoooooooooooooos!

La figura osuna de Gebara se abalanzó sobre ellos, abrazándolos y – en el caso de Anya – alzándoles en vilo. – ¡Qué alegría, chicos! ¡Bonvenitus sotus! ¡Qué ganas teníamos de conoceros por fin! ¡Pasad, pasad!

Entraron a un salón frío iluminado por velas, salpicado de pufs, sillones bajos algo desvencijados, y, al fondo, una mesa larga de reuniones flanqueada por sillas. Varias cabezas se giraron a mirarles, y una mujer bajó por  las escaleras al fondo. Marisol o, como Anya y Juanjo ya se referían sistemáticamente a ella – no podían evitarlo, pese a ser mala práctica antropológica – la Mascota.

– A Bel ya la conocéis, ésta es Marisol – la Mascota torció el gesto como saludo – y éstos son João, Sandra, y Xuan. Adolfo no está ahora mismo porque estuvo dando un seminario en la Universidad de los Gorbals, pero regresa mañana y os pone al día de todo. Luego están nuestros piesenpolvorosa, nuestros aprendices, pero ellos vienen a trabajar durante el día, y por la noche bajan a su nido en Bilbao.

Las otras tres personas se habían levantado y se aproximaron saludarles. João era un gigante moreno con cara de torta que parecía no decir nada más que “Sí” a todo con una sonrisa de pasmarote. Sandra y Xuan, de los que Anya no había oído hablar y que no figuraban en el sitio web tartesio, le interesaron más.

– ¡Espero que tengáis hambre, chicos! Porque os hemos preparado algunas de nuestras especialidades tartesias: nuestro famoso pollo Abraham Abulafia y nuestro marmitako, porque aquí dirán lo que quieran pero no tienen ni idea de hacerlo…

Ismael les pasó un brazo a cada uno por la espalda y se encaminó con ellos hacia la cocina mientras Bel explicaba entusiasta cómo se hacían su propio pan ellos con una panificadora que se habían impreso con unos diseños de una cooperativa murciana porque en la panadería local eran unos ladrones “y la gente, claro, es que van a primera hora y te encuentras unas peleas por las últimas barras que es alucinante, las viejas, cómo son las viejas vascas, bueno y las no tan viejas…”

– Tenemos nuestro equipaje en el coche – recordó Anya entonces, deseosa de zafarse de la zarpa de Gebara. Pero Bel, sin volverse, dijo: – No te preocupes. Ya te ocupas tú, ¿verdad, Marisol?

7

El pollo Abulafia era por lo visto un simple pollo con pimientos. Pero Gebara les explicó, con todo lujo de detalles, que los tartesios habían desarrollado una gastronomía pero no una cocina ni un recetario, porque las cocinas, como la francesa, eran nacionales pero las gastronomías, como la vasca, eran propias de comunidades actuales (no explicó qué pasaba con los recetarios).

Anya aprovechó para hacer la pregunta de pelota de la clase: – Sí, lo de la comunidad actual me interesa muchísimo. ¿Cómo os las apañáis para mantenerlo viviendo dentro de un Estado?

Gebara sonrío ampliamente, con cara de “me alegro de que me hagas esa pregunta”. – Claro, no ves, la comunidad actual no es actual en el tiempo, es actual como en griego, actual frente a potencial. Lo potencial es lo abstracto, lo que podría ser, lo actual es lo que sucede de veras, lo concreto.Y nosotros vivimos en lo concreto, no como los Estados y otras instituciones que se basan en pilares abstractos y por tanto irreales. ¿Sabías que no podemos tener relaciones genuinas con más de 23 personas por día?

Anya parpadeó. – ¿23?

– Sí, está científicamente demostrado. Los seres humanos sólo podemos hablar con 23 personas, después todo se convierte en lo mismo, es el límite de nuestra memoria afectiva. Es el número de Carrey. Pero, en cuanto a tu pregunta, pues nosotros vendemos lo que producimos y compramos lo que necesitamos, creamos algunas tecnologías y compramos otras, como cualquier otro en el mercado. Pero somos reales, somos actuales, no como esas ilusiones con las que interactúa la gente todos los días. Y hacemos esfuerzos diarios por mantener la existencia de nuestra comunidad.

Bel se acerco a llenar sus vasos de vino. – No, gracias – Juanjo tapó el suyo con la mano. – Prefiero agua por la noche.

De inmediato, Bel y Gebara fruncieron el ceño. – ¿Agua? – dijo Gebara. – El agua no es una bebida social. En realidad, bebemos vino y café porque son alimentos sociales, que crean comunidad actual. Son un símbolo, una metáfora. No es tanto porque nos guste o nos deje de gustar. Es para compartir la vida, disfrutar del gusto de estar juntos.

Juanjo, amilanado por la reacción inesperada, sólo pudo musitar: – Ah, entiendo. Ponme vino entonces. Gracias.

Sí, y supongo que los alcohólicos son sólo super extrovertidos, pensó Anya para sí, pero sonrió y tendió el vaso para que se lo llenara.

– Pero ¿no es un problema tener que interactuar a diario con estructuras tan distintas a la vuestra? ¿Con gente que no os entiende? – insistió ella.

Gebara sonrió como se sonríe a un niño que no entiende. – Noooo, tontita. Verás, yo te lo explico. Nosotros no queremos que nos entiendan, no queremos universalizar nuestras ideas y nuestros valores a todo el mundo. ¿Para qué? Pero eso no impide que podamos comerciar con ellos siempre que nos dejen en paz para ser quiénes somos. – Gebara ya tenía un tono algo aniñado, pero ahora se puso particularmente blandito – a Anya le recordó a los anuncios muy antiguos del Osito Mimosín. Un Osito Mimosín paternalista.

– El pollo buenísimo, Marisol – le alabó Gebara a la Mascota, que inmediatamente sonrió de oreja a oreja y se sonrojó como una colegiala: – Ay, muchas gracias, Ismael… Si no ha sido nada… – Se levantó a recoger los platos, y Juanjo hizo amago de levantarse a ayudarla.

– Deja, deja – le puso la mano en el brazo Bel. – Que sois los comensales de honor hoy. ¡Un brindis por los futuros hermanos! ¡Vita longa i prosperemus!

– ¡VITA LONGA I PROSPEREMUS! – exclamaron todos – salvo, se fijó Anya, Sandra y Xuan, que boquearon las palabras con una notable cara de circunstancias.

– Ésa es nuestra Basilissa – dijo Gebara, henchido de orgullo. – ¿No es magnífica? Nuestra Basilissa es el alma de Tartessos, como ya os daréis cuenta. – Detrás de él, mientras recogía los platos, la cara de culo de la Mascota era espectacular.

Pusieron el marmitako en el centro de la mesa y la Basilissa empezó a servir – un orden claramente jerárquico, notó Anya. Empezó por ella y Juanjo, después sirvió a Gebara, a la Mascota, a sí misma, a João, y finalmente a Sandra y Xuan. Los platos se pasaban ceremoniosamente, en un orden predispuesto, contrario a las agujas del reloj – nada de pasarse los platos por mitad de la mesa. Anya no paraba de tomar notas mentales. Y las patatas están duras.

– Bien, entonces el plan para mañana es: Bel y yo tenemos que bajar mañana a Bilbao a unos asuntos, pero Marisol os puede enseñar el baserri y cómo funciona todo, y presentaros a los piesenpolvorosa. Por la tarde tendréis sesión introductoria con Adolfo.

– ¿Sesión? – tosió Juanjo.

– Sí – sonrió Gebara. – No os preocupéis, no va a ser nada intensivo. Adolfo está a cargo de recursos humanos y es nuestro coach y asesor psicológico, así que se encarga de charlar con los nuevos según llegan para ir viendo cómo evolucionan y echarles una mano. Y hacer terapia con ellos si hace falta.

Bel rió ante las caras de Juanjo y Anya – ¡No os preocupéis, si aquí hacemos terapia todos! Con Adolfo tenemos sesiones todos, Marisol, yo, João. Bueno, Ismael no, porque él ya resolvió todo lo suyo hace mucho tiempo…

– Pero nada raro, nada freudiano de hablar de vuestro padre ni cosas así ¿eh? Quita, quita – dijo Gebara. – Son sólo técnicas para una vida mejor, para el empoderamiento con respecto a vosotros mismos como miembros de una comunidad actual. En realidad es un hackeo mental.

Juanjo y Anya se miraron por un instante, desconcertados. Pero la Mascota rompió su desconcierto bruscamente, vertiendo en su plato un cucharón de una salsa entre grisácea y verdosa, de aspecto repugnante, que apestaba a algo parecido a pescado podrido. – ¿No te gusta? – escupió. – Es nuestra especialidad, lo que mejor hacemos. Es garum.

8

Tras las patatas duras del marmitako, vinieron una fuente enorme de alfajores, chocolates, y dulces, café, copa, y puro. De nuevo, tuvieron que probar de todo, ya que los tartesios parecían considerar que la comida y el tabaco no eran de hecho comida y tabaco con sabores e ingredientes químicos reales, sino meras excusas para socializar. – Es como elgarum – pontificó Gebara. – Era la base de toda una red comercial en el Mediterráneo en tiempos romanos que implicaba a miles de personas. Pero no era tanto una cuestión del producto en sí, sino que era una excusa para establecer redes. En realidad el garum no es una salsa, sino una metáfora. – Pues vaya mierda de metáfora, pensó Anya.

Estaban ya recogiendo cuando João, que había desaparecido un momento, regresó a la cocina, con la cara muy blanca. – Ismael, Ismael. Fernando ha dejado un comentario en el blog enlazando a la página de la TartessosWatch.

A Ismael se le demudó el rostro. – ¡BÓRRALO INMEDIATAMENTE! ¡YA! ¡JODER! ¿ES QUE TENGO QUE DECIRLO YO TODO EN ESTA CASA?

– Pero es que Fernando es amigo… – se atrevió a replicar João.

– ¡ME LA SUDA QUE SEA AMIGO! ¡NO VOY A PERMITIR QUE APAREZCAN ENLACES A ESOS HIJOS DE PUTA DESDE MI BLOG! ¡BÓRRALO YA! ¡YA!

De inmediato, Bel y Marisol se apresuraron hacia Ismael, tratando de aplacarle y convencerle.

– Pero Ismael, la Posta de Tartessos pretende ser un baluarte de la libertad en las redes y las libertades civiles.. No podemos censurar los comentarios así como así – imploró Bel.

– Y además, Fernando es amigo. No podemos hacerle ese feo. Queda mal. Parece que estamos borrando un comentario porque no nos gusta – añadió Marisol.

– ¡Fernando le está haciendo el juego al Enemigo! ¡Al Enemigo! ¡Con todo lo que yo he hecho por él y así me lo paga!  ¡Es un desagradecido y un traidor!

Gebara iba poniéndose cada vez más y más rojo, y gritando más. El contraste con el Osito Mimosín que había sido toda la velada no podía ser más grotesco. El cuadro era un espectáculo: Bel y Marisol acuclilladas junto a la silla de Ismael como las meninas en el cuadro, mientras Gebara bramaba y hacía aspavientos y escupía; João temblando como una hoja en el umbral de la puerta; y Xuan y Sandra contemplándolo todo impávidos. Y la furia de Gebara que iba cada vez a más: Anya pensó que en cualquier momento se iba a tirar al suelo y empezar a morder las alfombras.

– ¿O sea, que entre Fernando y yo, elegís a Fernando? – gritaba exaltado.

– No, no, Ismael, no es eso… Que no es eso, de verdad…

– ¡Quieren destruir la obra de toda una vida! ¿No os parece hermosa la vida que estamos construyendo juntos? ¡En esta casa magnífica, que es un lujo! ¡Compartiendo y disfrutando de la buena mesa! Viviendo la verdadera democracia horizontal cooperativista. ¡Y en un momento tan delicado como éste, Fernando quiere abrir una brecha!

– Ismael, a lo mejor lo hizo sin darse cuenta… – dijo Bel, compungida.

– Lo que pasa es que es tonto. Claro, ¿qué podemos esperar de alguien que programa en Python? Es el lenguaje de programación para los niños de papá de clase media que quieren jugar a rebeldes del software libre, como él, que quiere quedar bien con nosotros y con el Enemigo.

– La TartessosWatch es un blog crítico con Ismael – murmuró Sandra al oído de Anya. – Están baneados de todas las redes tartesias, pero de vez en cuando se cuela algo.

Se retiraron con Xuan, Sandra, y João al salón – que estaba helado: los tartesios no parecían usar calefacción – mientras Bel y Marisol trataban de calmar a Gebara. Tras un rato incómodamente largo, los tres emergieron de la cocina: Gebara todavía con cara de niño enrabietado, Bel y Marisol pálidas y tensas. – João – dijo Bel. – Haz el favor de eliminar el comentario de Fernando, por favor.

***

Los dormitorios estaban en la planta de arriba, a lo largo de un estrecho pasillo. Bel les mostró sus respectivas habitaciones, que quedaban bastante alejadas la una de la otra.

– Ah, pero… ¿no dormís juntos? – dijo la Mascota, que iba detrás de ellos. – ¿No sois pareja?

– No – respondió Anya. – Nos conocimos haciendo la vía tartesia y vinimos a la vez porque los dos vivíamos en Madrid. Pero nada más.

El rostro de Marisol se ensombreció y miró a Anya con cierto recelo. – Ah.

– Bueno, que durmáis bien – dijo Bel con animación forzada. – Mañana tenéis un día intenso.

Anya pasó a su habitación. Una luz de neón en el techo, una cama estrecha de aluminio, y unos cajones. Habían dejado su bolsa sobre la cama. Fue a salir un momento al pasillo para hablar con Juanjo, y al ir a apagar la luz, el interruptor se salió de su cajetín y quedó colgando.

– Ah, no te preocupes – dijo João, que estaba pasando. – Ya lo arreglamos mañana.

Se acercó a la puerta de Juanjo, que tenía un dormitorio similar. Al final del pasillo, Bel y Marisol estaban mirándoles, así que prefirió no quedarse mucho. – Bueno, que descanses. Mañana hablamos.

Juanjo sonrío levemente y miró a Anya con ironía. – Sí, creo que tenemos bastante de qué hablar – dijo en voz baja.

Anya regresó a su habitación y cerró la puerta. Estaba ya en camiseta y leggings cuando se dio cuenta de que se había dejado el móvil abajo. Abrió la puerta, e iba a salir al pasillo cuando oyó a alguien hablando en la esquina de la escalera. Bel y Gebara.

Asomó la cabeza. Estaban frente a frente, Bel frotándole el brazo con cariño, Gebara todavía con la expresión de crío cabreado, pero que iba ablandándose. Y estaban hablando como niños, con la voz aguda de antes y un ceceo artificioso:

– Que de quiedo mucho mucho mucho, chiquipún – decía Bel.

– ¿De veddad?

– De veddad de veddad.

– Yo tabbién de quiedo, chiquipuna.

– No te enfades así, que te quedemoz todoz. Edez nuestro chiquipún.

– Ya lo zé, ez que a vecez me enfado… ¿Me daz bezitoz?

Anya cerró la puerta lo más sigilosamente que pudo, y sacó el cuaderno de notas.

9

A primera hora, Juanjo y Anya bajaron a desayunar. Gebara y Bel estaban sentados a la mesa, sonriendo y haciendo chistes como si no hubiera pasado nada. Tenían una reunión en la cooperativa de Kepa Lankide, y estaban de un humor excelente (¿postcoital? se preguntó Anya), zampando unas tostadas de pan con tomate bastante poco vascas.

– ¿Bajáis en coche? – preguntó Juanjo.

– ¿Coche? – respondió Gebara. – Quita, quita. El coche es un símbolo de la clase media aspiracional, junto con la hipoteca de la casa, las vacaciones, la ropa. ¿Para qué quieres comprarte un coche? Si sinceramente prefieres el ArtKlass con toda su ironía contenida a la Torre Iberdrola, probablemente encuentres más atractivo un coche compartido que un Lexus híbrido, un confortable kibbutz urbano a un loft decorado como en una pesadilla espacial de Kubrick. Y lo que es más importante, considerarás los excesos de la moda, los gastos extravagantes o las inversiones enloquecidas como una pérdida de tiempo. Ni siquiera como una aberración. Por lo general, no te indignarán, simplemente te parecerán fuera de lugar. Hay gente a la que le hace feliz eso, por supuesto – bajo su supuesta tolerancia, su expresión denotaba: imbéciles. – Pero en Tartessos pensamos de otro modo.

– Sí – sonrió Bel. – A nosotros nos interesa tener una vida interesante. Y una vida interesante no es cuestión de tener un coche o signos de status. Es básicamente el gusto por estar juntos. ¿Qué más se le puede pedir a la vida?

¿Poder coger el coche para irte por ahí cuando quieras? pensó Anya.

Gebara y Bel iban a coger el autobús de las ocho y media que pasaba por la carretera. – Marisol os enseñará un poco todo. ¡Bonux dias y bonus provectus! – se despidieron.

La Mascota estaba sentada en uno de los pufs del salón, pintándose las uñas de azul petróleo y escuchando la canción de Titanic en un bucle en su portátil. Levantó la cabeza. – Os tengo que enseñar las cosas ¿no? – Y se levantó sin mucho entusiasmo.

– Éste es el salón, obviamente. – Ahora, con la luz de la mañana, Anya se dio cuenta de que tenía un aspecto mucho más desastrado de lo que le había parecido por la noche. Los muebles parecían avejentados, de segunda mano, como comprados en un rastrillo: el sillón hundido, los cojines rasgados, las mesas con esquinas rotas. Y polvo, papeles, envoltorios de dulces por todas partes. Había en general una sensación de dejadez, como si nadie se molestara nunca en reparar ni limpiar nada. Curioso para una empresa puntera y de éxito. 

– Ahí está la mesa de juntas – continuó la Mascota, señalando hacia la larga mesa al fondo. Y ahí está nuestra enseña. – Se dirigió hacia la mesa. Colgada de la pared había una especie de bandera con los símbolos de la esfinge y la trirreme que habían visto en la verja la noche antes. – Ése es el Pendón Tartesio – dijo con reverencia. – Lo instalamos en cada una de nuestras sedes, en una ceremonia.

– ¿Vuestras sedes? ¿Es que hay más?

– Bueno, hace tiempo compramos una casa en Cerdeña. Yo me ocupé de toda la operación y firmé todos los papeles, y está a mi nombre – dijo la Mascota con orgullo. – Esperamos que pronto se estabilicen las cosas aquí y podamos empezar a hacer el Arrastre.

– ¿El Arrastre?

– Sí, del latín rastrum, que dice Ismael que seguramente tiene que ver con rostrum, a la vez cara y podio – osea, sería nuestro modo de dar la cara al mundo dejando nuestro rastro. La idea es que los tartesios hagamos el arrastre continuamente, viajando entre todas nuestras sedes, de modo que siempre haya alguien en cada sede tartesia. Los tartesios hacemosballets sobre el mapa del mundo – arrastrándonos. – Volvió la atención a la mesa de juntas. – Ésta es la Mesa Tartesia, donde nos sentamos los hermanos cofrades. Pero por supuesto, vosotros no empezaréis por aquí, porque sois postulantes. Venid.

Les guió hacia una habitación más grande, donde había tres chavales de unos dieciocho años charlando en inglés. – ¡Coño, cómo os lo tengo que decir! ¡En inglés no! – Los chicos se callaron y miraron a la Mascota con cierta aprensión. – Son los piesenpolvorosa – es una beca educativa financiada por el Gobierno de la República para atraer a jóvenes europeos que gestionamos nosotros. Ahora los pongo a picar datos. Lo más difícil es convencerles para que aprendan tartesicus y euskera. ¡No sé por qué todos se empeñan en hablar en inglés, de verdad!

Cruzaron a través de la sala a una habitación más pequeña, sin ventanas, donde estaban Sandra y Xuan trabajando en sendos portátiles. – Trabajaréis aquí. Trajistéis portátiles, ¿no? Bueno, habrá que configurarlos para conectaros a la red común. Y por supuesto, habrá que alojar vuestros blogs en nuestro servidor. Para incluirlos en nuestra feed, claro. Ocúpate tú de eso, Xuan.

Anya estaba por hacer una pregunta, cuando oyeron a alguien entrar por la puerta principal.

– ¡¡¡Chico-os!!! ¡Hola-a! ¿Cómo están? ¿Dónde están?  – sonó una voz de mujer con acento latinoamericano. La Mascota frunció el ceño aun más. Y por la puerta entró una versión menos agraciada de Paulina Rubio, ataviada con un poncho y arrastrando una maleta de mano.

– Adriana – masculló la Mascota a través de una sonrisa forzada. – No te esperábamos tan pronto.

– ¡Y pues, no sabes lo ABURRIDA que estaba Suiza! ¡Ya yo echaba de menos a mis cuates tartesios! – Abrazó y besó efusivamente a la Mascota, ignoró por completo a Sandra y Xuan, y le echó un vistazo a Anya y Juanjo. Sobre todo a Anya. – ¿Y pues quiénes son éstos?

– Anya y Juanjo, nuestros últimos postulantes. Les estaba enseñando dónde van a trabajar.

Adriana decidió ignorarles también. – Pero déme de desayunar, manita, que muero de hambre… ¿Dónde está Ismael? – Y ambas mujeres salieron hacia la cocina.

Anya y Juanjo miraron a Sandra y Xuan, perplejos. – Adriana Velázquez – dijo Sandra. – Hija de un terrateniente mexicano amigo íntimo de Slim Jr. La familia tiene la nacionalidad suiza por motivos obvios. Ella se pasa media vida en Europa porque tiene conciencia social y no se siente realizada con sus privilegios en México, así que va y viene entre Tartessos y Zurich. – El tono seco de Sandra era inconfundiblemente sarcástico.

– Sí, a Adriana le gusta venir al caserío a… realizarse. Con Ismael. A realizarse mucho con Ismael  – añadió Xuan con su suave acento asturiano.

– ¿Oh? ¿También vive en el caserío?

Sandra y Xuan se echaron a reír a carcajadas. – ¿Adriana vivir aquí? Ni de coña. Su papá le compró un piso en Bilbao, por supuesto.

En ese momento, regresó la Mascota, cuyo humor claramente había empeorado aun más en pocos minutos. – ¡Xuan! ¿Qué te dije? ¿Estás ocupándote de regularizar a los nuevos o estás comiéndote los mocos con tus chorradas de programación como de costumbre?

– Estaba terminando este informe para hoy, Marisol. Ahora me ocupo.

– A ver si es verdad, que aquí estamos para currar, ¿eh? – escupió la Mascota, y salió de nuevo. – Adriana ¿me trajiste el esmalte de uñas que te pedí?

Xuan y Sandra se miraron con la expresión de quien ha visto algo mil veces y cada vez le resulta más irritante. Y algo más, creyó detectar Anya.

Xuan sacudió la cabeza levemente. – Más fata que el que dio-y comer les pites pel culu.

PARTE II – EL ARTE DE JUGAR A LAS DAMAS

1

Habían bajado sus portátiles para que Xuan los conectara a la red cuando João apareció y dijo que se haría cargo. – Después de todo, yo soy el ingeniero de sistemas.

– Sí, claro – murmuró Xuan sin que João le oyera. – Después de todo, yo sólo llevo diez años programando.

João tomó los portátiles y comenzó a configurarlos. – Vale… Bien… La idea es que quedéis conectados a la red de tal modo que podáis mostrar en qué estáis trabajando y qué estáis leyendo en cualquier momento.

– ¿Ah? ¿Todos podemos ver lo que los demás están haciendo? – preguntó Juanjo.

– Bueno, no, en realidad, lo puede ver el administrador.

– ¿Y quién es el administrador?

– Bueno… Ismael. – Tecleó algo más. – Vale, éstos son vuestros emails oficiales de Tartessos: anya@postulantia.coop y juanjo@postulantia.coop.

– ¿Postulantia?

– Sí, bueno, es que los postulantes no tienen email de Tartessos hasta que se vuelven cofrades.

– ¿Y quiénes son cofrades?

– Bueno, Ismael, Bel, y Maribel, claro. Me han prometido que este año me harán cofrade a mí también – dijo con orgullo.

– Ah. ¿Llevas mucho en Tartessos?

João agachó algo la cabeza. – Bueno, quince años. Pero este año ya va a tocar, seguro.

Por el rabillo del ojo, Anya vio cómo Sandra enarcaba las cejas con gesto de exasperación.

– Bueno, vale. Luego tendríais que integrar vuestros blogs en nuestra feed. Osea, pasar vuestros blogs a anya.tartessos.coop y juanjo.tartessos.coop.

A espaldas de João, Sandra y Xuan negaron exageradamente con la cabeza, boqueando “¡NO! ¡NO!”

– Erm… vale – le dio largas Juanjo. – El tema es que no tenemos los datos aquí ahora mismo. Te los pasamos luego ¿vale?

– Bueno…

Después de pedirle ayuda a Xuan unas tres o cuatro veces, João terminó y salió de la habitación. Miraron a Sandra y Xuan con gesto interrogante. – Ni se os ocurra pasar vuestros blogs al dominio tartesio – siseó Sandra. – Está todo a nombre de Ismael. Si os váis, no podréis llevároslos.

Xuan asintió. – Ismael es el administrador de todo el sistema. Los comentarios en los blogs pasan directamente por él, así que él decide a quién banea y a quién deja comentar. Puede leer los emails de todo el mundo. Y puede ver qué están haciendo y leyendo todos en cualquier momento.

Sandra hizo un gesto con la barbilla, indicando un objeto negro en lo alto de una estantería. – Cámara. Sin sonido, creemos. Están por todo el caserío, conectadas al despacho de Ismael, en el ático. Así que tened cuidado con lo que hacéis y decís. – Ante la expresión de Anya y Juanjo, añadió: – Xuan y yo no nos quedaremos mucho más tiempo.

– ¿Y eso?

– Cuando bajemos a Bilbao hablamos, pero no aquí. Si es que os dejan quedaros a solas con nosotros – añadió apresuradamente según entraba João. Que apenas había abierto la boca para decir algo cuando oyeron un portazo y a Gebara vociferando en la entrada:

– ¡¡¡HIJOS DE PUTA!!! ¿PERO QUIÉNES SE HAN CREÍDO QUE SON? ¡HACERNOS ESTO A NOSOTROS! ¡A NOSOTROS!

Salieron al salón para encontrarse con un espectáculo semejante al de la noche anterior, sólo que en esta ocasión Bel parecía igualmente cabreada.

– ¡Hijos de puta! ¡No saben con quiénes están hablando! ¿Cómo se atreven a tratarnos así?

João, pálido por temor a que le cayera algo a él, se atrevió a preguntar: – ¿Qué pasó?

– ¿QUÉ PASÓ? ¡QUE EL CABRONAZO DE LANKIDE PRETENDE QUE LE DESGLOSEMOS LAS FACTURAS! ¡DESGLOSAR LAS FACTURAS! ¡DESPUÉS DE TODO LO QUE HEMOS HECHO POR ÉL! ¿DÓNDE ESTARÍA ÉL SI NO HUBIÉRAMOS RESCATADO SU MIERDA DE COOPERATIVA?

– Como si fuéramos unos consultores vulgares y corrientes – dijo Bel con extremo desprecio. – Como si tuviéramos que… rendir cuentas. ¿Pero de qué va? ¿No se da cuenta de que nos necesita?

La Mascota y Adriana, que habían desaparecido en un piso superior, aparecieron corriendo por las escaleras, agitando las manos. Anya creyó que estaban haciendo un gesto de “¡hala!” como el que hacen los niños, hasta que se dio cuenta de que se habían estado pintando las uñas. – ¿Qué pasa, qué pasa?

– Pasa que el hijo de puta de Lankide nos está jodiendo el plan con el Gobierno – dijo Bel torvamente sin siquiera reconocer la presencia de Adriana. Su mirada se volvió acerada. – No olvidaremos esta traición. ¿Por quién nos ha tomado? ¿Os lo podéis creer? En un momento dado, nos preguntaron que qué podíamos hacer los tartesios por su comunidad. Obviamente, les respondí que qué podía hacer su comunidad por los tartesios.

El gesto de Gebara se ablandó, algo. – Sublime, estuvo sublime. En algo se nota que Bel es nuestra Bassilissa.

– Tenemos que ponernos a trabajar de inmediato.- dijo Bel con un brillo fanático en los ojos. – No te preocupes, Ismael. No olvidaremos esto. Jamás.

2

NOTAS DE CAMPO – ANYA BUDDENBROOKS

Baserri Tartessos – Semana 1

Primera semana en el caserío. Se confirman nuestras hipótesis iniciales sobre la estructura de (a) secta (comprobar la naturaleza de la creencia: ¿religiosa, ideológica, y/o de otro tipo? y (b) harén (jerarquía de macho alfa, hembra alfa, hembras beta, y machos omicron).

Oportunidad de observar la estructura del grupo bajo crisis. Aparentemente, existe una dependencia no deseada de un elemento externo al grupo (Kepa Lankide y la Lankide Elkartea, indirectamente el Gobierno de la República de Mondragón) que resulta extremadamente desestabilizadora cuando no se comporta según lo esperado – en esta ocasión: reclamar desglose de facturas por servicios prestados. El grupo observado considera que la petición de rendir cuentas es un insulto. (Investigar complejo de superioridad a nivel grupal derivado de sentimiento de insuficiencia e inseguridad del líder). Según lo esperado, el discurso del líder es replicado, con frecuencia de modo literal, por sus seguidores: así, si Gebara afirma que Kepa Lankide y su cooperativa “son unos ladrones”, el grupo acaba repitiendo en poco tiempo que son unos ladrones e indignándose en nombre de su líder y suyo propio (adopción de creencia delirante). La hembra alfa (Bel) desempeña un papel de “perro pastor” en esta dinámica: mientras que Gebara no se “mancha” muchos las manos con sus seguidores, ella es la encargada de mantener al grupo en cintura, controlando las disensiones y reforzando la “línea de partido” a seguir. Bajo su aparente fragilidad y educación, funciona como la “comisaria política” del grupo (cf. Goebbels frente a Hitler).

La respuesta a la crisis (bajo el eslógan de la “venganza” y “no olvidaremos”) consistió en poner más énfasis en un proyecto actual, Phantomaki, aparentemente una empresa de “inteligencia de fuente abierta” que está siendo subvencionada por la Lankide Elkartea y/o el Gobierno de Mondragón ( las fuentes de financiación y en general todos los asuntos económicos se mantienen muy oscuros en el seno del grupo: aunque Gebara se precia de la riqueza generada por el grupo y su espectacular progreso, la falta de medios materiales e incluso mezquindad en cuestiones aparentemente muy menores resulta llamativa, e.g. el interruptor de mi cuarto sigue con los cables al aire, y nadie parece tener la menor intención de hacer nada al respecto).

En general, no está muy claro cuál es el propósito de Phantomaki, que básicamente parece ser un servicio de recortes de prensa digital. Aparentemente, la idea general vino sugerida a Gebara por el visionado de una película, “Los tres días del Cóndor“, que le hizo desear emular a su protagonista (cf. imaginería de Robert Redford: mujeres, papel “clave” en la política, mística del espionaje, autosuficiencia, atractivo sexual). Los tartesios le otorgan una importancia mucho mayor de la que en principio pareciera tener por sentido común, afirmando que es “estratégico” y “va a cambiar la diplomacia corporativa (sic) tal como la conocemos”. En principio, parece un modo de colocar a João, que no tiene gran cosa que hacer en el grupo por  motivos relativamente obvios, y a quien Gebara claramente no tiene ninguna intención de convertir en miembro de la cúpula directiva.

A tener en cuenta: la intensa anglofobia del grupo. Prácticamente no se emplean fuentes de habla inglesa para elaborar los resúmenes de noticias de Phantomaki, se prohíbe a los piesenpolvorosa utilizar el inglés como lengua vehicular, y en general cualquier mención a los países de habla inglesa o figuras procedentes de ellos (salvo contadas excepciones que forman parte del panteón personal de Gebara, como Lawrence de Arabia) es recibida con burlas y críticas a la persona que la realiza. Posible origen a investigar en la historia de Gebara:  falta de reconocimiento en el mundo de hablar inglesa (intentos fallidos de penetración de Tartessos en el Reino Unido y EEEUU) y trauma personal por su incapacidad de hablar inglés con un acento mínimamente comprensible. NB: curiosamente, Gebara pasó tiempo en Inglaterra en su juventud, donde afirma haber estudiado en la Universidad de Oxford y pasado mucho tiempo aprendiendo el idioma en el Norte. Una investigación rápida muestra que hizo un curso de cocina de verano en Oxford y estudió en un academia de idiomas en Hull (i.e. el equivalente cultural a Zamora, aprox.)

3

NOTAS DE CAMPO – JUANJO VALIÑAS

Baserri Tartessos – Semana 1

Sesión de male bonding (establecimiento de vínculos afectivos entre varones) por la noche en Bilbao: Gebara, João, Xuan, y yo (el Dr von Storgen decidió quedarse unos días más en losGorbals haciendo un estudio sobre la frenología del comportamiento delictivo en las clases bajas escocesas). Hice amago de invitar también a los piesenpolvorosa masculinos, pero aparentemente tienen un status muy auxiliar en el grupo y no son considerados interlocutores (i.e. hormigas obreras).. De hecho, incluso son resentidos por su “intrusión” en el caserío y sólo son tolerados como fuente de ingresos en subvenciones y como mano de obra (sumamente) barata).

La sesión de male bonding, desarrollada en un bar de pintxos bastante malo (NOTA AL MARGEN: y ya es complicado encontrar bares de pintxos malos en Bilbao), consistió esencialmente en la impartición de conocimientos por parte de Gebara a sus acólitos. Estos conocimientos fueron principalmente de dos tipos:

(a) La obsesión (reciente) de Gebara con el juego de las damas. Nos estuvo contando su historia, las, según él, sutiles variantes entre las distintas versiones regionales (Las Vauriens, Lasca, Tiers, Shashki, Poddavki, las damas argentinas las damas armenias, etc.) y cómo son un reflejo de las idiosincrasias generadas por el nacionalismo centralista y opresor. Afirmó además que sus múltiples combinaciones sirven para aclarar ideas respecto a la estrategia personal y corporativa, de meditación, e incluso como filosofía vital. CITAS: Es obligatorio comerse al otro. Ése es el meollo; ¿Veis? La dama llega a ser reina moviéndose siempre en diagonal y comiéndose a sus contrincantes. Como en la vida misma. 

Luego comenzó a garabatear diagramas de diversas posiciones en servilletas de papel y confieso que entre los zuritos y la falta de interés del tema, no tengo ni idea de qué estuvo hablando.

(b) El segundo tema de conversación (ya bien avanzados en los zuritos y habiendo pasado al Rioja) fueron las mujeres. Se confirma la estructura de harén del grupo, con el añadido de que los machos omicron (eunucos) obtienen una vivencia vicaria de las hazañas amorosas del macho alfa a través de la narrativa. Gebara empezó hablando de las ventajas de trabajar con mujeres con las que has mantenido una relación. Según él, lo bueno es que “siempre puedes volver a por más si hace falta” (la analogía que dio es la de una gasolinera abierta las 24 horas). Muy borracho ya, afirmó que “el truco consiste en tenerlas siempre con ganas” – con lo cual aparentemente se refería a que en el grupo se mantienen un régimen de abstinencia sexual continua para todos excepto el líder. (NOTA: oficialmente Bel tiene pareja, pero nadie parece haberle visto jamás). Bel fue su principal pareja y sigue siendo la mujer más importante en la estructura (no queda claro si sigue teniendo una función sexual). Gebara mantiene múltiples relaciones y escarceos con mujeres ajenas al grupo, que luego trata de incluir, con mayor o menor grado de resistencia de las mujeres del grupo (existe una larga historia de mujeres que Gebara intentó incluir en Tartessos pero fueron sonoros fracasos: descritas como “esas putas”).

La última adquisición fue Adriana. Al preguntarle, afirmó: Ya sé que es un cardo y no tiene medio polvo, pero nos conviene. Además, las chicas inseguras son mucho más fáciles y puedes hacer lo que quieras. 

También se confirma nuestra hipótesis de que Maribel cumple un papel de “rueda de repuesto”: su descripción de ella fue Siempre está si no hay otra cosa mejor. 

Mencionó además su historial de divorcios (2), y, como esparábamos, mostró interés claramente sexual por Anya.

La autoexaltación del líder durante la conversación incluyó además la degradación verbal de los demás varones. João (que, aparentemente, tiene una esposa en algún lado) fue objeto de burla por “haberse casado de niño, como todos los panchitos”. Xuan fue objeto de burla por “ser tan patético que no tienes con quien salir y pretendes salir con nosotros siempre y que te resolvamos la vida personal. ¿Qué quieres, que te demos de follar también?” Finalmente, Gebara cuestionó mi orientación sexual, afirmando que soy demasiado amable con las mujeres del grupo, cuestionando si soy homosexual, y diciendo que “tendremos que encontrarte novio… Algún aizkolari fornido”.

La reacción de João fue de total sumisión, incluso llegando a agachar la cabeza. Xuan parecía impávido (Sandra y ella parecen haber adoptado esta actitud sistemáticamente).

NOTA A MANO: porque soy un profesional, pero le hubiera dado de hostias.

4

La exigencia de desglosar las facturas por parte de Lankide pareció arrojar a los tartesios (o al menos a su cúpula directiva) a una espiral de trabajo frenético que no tenía un propósito muy claro, sobre todo en Phantomaki. Al principio, se planteó utilizar a los piesenpolvorosapara aumentar el ritmo de trabajo, pero aparentemente las condiciones de la beca lo impedían – lo cual Gebara hubiera estado dispuesto a ignorar, pero el hecho de que la mayor parte de los piesenpolvorosa manejaban lenguas “no aprobadas”, como el inglés, el francés, el alemán, y otras lenguas germánicas hacía que no fueran aptos para recopilar noticias relevantes a nivel mundial.

Así que la opción fue reclutar a algunos becarios locales mediante a través de Segunda Mano: dos estudiantes de doctorado de la Euskal Herriko Unibertsitatea, y un parado de larga duración unos cuarenta años. Adriana, para su gran satisfacción, fue ascendida al cargo de supervisora de Phantomaki, y los nuevos trabajadores – contratados bajo un contrato de aprendizaje, pero a los que muy pronto se les dejó claro que se esperaba que trabajaran jornadas de 12 horas – pasaron a trabajar en la despensa (vacía) del caserío.

Por lo que pudieron deducir Anya y Juanjo de las confusas explicaciones de Gebara y las chicas, la idea era crear “el primer servicio europeo de inteligencia pública”, para proporcionar oportunidades comerciales y de innovación al servicio de pequeñas empresas, cooperativas, ONGs y cargos electos”. Sin embargo, esto era curiosamente contradictorio con lo que decían en la cooperativa de Lankide, que afirmaba que el proyecto “Aguante!” (el título de la hoja de noticias de Phantomaki) era parte de su obra social.

– ¿Tal vez Aguante! sea sólo un modo de promocionarse? – susurró Anya mientras leía con Juanjo los materiales promocionales.

– ¿Promocionar qué?  ¿Un resumen de noticias diario que publican a las 9 de la mañana como muy pronto? Este tipo de servicio es útil si lo recibes a las 6 o 7 de la mañana, antes de que empiece la jornada laboral. Pero evidentemente, ahí tienes que tener horarios de panadero.

Anya frunció el ceño. – Claramente se han camelado a Lankide. La utilidad de esto es muy, muy reducida, pero supongo que en el seno de su cooperativa les hace parecer vanguardistas e innovadores. Lo más, vamos.

Juanjo sonrió mientras leía la presentación. – Je. Dicen que recogen los datos de miles de fuentes de todo el mundo. ¡Si ni siquiera saben utilizar etiquetas, ni saben cómo guardar enlaces o mantener un registro!  ¿Miles de fuentes? ¿Cuándo coño les da tiempo a leerlas a tres pobres pringaos?

– Es que leen en diagonal, como Gebara. Esto es buenísimo: “¿Cómo conseguimos ser Low-Cost?”

– “Phantomaki es un proyecto social sin ánimo de lucro impulsado por la Lankide Elkartea” – leyó Juanjo. – Nuestro objetivo es propiciar un cambio cultural empoderando a las personas en las organizaciones con conocimiento y potencia de análisis global. No se buscan dividendos, no se pagan oficinas, la gestión empresarial no está remunerada… y todo eso nos permite… Aportar mucho más valor que el que reflejan nuestros precios”.

– Pobres curritos – dijo Anya, mirando en dirección a la sala donde estaban afanándose bajo la “supervisión” de Adriana. – ¿Ya saben que están trabajando para una empresa cuya gestión no está remunerada?

– Bueno, pagarán sus “becas” con la pasta que les pasa Lankide – la cuestión es cuánto va a durar eso.

– Tampoco es tanto dinero. Una beca de aprendizaje, menos que el salario mínimo. Dios, qué cutrez…

Anya iba a comentar algo sobre la contradicción entre ser un servicio puntero de información y la infraestructura tercermundista cuando oyeron los ya conocidos gritos de Gebara provenientes del salón. – ¡LADRONES! ¡LADRONES! ¿CÓMO OS ATREVÉIS A HACERME ESTO A MÍ?

Salieron a ver qué sucedía, y se encontraron con Gebara, rojo como siempre que entraba en cólera, flanqueado por Marisol y Bel. Los tres parecían fuera de sí, lanzándoles acusaciones y reproches a voz en grito a Sandra y Xuan, que estaban camino de la puerta, maletas en mano.

– ¿Qué pasa? – preguntó Juanjo.

– PASA QUE ESTOS DOS HIJOS DE PUTA SON UNOS LADRONES. ¡LARGAOS DE AQUÍ Y NO VOLVÁIS NUNCA MÁS! – rugió Gebara.

– Hemos montado nuestra propia consultora – explicó Xuan. – Nos largamos a Madrid.

– Habéis estado utilizando nuestro nombre – escupió Bel, lívida. – Os apoyáis en nuestra reputación para hacer negocio.

– Hemos mencionado que trabajamos en Tartessos en nuestro currículum porque, bueno, trabajamos en Tartessos – dijo Sandra. – Y sí, enviamos mensajes a posibles clientes desde nuestra cuenta de Tartessos porque nos forzasteis a integrar nuestros blogs. No iba a enviar mensajes profesionales desde una cuenta de Hotmail.

– ¡NOS HABÉIS ROBADO CONTENIDOS Y CLIENTES, CABRONAZOS!

Sandra seguía impasible: – No hemos robado nada, Ismael. Los clientes que mencionas ya nos conocían desde antes que entráramos a trabajar aquí. Y los “contenidos” que mencionas son nuestro propio trabajo. Hicimos cesión al dominio público, así que podemos hacer lo que nos dé la gana con ello. Aunque tú te empeñes en atribuirte personalmente todo lo que hacen tus acólitos.

– ¡¡¡¡FUERA!!!! ¡FUERA DE AQUÍ! ¡SUJETADME QUE LOS MATO! – Gebara hizo un amago de abalanzarse sobre los desertores, y las chicas lo sujetaron, tratando de calmarle. – ¡No, Ismael, no! ¡No merecen la pena…!

Xuan lo miró con desprecio. – Si tú no te diste de fostias en tu vida. Mucha guerra centroafricana y mucho blablá, pero cuando te enfrentas a alguien que te puede zurrar de verdad, te cagas en las patas. – Dejó una hoja de papel sobre una mesa. – Y por cierto, estuvimos hablando con el notario. Nos vais a pagar nuestras acciones o la montamos. Que paséis un buen día, tartesios.

Les guiñó el ojo a Anya y Juanjo, tomó su maleta, y salió con Sandra hacia un coche que les estaba esperando fuera, seguidos por el bramido aterrador de Gebara.

5

El furor de Gebara fue en aumento aquellos días. Una mañana, regresó de Bilbao rugiendo porque una tarjeta del banco no le había funcionado en un cajero, e inmediatamente se abalanzó sobre el ordenador para dar órdenes a los adeptos y simpatizantes de Tartessos de que empezaran a acribillar a través de Twitter a la Caja Foral por cerdos capitalistas que no daban un mínimo servicio a sus clientes.

– ¿Por qué no mandáis tuits vosotros? – le preguntó Anya a la Mascota, que empalideció.

– ¿Estás loca? Twitter es un servicio centralista del anglomundo que impide la profundidad de conversaciones de los blogs.

– ¿Pero no tenéis problema en que otros usen Twitter para defenderos?

– No, claro. ¿Por qué íbamos a tenerlo?

Anya hizo otra nota mental y se acercó a Juanjo. Se dio cuenta, por el rabillo del ojo, de que Gebara les estaba mirando. – Creo que al Amado Líder no le gusta mucho que hablemos tanto – murmuró Juanjo.

– No, claro. Una premisa básica de los líderes sectarios es cargarse las relaciones entre miembros de la secta que no les incluyen, porque todo tiene que ser supervisado por ellos. Espérate una reacción pronto. ¿Qué es esta obsesión con los blogs?

– Gebara afirma que el de Tartessos es el primer blog corporativo del mundo. Con un par. El blog juega un papel crucial en el imaginario tartesio: de ahí que publiquen constantemente en la Posta de Tartessos. De ahí que tengan una feed en la que Gebara y las chicas escriban todos los días, a veces varias veces.

– ¡Pero si, salvo a Gebara, nunca vemos a nadie escribir nada! Bel está siempre de arriba abajo de “negociaciones” y la Mascota no hace más que pintarse las uñas!

Juanjo sonrió. – ¿No te has fijado? Hice un análisis semántico rápido de los textos de las entradas de Gebara y las que supuestamente escriben las chicas. Adivina quién lo escribe todo.

Anya enarcó las cejas. – ¿En serio?

– Ni siquiera se molesta en utilizar un estilo distinto, y canta mucho porque el hombre escribe fatal. Pero fatal. Y además usa siempre los mismos latiguillos y comete las mismas faltas de ortografía. Lo gracioso es que a las chicas no les molesta que las utilicen como meros títeres.

– ¿La Mascota no tenía una especie de blog literario o algo así? – creyó recordar Anya.

– Sí, pero creo que el Amado Líder le hizo sentir tanto su inferioridad intelectual y lo irrelevante de aquellas minucias para la causa que ella sola se autocensuró. Mucho empoderamiento y mucha libertad, pero al Amado Líder le horroriza la expresión individual de sus acólitos cuando no sigue la línea de partido, o sea la suya. Y como Gebara cambia de humor más que una veleta, tiene a todos los acólitos permanentemente pendientes de cuál es la línea oficial – reforzado por Bel, que funciona como el guardia del campo.

Anya y Juanjo se miraron un instante, y dijeron al unísono: – SECTA.

***

El affaire Caja Foral – como lo denominó Gebara – consistió en una minicampaña de difamación del banco, orquestada por él. Que no cesó en su inquina, pese a que el responsable de Responsabilidad Social Corporativa, una buena persona que había ayudado considerablemente a los tartesios y nunca había hecho otra cosa que tratarles bien, llamó personalmente para pedirle disculpas porque el cajero no le había dado dinero después de sobrepasar su límite diario. Ofensa mortal, aparentemente.

– Son todos iguales – masculló Gebara mientras enviaba instrucciones a sus simpatizantes sobre qué debían tuitear. – Les das confianza, y acaba pasando lo que pasa…

Mientras Gebara veía conspiraciones por todas partes, Bel se había encajonado en su papel de Basilissa y estaba explicándoles a los de la Caja Foral en qué habían fallado, y cómo se les ocurría, y si sabían quién era ella y quiénes eran los tartesios. ¿Sabéis quién soy yo? Soy Bel, Madre de Dragones, pensó Anya, recordando un viejo clásico.

Entonces João – que había estado muy laborioso toda la mañana creando falsas cuentas de tuiter para acosar a Caja Foral – se acercó inesperadamente y les informó de que Adolfo, también conocido como el Dr von Storgen, ya había regresado del Reino Unido y les esperaba para tener una entrevista con ellos.

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João les llevó a la tercera planta, donde no solían ir: Gebara tenía su despacho allí y también estaba la biblioteca, que por otro lado nunca habían visto utilizada. Pasaron a una sala con algunas sillas dispuestas en círculo, donde les esperaba un hombre bajito y pícnico, con pelo pajizo y gafas de culo de vaso, que hablaba con un ligero ceceo: Adolfo von Storgen.

– Hola, chicos, pasad, pasad. Disculpad que hayamos tardado tanto en conocernos, pero ya os habrán contado que es que estuve dando un seminario por las Escocias…

– Ah, sí. ¿Qué tal te fue?

– Bueno, en realidad lo del seminario fue un chanchullete con un amigo que conocí cuando estaba de Erasmus en Granada y ahora es el administrador del departamento, y que me selló lo que hacía falta. Me dieron una beca aquí y me gasté el dinero de las dietas en alargar el viaje en modo vacaciones, pero en el blog tenía que decir algo que sonara importante, fue lo que me recomendó Ismael. Por lo visto él hacía mucho el mismo truco en sus tiempos… – Y se echó a reír.

– Los trucos del oficio… – hizo un esfuerzo por sonreír Anya. – ¿Llevas mucho dando clase?

– La verdad es que nunca he querido entrar en el sistema académico como tal, pero de vez en cuando es agradable hacer cositas, cuando puedes entrar de verdad en contacto con los estudiantes muy jóvenes, que es cuando todavía tienen la mentalidad sin formar y son moldeables, digamos. – Sonrió de nuevo. Anya tuvo la sensación de que era así como debía sonreír una croqueta. Una croqueta algo siniestra. – Por eso estoy sacando el Manual Marcos – sacó de una cartera dos haces de folios encuadernados con canutillo y se los tendió a Anya y Juanjo. – Tomad, tomad, quedaoslo. Es un manual para vivir una vida interesante. Espero que se acabe convirtiendo en una especie de manual de instrucciones para todos los futuros tartesios y piesenpolvorosa. E incluso, por qué no, para toda la juventud con inquietudes.

– Ah, caramba. – Juanjo hojeó el manual. – Perdona, no sé si me lo dijeron pero es que no me acuerdo. ¿Eres psiquiatra o psicólogo? ¿Qué orientación tienes?

– Pues en realidad cuando yo estudiaba psicología era el representante sindical y el bibliotecario y además publicaba un fanzine y estaba montando una editorial educativa. Así que nunca acabé la carrera – me quedan unas pocas asignaturas. Mi doctorado es en sociología – me lo saqué por la Universidad de Phoenix. En cuanto a mi orientación… ¡pues de todo un poco! Después de todo, vivimos en un mundo postmoderno, todo es un collage irónico ¿no? y todo vale. Lo que sirve es lo que te sirve a ti, lo que hace que te empoderes y puedas hacerte cargo de tu propia vida para tener UNA VIDA INTERESANTE. – Miró las caras de Anya y Juanjo y sonrió paternalmente. – Sí, ya sé que asusta un poco. Pero no os preocupéis. Habéis dado el primer paso viniendo a Tartessos. – Se levantó de su asiento y los miró con súbita intensidad. – Lo único que importa aquí es vuestras historia, vuestras experiencias y vuestros valores. Las cosas en que creéis, el lugar a donde queréis llegar, la vida que queréis tener. No importa nada más. Absolutamente nada. Por mi parte, sólo puedo prometeros que estaré aquí. Que podéis implicaros y luchar conmigo. Sólo puedo prometeros que, si lo necesitáis, podréis consultarme a cualquier hora y que te responderé lo antes posible; que haré todo lo que esté en mi mano para seros útil, para ayudaros; que si decidís dar este salto de fe, si decidís luchar y si lo conseguimos, merecerá la pena.

Hubo un silencio ante el súbito arrebato de vehemencia, que rompió el propio von Storge, riendo de nuevo. – Eso sí, yo cuento muchos chistes malos – dijo, con la intención obvia del que espera que le digan lo gracioso que es. – Pero bueno ¡vamos a hacer un ejercicio práctico para empezar!

Se dirigió a una mesita en una esquina y tomó dos vasos que tenía preparados. Le dio uno a Anya y uno a Juanjo. – Humedeceos la boca con saliva, la cara interior de los dientes, la punta de la lengua. ¿Agradable? Por lo menos muy desagradable no es ¿no? Vale, ahora quiero que escupáis en el vaso.

Anya y Juanjo se miraron un instante, y lo hicieron.

– Muy bien. Ahora bebeos vuestra saliva.

– ¿Qué?

– ¡Bebeos vuestra saliva! ¡Bebeos vuestra saliva! ¿A qué estáis esperando? ¡Bebed! ¡Os he dicho que bebáis! – El tono insistentemente afable había vuelo a desaparecer de su voz, y ahora había cruzado los brazos y se cernía sobre Anya y Juanjo, casi amenazante. Viendo que no les quedaba otra, obedecieron, tragando (literalmente) saliva.

Von Storgen volvió a sonreír. – ¡Bien! No ha sido tan difícil ¿verdad? Aunque os haya dado un poco de asco. Pero si lo pensamos no debería, la saliva en boca no es algo desagradable, ni nos asquea. En cambio, si la bebemos de un vaso nos parece algo bastante guarro. ¿Por qué? Pues porque desde muy muy pequeños nos enseñan que escupir es repugnante. Aunque eso nos lleve a sentir como repugnantes cosas que objetivamente tampoco son para tanto. NOS PROGRAMAN DESDE QUE NACEMOS: nuestros padres, nuestra familia, nuestros amigos, la educación, la sociedad, pero sobre todo EL ESTADO.

Se sentó en la repisa de la ventana con una expresión seria de nuevo. – Una de las principales cosas para las que nos programan es para evitar el sufrimiento. Pero esto nos lleva a evitar hacer cosas distintas de las que nos dicen porque eso nos haría sufrir. Pero, por supuesto, si no llevamos UNA VIDA INTERESANTE sufriremos todavía más. Así que lo que os vamos a enseñar aquí en Tartessos es a distinguir el sufrimiento bueno del malo, por así decir. No os voy a engañar, entrar en Tartessos es una vía difícil, que requiere un gran esfuerzo y dedicación – nos gusta compararnos con los jesuitas, porque, como ellos, pretendemos ser una élite resiliente. Pero cuando os enseñemos cuál es el sufrimiento incorrecto y cuál el correcto, seréis libres. Libres en Tartessos. Libres en UNA VIDA INTERESANTE. Os daremos sentido.

Se levantó de la repisa y se sacudió el polvo del trasero (la habitación, como todas las demás, estaba llena de polvo y sin limpiar). – Bueno, seguiremos con más ejercicios prácticos en las próximas semanas y con algunas técnicas: clarificación, defusión y perspectiva, y activación. Está todo en el Manual Marcos. Echadle un vistazo, y si tenéis alguna duda o algo que queráis hablar conmigo, estoy disponible a cualquier hora del día o de la noche, de verdad.

Estaban ya saliendo cuando les preguntó: – Por cierto. Estoy intentando montar una gira de talleres del Manual por toda la Península, pero la verdad es que no nos están haciendo mucho caso. Ya se sabe, la gente es muy resistente a la idea de hackear tu propia mente, se empeñan en preferir hablar con alguien, un “profesional”, y tal, así nos va… Así que necesitaríamos encontrar socios que nos cedieran instalaciones y nos alojaran y nos hicieran la presentación y demás – sin cobrar, claro, que está la cosa muy achuchada, jeje… Vosotros no conoceréis a alguien en Madrid, ¿verdad?

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NOTA DE CAMPO – ANYA BUDDENBROOKS

Baserri Tartessos – Semana 2

Se confirman todos los rasgos sociopáticos especificados en el Informe Especial del Departamento de Estado sobre Gebara obtenidos en la filtración de Wikileaks. Aunque ya tiene unos años, todos los rasgos se han mantenido o intensificado, evolucionando claramente hacia el perfil de líder mesiánico.

Estos rasgos son lo que hace posible el férreo control que Gebara ejerce sobre el comportamiento e incluso el pensamiento de sus acólitos. Un ejemplo particularmente escalofriante tuvo lugar esta semana.

El abandono de Tartessos por Sandra y Xuan no acabó con su dramática salida. Gebara, obviamente, no tenía ninguna intención de pagarles el dinero que les debía (y que ellos consideraban el pago por su trabajo). Sandra y Xuan, previendo esto, hicieron una copia de todos los discos duros tartesios (incluyendo el del ordenador de Gebara, ya que las capacidades informáticas de Xuan superan con mucho a las de Gebara) y amenazaron a Gebara con enviar contenidos sensibles a todos los contactos de Tartessos a menos que se les pagara su dinero.

La reacción de Gebara fue de nuevo espectacularmente colérica. Resulta particulamente llamativo que cualquier persona que abandona Tartessos es acusada de tener una disfunción sexual. Esto ya nos fue mencionado en referencia a otros ex-tartesios, en particular Marc y Roser, cuya disfunción sexual como desertores iba además agravada por su catalanidad: pese a la supuesta hostilidad tartesia a las naciones, Gebara muestra una considerable hostilidad por la mayoría de identidades peninsulares – sobre todo por los catalanes (“mafiosos, chorizos, peseteros, tacaños, mezquinos, paletos, ombliguistas”) pero también por los gallegos (“palurdos, zafios”), los asturianos (“los del parque temático, vaques y más vaques, los del prao”), los extremeños (” porquerizos, comebellotas”), los vascos (“endógamos, chusquis”), etc.

En este caso, las acusaciones de disfunción sexual fueron particularmente encarnizadas contra Sandra, que no sólo osó tener una pareja (no tartesia) en Bilbao, sino que dicha pareja era además una mujer (con la consiguiente disrupción para la estructura de harén). Además, dado que Gebara no empieza a trabajar hasta las 11 de la mañana (ya que tarda en bajar a desayunar) mientras que el resto de tartesios está trabajando a las 9, Sandra insistía en acabar de trabajar a las 6-7 para bajar a Bilbao a estar con su pareja. (Gebara es noctámbulo, e insiste en que los tartesios se queden trabajando hasta altas horas de la madrugada con él, ya que es incapaz de estar solo).

(En el caso de Xuan, se le encajó en el papel habitual de zángano castrado, incapaz de tener una vida propia).

Tras el nuevo estallido de furia de Gebara al verse forzado a pagar, los tartesios celebraron una especie ritual de expurgación o exorcismo. Se nos convocó a todos en el salón, donde nos situamos formando un círculo. Gebara inició el ritual con las siguientes palabras:
– Hermanos y hermanas, nos encontramos aquí para purgar nuestra fratenrnidad de los traidores desagradecidos que no fueron dignos de la confianza incondicional que pusimos en ellos. Les amamos y nos odiaron, les acogimos en nuestro seno y nos repudiaron, les ofrecimos una vida interesante en fraternidad y prefirieron una vida sin sentido y egoísta. Por eso, hoy nos reunimos para expurgar su memoria y borrar su nombre de nuestros registros y nuestra memoria. Desde hoy, nunca fueron tartesios, nunca les conocimos, nunca existieron. ¡Cherem ve nidui Sandra! ¡Cherem ve nidui Xuan!

Todos los demás tartesios repitieron al unísono, repetidamente, “¡Cherem ve nidui! ¡Cherem ve nidui!” Esto se prolongó durante varios minutos.

[NOTA: cherem y nidui son términos hebreos para referirse al equivalente judíos de la excomunión, sin posible vuelta atrás – la excomunión que se aplicó a Spinoza. La idea central es que la persona afectada ha muerto para la comunidad, ante la imposibilidad práctica de aplicar la pena de muerte que habría sido deseable].

Al día siguiente, cuando pregunté a Marisol y Bel por lo que había sucedido en relación a Sandra y Xuan, me respondieron: – ¿Quiénes son esos? – Obviamente recuerdan a los desertores, pero el ritual había hecho que, a todos los efectos, nunca hubieran existido, reescribiendo la historia. Lo más escalofriante es que ambas lo decían con total seriedad. Gebara parece haber conseguido extender su creencia de que manipulando las palabras puede manipular la realidad a todos su acólitos.

[NOTA: ver referencias a la psicosis: la creencia delirante de que las palabras son meras cosas; que el modo en que uno define las palabras define la realidad].

***

Asimismo, creo detectar una cierta tendencia al autosabotaje. Como ejemplo, un incidente esta semana. Tras el affaire Caja Foral de la semana pasada, los responsables del banco parecían interesados en volver a mantener relaciones fluidas con Tartessos, lo cual resulta difícil de comprender [NOTA AL MARGEN: hipótesis: influencia del gran carisma personal de Gebara. Detallar esto en más detalle]. Igualmente, dos empresarios conocidos de Gebara – Ángel Díaz Pérez y Jacobo Patiño – fundadores de una start-up en la que Tartessos posee una acción muy minoritaria, también confiaron en Gebara para realizar la venta de esta start-up a Caja Foral- lo cual, hago notar, habría reportado considerables ingresos a Tartessos.

Díaz Pérez y Patiño – de nuevo, hipotetizo, cegados por el considerable carisma y poder de persuasión de Gebara – aceptaron que Gebara se reuniera con Lecumberri, el responsable de Caja Foral, para negociar la venta.

La reunión había sido fijada  para el miércoles a mediodía. A las diez de la mañana, Lecumberri, que viajaba a Bilbao desde el extranjero, llamó a los tartesios para hacerles saber que su vuelo saldría con retraso, y que por tanto llegaría a la reunión una hora más tarde.

Reacción de Gebara (transcribo): ESTO ES UNA CONSPIRACIÓN. QUIERE HACERNOS SENTIR INFERIORES. COMO SI FUÉRAMOS SUS CRIADOS, SUS SIRVIENTES, TENIENDO QUE ESPERAR A QUE EL SEÑOR SE DIGNE A VENIR, COMO SUPLICANTES. COMO SI LE NECESITÁRAMOS. PUES SE VA A ENTERAR.

Lecumberri llegó a la una, según había avisado a los tartesios. Se encontró una recepción glacial por parte de Bel y Marisol, que le indicaron que se sentara en un puf y le dijeron que Gebara estaba arriba en su despacho pero tardaría algo en bajar porque estaba ocupado.

Mantuvieron a Lecumberri sentado en un puf, esperando, DOS HORAS, dándole sólo un vaso de agua cuando lo pidió (hago notar que era la hora de comer). Cuando Gebara se dignó bajar a hablar con Lecumberri, éste estaba de un humor de perros.

La negociación, lógicamente, no llegó a buen puerto. Las chicas parecían asumir (posiblemente porque se lo había dicho Gebara) que Caja Foral estaba desesperada por adquirir la start-up. Gebara francamente parecía básicamente interesado en restregarle a Lecumberri que si Caja Foral le hacía esperar, él también podía hacer esperar a Caja Foral.

Resultado: Lecumberri salió del caserío a la media hora soltando pestes. Curiosamente, el delirio colectivo de Gebara y sus acólitas es tal que tras la reunión estaban contentísimos y completamente convencidos de que Caja Foral les llamaría en los próximos días para aceptar sus condiciones (que habían endurecido en la discusión con Lecumberri).

Hoy hace cinco días de la reunión, y, puesto que no se ha recibido ninguna noticia de Caja Foral, el discurso está mutando espontáneamente a: “¡Es lo mejor que nos podía haber pasado!” (como señala el Informe, la respuesta característica de Gebara a todo fracaso).

[NOTA: ¿síntomas de colapso? Cf. idea de la descomposición – central para Tartessos – como una proyección de la descomposición mental personal de Gebara]

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NOTAS DE CAMPO – JUANJO VALIÑAS

Baserri Tartessos – Semana 2

INFORME PRELIMINAR – ASUNTO SERUM

A petición expresa de Borja Cheng, he indagado sobre la naturaleza exacta del Proyecto Serum y la implicación en el mismo de Euskalberri Kutxa.

La información sobre este tema ha sido particularmente difícil de encontrar, ya que el tema es casi tabú en Tartessos, debido al enorme fiasco que supuso. Es particularmente doloroso porque fue la única (y posiblemente la última) oportunidad que tuvieron los tartesios de entrar en el mercado corporativo por la puerta grande, de la mano de un peso pesado como Euskalberri. Sin embargo, tras ablandar a Marisol pasando numerosas horas escuchando sus quejas sobre lo mal que la trata Gebara, pero ella es la única que le quiere de verdad y siempre estará ahí, etc. conseguí obtener algo de información interna además de lo obtenible de fuentes externas.

La directiva de Euskalberri Kutxa entró en contacto con Tartessos tras abandonar su cargo, por intermediación de Jose Aguirre (antiguo directivo del banco y actual consultor de empresa). (Aguirre es actualmente una persona non grata en Tartessos, ya que esencialmente les estuvo pagando durante cerca de un año por servicios de consultoría inexistentes, i.e. por caridad. Gebara es consciente de esto y no se lo perdona. Véase también el asunto Feed the Hydra).

Tras un proceso muy intenso de “seducción” intelectual, la directiva de Euskalberri accedió a financiar a los tartesios para la creación del Proyecto Serum, una fundación cuyo fin era la búsqueda y el diseño de un proyecto con impacto social que tuviera como objetivo que “todo aquel que quisiera asumir los riesgos de creación de una empresa tuviera acceso a las herramientas y el conocimiento para llevarlo a la práctica”. La idea era que académicos y emprendedores de Europa y Iberoamérica aportarían sus ideas desde las tribunas de opinión de la prensa y sus propios blogs. El resultado sería un camino para conseguir crecimiento productivo con cohesión social.  Según los tartesios, el Proyecto Serum sería “la primera fundación europea dedicada a desarrollar herramientas y conocimiento libre para empoderar a los emprendedores y las empresas de todo el mundo”.

En realidad, Gebara veía el Proyecto Serum como una mera excusa para la internacionalización de la filé Tartessos, según sus objetivos a medio largo plazo. De este modo, los tartesios no estaban sirviendo de consultores para el proyecto de Euskalberri, según afirmaban (y por lo que cobraban), sino que por el contrario estaban utilizando al presidente de Euskalberri para su propia agenda.

El primer gran evento del Proyecto Serum fue el Primer Día Serum, que se celebró en plena República de Arrasate con un (relativo) éxito de asistencia debido a la presencia de directivos de Euskalberri (aunque los medios no se hicieron demasiado eco). Los vídeos de la ocasión muestran a un presidente entusiasmado y convencido, hablando del “espíritu serum”, que, como la sangre que da la vida, permite inocular los nutrientes que sanan, haciendo que los individuos sean autosuficientes a través de su lucha por vivir arrebatados por el cambio en los mercados.

El objetivo más específico del Proyecto Serum fue Marketum, un software libre para empresas cuya finalidad nunca se comprendió muy bien, ni siquiera por los propios tartesios o por el presidente de banco (que en una ocasión lo describio catastróficamente ante la prensa como “es un Facebook para empresas”). La idea parecía ser crear una especie de red de contactos entre empresas internacionales generando “bazares de confianza” locales, o algo parecido, e incluso se habló de crear un método de pago propio. El problema, por supuesto, fue que ya existían multitud de sistemas parecidos (tanto de mercado como de método pago), desde eBay hasta Mercado Libre. Curiosamente, para ser un autodenominado experto en redes, Gebara parece ignorar la existencia del efecto red, y el hecho de que ya hace mucho tiempo que los nichos y las cuotas de mercado en estas cuestiones se han repartido. (Gebara tiene tendencia a dejarse llevar por analogías históricas que él cree ver – en este caso, creemos que quería imitar el antiguo sistema árabe de préstamos de la hawala. Como de costumbre, Gebara obvia las múltiples diferencias e inconvenientes).

Por otro lado, estaba el inconveniente de la falta de competencia: ninguno de los tartesios era un programador lo suficientemente competente para desarrollar Marketum. La incompetencia tartesia a la hora de dirigir proyectos hizo también que el intento por contratar a un desarrollador para hacerse cargo acabara muy mal. En su momento de máximo desarrollo, Marketum sólo pareció ser una especie de directorio local bastante casposo con empresas como “Plastificados MariPili”.

(Un problema básico que nadie pareció detectar fue que el sistema de Marketum requería que los potenciales miembros de la red se descargaran una versión de Ruby on Rails, un software libre. El problema es que requería que se descargaran una versiónantigua, dificultando así la resolución de problemas y garantizando la obsolescencia programada).

Asimismo, se creó un blog para el presidente de Euskalberri, que atrajo mucho público rápidamente – principalmente de los medios – lo cual redundó en provecho de Tartessos. Además, sin que el presidente de Euskalberri lo supiera, Gebara detentaba el control pleno del blog,  cuyo dominio está a su nombre, no al del presidente de Euskalberri. En particular, ejercía una férrea censura sobre los comentarios, impidiendo que terceras partes no deseadas dejaran comentarios que pudieran ser del interés del dueño del blog (esta política de censura es generalizada en Tartessos, ya que Gebara es el administrador de TODOS los blogs del grupo y se ocupa de borrar y banear a elementos indeseables, i.e. críticos).

Se calcula que Euskalberri invirtió cerca de un millón de los antiguos euros en el proyecto. Los usos que se dieron a este dinero nunca quedaron claros (ya que los gastos por los Días Serum y los viajes internacionales no llegaban ni remotamente a esa cantidad).

La ruptura de la relación entre Euskalberri y los tartesios tampoco quedó clara. Tras elSegundo Día Serum (que fue un fracaso rotundo en términos de contenidos, asistencia, y repercusión), el banco empezó a reclamarles facturas a los tartesios, que fueron incapaces de proporcionarlas y justificar sus gastos, o entregaron facturas claramente improvisadas y absurdas. Se sospecha que en un momento dado el banco cerró el grifo y el Proyecto Serum, Marketum, y el blog cayeron en el abandono y el olvido.

Tras el final de la relación con Euskalberri, y siendo consciente de la gran oportunidad perdida, Gebara cayó en una profunda depresión. Confirmando nuestra hipótesis de que los movimientos de Tartessos van dictados por los cambios de humor de su líder, esta depresión de Gebara motivó su enésima ruptura con Marisol (que sirve como su pareja de dejar y retomar cuando no tiene otra alternativa mejor), su decisión de mudarse a la República de Arrasate, y su involucración con Kepa Lankide y su cooperativa.

Con todo, creemos que la historia con Euskalberri no ha terminado y tendrá consecuencias mucho mayores a medio y largo plazo de lo que los tartesios creen.

9

Al regresar al caserío tras pasar la mañana en Bilbao haciendo unos recados, se encontraron a Gebara solo en la mesa. – ¿Dónde estabais? Nos han diagnosticado una apendicitis – dijo con gesto torvo.

– ¿Qué?

– Nos han diagnosticado una apendicitis. Nos operan mañana. Es increíble cuánto sufrimiento podemos aguantar los tartesios.

– Bel está en el hospital – aclaró Marisol, apareciendo por la puerta de la cocina con una taza de café. – Le dio un ataque mientras estabais fuera y se la han llevado a Cruces en ambulancia.

– ¿Está sola?

– Adriana se quedó – dijo Gebara. – Es una desgracia, pero no podemos arriesgar lo de mañana. Sobre todo ahora que los enemigos acechan. Como Bel sería la primera en decir – ¡no nos destruirán!

Ante la cara de perplejidad de Anya y Juanjo, Marisol explicó: – Mañana a primera hora tenemos una presentación con Lankide.

– Es CRUCIAL – enfatizó Gebara, dando un golpe sobre la mesa. – Es el momento de explicarles cuál es el verdadero sentido de la abundancia, el verdadero sacrificio, el vivir arrebatados por el cambio. ¡Va a ser un momento histórico, un giro de 180 grados en la historia de la humanidad, una revolución en el modo de producción equiparable al descubrimiento de la rueda y la agricultura en el Neolítico!

– O sea, que se les está acabando la pasta – murmuró Juanjo.

– Por eso – prosiguió Gebara – es esencial que hagamos nuestra presentación bien. Tenemos que demostrar quiénes somos y qué representamos: la primera cooperativa de redes del mundo, una consultora con más ingresos por consultor que McKinsey, Bain, o el Boston Consulting Group juntos.

– Claro: x dividido por 0 es infinito – murmuró Juanjo de nuevo, haciendo que a Anya casi se le escapara la risa.

– Por desgracia, nuestros amigos de la Lankide Elkartea no son completamente ajenos a los prejuicios del mundo de la escasez artificial, porque nuestro mensaje no ha calado del todo en ellos. Así que tenemos que mostrarles que somos verdaderamente un grupo cooperativo transnacional con sedes en distintas localizaciones y un equipo altamente cualificado. Por desgracia, la ausencia de Bel llamará mucho la atención, así que tendremos que suplirla.  ¿Qué sabéis hacer vosotros?

– Bueno – dijo Anya – como os comentamos cuando postulamos, Juanjo y yo tenemos formación como antropólogos corporativos…

– Sí, sí – dijo Gebara. – O sea, consultoría de gestión del cambio, innovación, recursos humanos, motivación, coaching, gestión del conocimiento, inteligencia de negocio, teoría de redes, geopolitica, transnacionalización, y logística. Y por supuesto, sois expertos en informática y programación puesto que trabajáis en Tartessos. Pero ¿tenéis alguna afición?

– Yo soy astrónomo aficionado… – dijo Juanjo.

– ¡Genial! Pues decimos que le vendemos asesoramiento a la NASA y a Airbus. ¿Tú, Anya?

– No sé decir, la verdad…

Gebara se paró a pensar un momento. – Separabas las basuras para reciclar en casa ¿verdad?

– Sí, bueno…

– ¡Ya está! ¡Vamos a venderles la gestión de residuos tecnológicos, que además los del Gobierno están a tope con el tema del reciclaje! ¿Tenías alguna planta en casa?

– Un cactus en el baño…

– ¡Pues pensemos algo para venderle a Bayer y Monsanto!

Gebara se retiró a preparar la presentación y Marisol se fue al baño a pintarse las uñas de nuevo. – ¿Hay algo que tengamos que preparar? – le preguntó Anya a Gebara se dirigía a su despacho.

Gebara la miró con extrañeza. – ¿Preparar? No, nada. Con que hagáis bulto es suficiente.

10

La presentación a Lankide iba a tener lugar en el contexto del Lankide-Eguna, un día de celebración en la cooperativa donde había conferencias de los directivos, levantamiento de piedras, y comilona general. Además, Lankide había desarrollado lo que llamaba la MER (la Maravillosa Estrategia Relacional) y el movimiento PUFO (Por Una Fuerza Obrera) – una especie de sistema de gestión corporativa “centrada en las personas” – y llevaba tiempo hablando sobre ello sin parar (incluso los tartesios habían hecho algunos tímidos guiños en aquella dirección, haciendo de tripas corazón).

El Lankide Eguna se celebraba en una campa en las afueras de Bilbao, donde habían montado una serie de grandes tiendas y largas mesas de madera para el ágape colectivo y la confraternización cooperativa. Al bajarse de la furgoneta (Gebara había requisado la destartalada furgoneta en que vinieron para fines de la filé), la Mascota les tendió unos pañuelos azules con el logo de la Lankide Elkartea estampado. – Ponéoslos – dijo Gebara. – Hoy hacemos como que formamos parte de Lankide. Hay que camelárselo como sea. ¿Entendido?

Gebara se acercó hacia una de las tiendas con la esperanza de abrazarse efusivamente con Lankide como los viejos amigos que eran, pero se encontró con que estaba a punto a subir al escenario a dar una charla y no, no podía pasar detrás a hablar con él antes. Gebara intentó protestar (¿es que no sabéis quién soy?), pero sus interlocutores – dos tipos con complexión de armario y pinta de dedicarse a cortar troncos en los ratos libres – se pusieron a hablar en euskera, ignorándole por completo. Así que a Gebara, la Mascota, von Storgen, João, y Anya y Juanjo no les quedó más remedio que quedarse de pie entre el público, con sus pañoletas azules al cuello, enfundados en unas camisetas de la Elkartea que les habían puesto al entrar, y agitando unas banderitas con los colores de la cooperativa.

Por fin salió Lankide al escenario, entre grandes aplausos. Era un hombre más bien menudo y enjuto, con ojos saltones y una cabellera gris larga y despeinada, que no dejaba de moverme nerviosamente para arriba y para abajo sobre la plataforma. A Anya le recordó al Pájaro Loco.

– Dentro de poco es mi cumpleaños – empezó Lankide. – Pero no os voy a decir qué día es. NOOOOOO. Porque entonces me haríais regalos. Y si me hacéis regalos, hacéis una compra. Y sin hacéis una compra usáis dinero. Y si usáis dinero, le hacéis el juego a los bancos. Y A LOS BANCOS NO HAY QUE DARLES NI AGUA.

Anya miró a varios chavales sentados en sillas a su derecha, que se afanaban en tuitear todo lo que iba diciendo Lankide desde sus tablets, con aire de estar perdiendo el resuello. Por encima del hombro de uno, pudo vislumbrar lo que tuiteaba: “Kepa dice que… “, “Como dice Kepa…”, “Estoy tuiteando con el permiso de Kepa…”, “Por deseo expreso de Kepa…”, ” “QUÉ GRANDE ERES KEPA”, “GORA KEPA”.

Lankide siguió en esa vena una media hora, hasta que al final su presentación culminó en una oleada de música de fondo que a Anya le sonaba de mil anuncios (- “Cinco ejércitos“, musitó Juanjo. – Dan ganas de ir a invadir La Rioja ¿verdad?) Cuando Lankide terminó, Gebara aprovechó para abrirse camino entre el público enfervorizado y dirigirse hacia el backstage.

– ¡Kepa! ¡Enhorabuena! ¡Has estado fantástico! – exclamó Gebara al verle de lejos. Hizo amago de dirigirse hacia él para darle uno de sus característicos abrazos de oso, pero Lankide no hizo ningún esfuerzo por facilitárselo, y Gebara acabó bajando los brazos de nuevo, fingiendo que bostazaba.

– Sí, hola, Ismael. Gracias – dijo Lankide con cierta frialdad.

– ¿Podríamos hablar en privado? – sonrió Gebara, intentando irradiar encanto. – ¿Te acuerdas que habíamos quedado para hablar de los proyectos de software que os queríamos presentar?

– Sí, bueno. Como puedes ver, no es el mejor momento. – Lankide se giró para hablar con los admiradores que le rodeaban. – Eskerrik asko. Bai, oso pozik nago neure auzkerpenarekinOso atseginak zarete.

– Pero Ismael… Hemos preparado una presentación estupenda. Sólo serán cinco minutos. ¿O tal vez pudieras darnos cita para otro día?

Lankide se volvió. – Sí, precisamente os lo iba a comentar. He estado hablando con un asesor, y me gustaría que le presentaráis la propuesta a él para que me dé su opinión. – Les miró con gesto súbitamente duro. – Creo que en ocasiones anteriores me emocioné demasiado rápido, y esta vez me gustaría tener una segunda opinión. Espero que no haya problema.

Gebara forzó una sonrisa. – No, ¡qué va! ¡Por favor! ¡Estaremos encantados! – Calló un momento. – ¿Quién es tu asesor?

– Se llama Jose Aguirre. No sé si le conoceréis de cuando Euskalberria.

11

Lankide les había convocado al día siguiente en la sede de la cooperativa en Amorebieta. Con Bel todavía en el hospital, Gebara optó de nuevo por llevar consigo a todos los tartesios, para hacer bulto, lo cual extraño al personal de Lankide, que sin embargo les dejaron pasar sin problema.

Les hicieron pasar a una sala sin ventanas donde el propio Lankide les aguardaba, sentado a una mesa y acompañado por Jose Aguirre y su asistente, una mujer que se presentó como Jasone González. – Creo que conocéis a mi padre. ¿El Inspector González? – comentó ésta, sin levantarse.

Aguirre sacó un cuaderno y un grueso haz de hojas, y empezó sin mayor contemplaciones. – Bien. Creo que queréis hacer una presentación de dos proyectos. Adelante.

Gebara se levantó y empezó a hablar de la colaboración entre Tartessos y Lankide, de la importancia de los valores compartidos, de cómo sólo se puede llegar a un proyecto viable e importante si todos los partícipes podían hablar con hablar Franco y parresía, y cómo esto era sumamente raro en el mundo en el que vivían, sobre cómo querían hacer una vida interesante y el gusto por estar juntos y vivir arrebatados por el cambio

Aguirre lo cortó en seco. – Perdona. ¿Puedes ir a los proyectos, por favor?

Gebara se desconcertó un poco pero cambió de pista rápido, y pasó a hablar del cambio copernicano que se había producido en la economía, con la disipación de las rentas y el fin de la era post-industrial, y cómo lo importante ahora era la economía distribuida y el long tail…

– ¿Qué quieres decir con economía distribuida?

– Erm, bueno, sí, me refiero a la reindustrialización local a bajo coste en el sector P2P. La explosión en el uso social de Internet en los años 90 generó notables cambios en todo el proceso productivo. Uno de los efectos más llamativos fue la aparición en el ámbito de la difusión de la información de lo que el economista Luis Salazar, el wánax de Tartessos, denominó entonces una “lógica de la abundancia“.

La lógica de la abundancia aparece cuando la estructura de producción y costes vuelve innecesario dirimir colectivamente qué se produce y qué no. Salazar parte de los tópicos de la Economía de la información para imaginar unos mercados que evolucionan hacia un situación de subóptimo paretiano de forma indefinida como producto de la extensión del efecto red. En el límite, la consecuencia serían las equivalentes a las que se producirían al alcanzar un mercado de competencia perfecta en los modelos neoclásicos. Es decir, el precio se equivaldría al coste marginal… pero el coste marginal de difundir una unidad más de información en la red es cero.

– A ver si me aclaro. ¿Estáis diciendo que habéis conseguido llegar a un modelo de producción de coste cero?

– Bueno, no, porque evidentemente hace falta una estructura de red para eso. ¡Y de ahí la colaboración con Lankide! – Gebara hizo un gesto hacia João, que pulsó una tecla en un portátil y empezó a proyectar una presentación sobre la pantalla en la pared.

Se proyectó una imagen de unos frisos egipcios. -En el mito de Isis y Osiris – continuó Gebara – Osiris es un gobernante justo que reina sobre Egipto con su esposa, Isis. Pero su malvado hermano Set, representante del nacionalismo del Alto Egipto y el centralismo y el universalismo, lo mata y lo corta en trozos que desperdiga por todo Egipto. Isis recorre todo Egipto recogiendo los pedazos de su esposo, salvo su falo, que había sido devorado por los peces del río. Entonces Isis reconstruye el falo usando magia y copula con su esposo bajo la forma de un halcón, devolviéndole la vida y concibiendo a su hijo Horus, que venga a su padre y se convierte en el nuevo gobernante de Egipto.

Anya miró a Lankide y los dos consultores. Su cara era un poema. Pero Gebara no había hecho más que empezar, y se iba emocionando cada vez más. – ¿Qué quiere decir este mito? ¿Cómo hemos de interpretarlo? Osiris es el antiguo mundo de la centralización y la escasez, que es destrozado por sus propias fuerzas – por Set, su lado oscuro, que lo desmembra y esparce los pedazos de su cuerpo por todo Egipto. ¿No tenemos aquí un ejemplo clarísimo de la descomposición? ¿La descomposición literal? Luego Isis recompone el cuerpo despedazado, con la salvedad del falo que se comieron los peces – es decir, el sistema ha perdido su capacidad generativa, ya no puede producir, así que hay que crear otro modo de producción. Y por eso Plutarco dice que Isis crea un nuevo falo mediante la magia, a partir de la nada, a partir de su amor lírico por Osiris frente a la épica de la destrucción y el odio de Set. Y este nuevo falo ya no crea escasez sino abundancia: por eso Isis puede copular con su esposo muerto e insuflarle la vida y concebir a su hijo. El pene mágico de un muerto vuelve a darle la vida al mundo.

Las caras de Lankide, Aguirre, y González eran ya indescriptibles. Gebara pareció darse cuenta: – ¿Qué buscaban aquellos creyentes en el mito de Osiris con sus símbolos, sus ceremonias, sus banquetes y su mito de abundancia? Pura y simplemente empoderar a sus comunidades reales, darles un modelo simbólico desde el que construir el relato de una vida interesante en un entorno en descomposición. Lo fascinante es constatar hasta qué punto los pasos y escenas del relato mítico reproducen las ideas del paso de la economía de la escasez a la lógica de la abundancia.

Hubo un silencio durante unos instantes. Entonces Aguirre repitió: – Vale. Por favor, ¿podríais explicar vuestros proyectos de una vez?

12

Von Storgen hizo amago de levantarse, pero Gebara le indicó que se sentara con gesto impaciente. – Sí. En primer lugar, me gustaría hablaros de nuestro proyecto para cambiar el modelo de negocio de la psicoterapia, dirigido por el doctor Adolfo von Storgen, aquí presente. – Y asintió en fingida deferencia hacia von Storgen, que se había quedado con la palabra en la boca cuando se estaba levantando. – Adolfo lleva años dedicándose a la terapia estándar, pero queremos pasar a una compañía de producto, aprovechando las economías de escala y el efecto red.

Hizo una indicación de João, que se lió y proyectó una imagen de la Mascota tendida desnuda en una playa de Córcega. – ¡No, no, ésa no! ¡Coño, João! – masculló Gebara al pobre brasileño, que retiró la foto a toda prisa y, tras unos minutos de nerviosismo, consiguió proyectar una imagen de Emma Thompson con gafas de culo de vaso.

– Nuestro primer producto en esta serie será Trelawney, un software de “mindfulness” – un software que ayuda a centrar la atención, basado en el concepto budista utilizado en la meditación. La idea es que se use para los trastornos obsesivos compulsivos, y para reducir problemas como la ansiedad, la depresión, y el estrés. ¿Por qué “Trelawney”, os preguntaréis? Bueno, es que, a imitación de Debian, los nombres de desarrollo de nuestros programas psicológicos los vamos a tomar del universo ficcional de Harry Potter. Ya sabéis lo que dicen… draco dormiens Nunquam Titillandus – Y se rió. (De nuevo, creyó Anya, una risa fingida, porque estaba completamente segura de que Gebara no había leído los libros de Rowling ni visto las películas en su vida).

– Perdón – interrumpió Jasone González, que llevaba un rato con una cara de culo considerable. – Dos cuestiones. Primero,  ¿pretendéis suplir la psicoterapia por programas de ordenador? ¿Estáis reinventando ELIZA o qué? ¿Y encima de mindfulness? – Pareció pronunciar esta última palabra como si estuviera comiendo gusanos.

Von Storgen trató de intervenir de nuevo, y de nuevo Gebara le hizo callar. – La idea central es el life hacking o mind hacking – hackear la mente. Igual que podemos hackear nuestro ordenador o nuestra economía o nuestra rutina, queremos empoderar a la gente para lograr su propia salud mental de forma distribuida, sin depender de instituciones centralizadas de conocimiento, como los “profesionales acreditados”.

– Ya – dijo González, que apenas conseguía ocultar su desprecio. – Y ¿cuál es la diferencia entre esto y el New Age y la autoayuda?

– Bueno – contestó Gebara con su voz de “deja que te lo explique yo, tontita” (Anya estaba convencida de que la salía automáticamente frente a cualquier mujer, como un acto reflejo). – Es que en realidad la idea de la autoayuda está contaminada por las connotaciones negativas que le quieren endosar las instituciones y corporaciones centralizados y monopolísticas, que quieren manejarlo todo desde un capitalismo de amigotes que afecta a todos los ámbitos, no sólo el financiero…

– Entiendo. ¿O sea que el “hágalo usted mismo” vale en todos los aspectos? ¿También estaría dispuesto a operarse una apendicitis usted mismo, con instrumental fabricado en su propia impresora 3-D en casa?

– Está tergiversando lo que digo deliberadamente – dijo Gebara frunciendo el ceño, descolocado por el trato de usted. – Claro que no me operaría a mí mismo. Pero ¿por qué no crear una cooperativa médica local que evite los gastos brutales de los sistemas sanitarios “nacionales”? ¿Por qué no fabricar nuestro propio instrumental y no depender de las grandes corporaciones?

– Vale. Ustedes se montan su propia institución médica y/o de salud mental y se fabrican sus propios instrumentos médicos. Pero es que a práctica médica requiere un grado de conocimiento y de saber hacer extremadamente sofisticado que no se crea de la noche a la mañana, y que requiere, además de unos medios considerables, una historia, un recorrido. Y además, ¿quién va a garantizar los estándares?

– Con el efecto red y el conocimiento libre distribuido, cualquiera podría aprender a ser neurocirujano desde su portátil. ¡Imaginadlo! Bueno, sí, y habría que hacer alguna práctica, pero siempre se pueden organizar a nivel local, y se pueden hacer videoconferencias – y, de todos modos, el futuro van a ser los robotos dirigidos a distancia, así que esto es bastante irrelevante. Y en cuanto a los estándares, hay que dejar de ser universalistas. ¿Quién es la Universidad Complutense para decirme a mí si soy médico o no? ¿Por qué una cuadrilla de amigotes apoltronados en sus chiringuitos subvencionados por el Estado centralista tiene la capacidad de darles el titulito sólo a quiénes ellos dicen? ¿Por qué no puede la Lankide Elkartea montarse su propia Facultad de Medicina? – Aquí Lankide pareció empalidecer ante la idea por un segundo. – Claramente, señorita González, usted no a leído a Foucault.

González abrió la boca para replicar, pero cruzó la mirada con Aguirre y se calló. Con visible esfuerzo, y mascullando algo sobre charlatanes.

– Creo lo que Jasone también quería preguntar – dijo Aguirre – es ¿por qué Harry Potter?

– Bueno, creemos que es un buen modo de enganchar con la juventud, de hacerlo informal, divertido, no una cosa seria como “la terapia” de siempre…

González no pudo contenerse. – ¡Pero Trewlaney es la pitonisa inútil y chiflada que sólo acierta una vez cada ocho años!

Gebara la miró con el desprecio,  pensó Anya, que reservaba a la gente que insistía en que les aclarara qué es lo que quería decir con algo. Algo anatema para alguien que usaba el lenguaje no como un instrumento para precisar y aclarar, sino esencialmente como un medio de seducción y una pantalla de humo para disimular la ridiculez o inexistencia de sus ideas.

– Bueno, pasemos al otro proyecto – dijo Aguirre. – ¿De qué va?

Aquí a Gebara se le iluminó el rostro. – Sí, Es el principal proyecto de Tartessos propiamente. Estamos trabajando en un software que refleje los valores de los piesenpolvorosa y el espíritu mercante de los tartesios. Se trata de es un programa de software libre para escritorio en desarrollo por Tartessos que intenta articular redes sociales distribuidas en torno a los blogs sin caer en la cultura de la adhesión al modo de los libros de caras. Es la punta de lanza distribuida de la «contraofensiva» del software libre contra la recentralización de los libros de caras.

– ¿Libros de caras es Facebook?

– Sí.

– Pero sabes que Facebook ya no pinta mucho realmente ¿no?

– Bueno… el caso es que será desde el primer día multiplataforma y multidispositivo y 100% distribuido (osea generará un p2p puro). Utilizaremos para su programación Titanium. De hecho, incluso las limitaciones del programa en un primer momento acentúan la lógica empoderadora de los objetivos con los que se ha pensado.

Aguirre le miró de hito en hito. – Perdona, pero es que no tengo ni idea de qué estás hablando. ¿Puedes especificar un poco más?

– Es un software para hacer redes sociales sin necesidad de pasar por Facebook o semejantes – dijo la Mascota desde detrás, de repente. – La idea es tener en un mismo sitio todos los feeds de los blogs que sigues y otros elementos, como recomendaciones, convocatorias, y comentarios de usuarios en los que estás interesado. También se puede incluir Twitter.

– Ah, entiendo. Eso está mucho más claro – dijo Aguirre, y Gebara fulminó a la Mascota con la mirada. – De todos modos – preguntó – ¿no se había hablado hace tiempo de algo parecido? ¿Kaleidos, se llamaba?

– KALEIDOS NUNCA EXISTIÓ – gruñó Gebara con súbita furia. – Eso fueron sólo unos comentarios en algunos posts de gente que se apropió que ideas que realmente eran mías, o sea de Tartessos, y que luego nos robaron y… Bueno, en fin – trató de retomar el control. – Nuestra inspiración es el dios romano Mercurio…

– ¿Pero no era Osiris? – interrumpió González, pero Gebara fingió que no la había oído.

-… el dios romano Mercurio, mensajero de los dioses y el jefe de los viajeros. De hecho, la raíz etimológica de Mercurio es la misma que “mercancía”. Por eso hemos querido honrar a Mercurio con este software que va a revolucionar toda la estructura de las redes sociales existentes, y le hemos puesto el nombre de la serpiente de su caduceo.

Gebara hizo un gesto teatral hacia João, que, esta vez sí, acertó y proyectó la imagen de un báculo con una serpiente enrollada alrededor que era claramente el símbolo de la antigua ETA del que se había eliminado el filo del hacha con un programa malito de edición. – Os presento nuestro buque insignia. ¡Os presento el HERPES!

13

Cuando las carcajadas hubieron abatido, Aguirre, secándose las lágrimas de risa, le preguntó a Gebara si tenía un plan de negocio.

– Por supuesto – dijo Gebara, todavía mohíno por la recepción – para él completamente inesperada – del nombre de su software. Le tendió un documento de dos hojas sujetadas con un clip.

Aguirre lo examinó. – Esto no es un plan de negocio, esto es un plan de producto. Y bastante flojo, por cierto. Sólo es una lista de especificaciones técnicas más bien genéricas, sin ninguna explicación de su interés. Pero ¿cuál es el modelo de negocio?

– Pues… como decía, vamos a hacer uso del potencial de las redes para potenciar el empoderamiento sin caer en la cultura de adhesión de los libros de caras. Este efecto red generará un procomún de conocimiento y una economía de escalas desde el flujo P2P que nos permitirá llegar a una lógica de la abundancia y un subóptimo paretiano…

– No, no. No me estás entendiendo – le cortó Aguirre. – Lo que te estoy preguntando es: ¿de dónde sale la pasta? ¿Cómo pretendéis hacer que este negocio sea rentable, o por lo menos sostenible?

Gebara miró a Lankide. – Bueno, en realidad ésta es una labor de empoderamiento entre bloggers para generar un procomún de conocimiento público y una cultura del compromiso y empezar a sentar las bases de una economía que no sea la escasez. Una verdadera democracia económica a través de la deliberación en las redes distribuidas. Por eso, acordamos con la Lankidea Elkartea que Tartessos funcionaría como su obra social.

– Un momento, un momento – dijo Lankide. – Hablamos de que Phantomaki sería un proyecto social sin ánimo de lucro para proporcionar un servicio de información relevante a todas las empresas de la cooperativa y para ayudar al PUFO. Que por cierto se me están quejando porque entran a trabajar a las siete y para cuando les llega Aguante! ya les ha dado tiempo de leerse todos los periódicos ellos mismos. Pero ¿que todos los proyectos de Tartessos sean obra social? No, Ismael, no. Eso no es lo que hablamos. Somos una cooperativa, no las Hermanitas de la Caridad.

– La pregunta es muy sencilla – le dijo Aguirre a Gebara, que, por una vez en su vida, se había quedado sin palabras. – ¿Cuál es vuestro modelo de negocio para estos proyectos? O incluso ¿cuál es el modelo de negocio de Tartessos?

Juanjo le susurró a Anya: – Encontrar a un pardillo con dinero al que seducir y desplumar hasta que caiga todo por su propio peso y pasar al siguiente primo al que venderle humo. Pero claro, eso no se lo puede decir.

Gebara volvió a balbucear algo sobre la economía de la abundancia y la disipación de las rentas y vivir arrebatados por el cambio. Aguirre se volvió hacia Lankide: – Mira, Kepa. Me has pedido que te dé una opinión profesional sobre la viabilidad de estos proyectos. Aunque admito que no tengo mucha experiencia en el ámbito de las cooperativas, y aunque los datos disponibles no son muchos, creo que podemos ahorrarnos todos los trámites y te puedo dar mi opinión aquí mismo. – Miró a Gebara. – Estos proyectos son UNA PUTA MIERDA.

Se levantó del asiento, ayudó a Jasone a ponerse su abrigo, y se dirigieron a la salida, hablando de dónde irían a comer. – Ya hablaremos luego – le dijo Kepa a Gebara mientras les acompañaba.

***

El regreso al caserío fue predeciblemente apocalíptico, con Gebara insultando a todo bicho viviente y clamando venganza. (Habían tenido que esperar quince minutos hasta que Gebara dejó de tirarse al suelo de rabia echando espumarajos por la boca y de darle patadas a las farolas y los contenedores de basura, y se calmó lo suficiente como para montar en  la furgoneta).

– ¡¡¡¡HIJOS DE PUTA!!!! ¡TRAIDORES! ¡Claro, yo ya sabía que el cabrón de Aguirre nos iba a dar la puñalada por la espalda! ¡Después del trabajo que le hicimos en Euskalberri y nos tuvo durante meses pidiendo nuestro dinero como pordioseros, y nos la tiene jurada! ¡Tío chusqui, chusqui y violento!

– ¿Violento? – le preguntó Anya a Juanjo en voz baja. (Iban los dos en los asientos delanteros, con Juanjo conduciendo por ser el único tartesio varón que estaba acostumbrado a hacerlo).

– Me dijo João en una borrachera que Gebara le hizo alguna putada personal a Aguirre y Aguirre se plantó en el caserío a decirle que saliera a la calle porque le iba a dar de hostias. Por lo visto Gebara se cagó de miedo. Luego dijo que no se había enfrentado a él porque tuvo un flashback de Rwanda por culpa de su estrés post-traumático, y que Aguirre tenía suerte porque si no lo habría matado. – Aprovecharon un bache en la calzada para disimular sus risas.

– ¡Y la otra! ¡Esa austista ninfómana! ¡Fanática, sadomasoquista y medio asperger, incapaz de entender el habla figurada corriente! ¡Claro! !¡Es una frustrada más de una generación de becarios de la UE que fueron a universidades británicas solo para descubrir que los que se colocan en la academia al volver eran sus compañeros de clase chinos, nigerianos y vietnamitas, no ellos!

– ¿Vietnamitas? ¿Nigerianos? ¿En la universidad? ¿En qué universidad? – susurró Anya, a duras penas capaz de contener la risa ya.

– Se van a enterar. Se van a enterar. Esto no va a quedar así – no dejaba de repetir Gebara. – Nos vengaremos. Vaya si nos vengaremos. ¿No saben quiénes somos? ¿No saben quién soy yo? YO SOY ISMAEL GEBARA Y NO SABEN LO QUE HAN HECHO.

-…HAN DESPERTADO AL DRAGÓN – susurraron Anya y Juanjo a la vez por separado, y esta vez tuvieron que disimular el ataque de risa fingiendo que les había entrado polen por la ventanilla.

14

Aquel fin de semana habían organizado el Día del Orujo, al que habían invitado a muchos conocidos y simpatizantes, así que, pese al mal ambiente reinante en Tartessos tras el fiasco con Lankide y Aguirre, no les quedó más remedio que celebrarlo.

Antes de la llegada de los invitados, Gebara reunió a todos los tartesios y adoptó su postura de sacerdote oficiante para explicar la solemnidad e importancia de la ocasión:

– ¿Por qué celebramos el día del orujo? ¿Es porque simplemente porque nos gusta beber orujo? ¿Es por agarrarnos un colocón? NO. Históricamente, los alcoholes de fermentación están ligados a la celebración y sacralización de las relaciones comunitarias y de la comunidad con el medio. La elaboración del orujo -seguramente uno de los más antiguos- es en si misma un resumen y un símbolo del ciclo productivo, de los procedimientos colectivos para transformar, construir y realizar productos.

La elaboración del hollejo del orujo exige de cada uno de nosotros pietas, atención, respeto y amor por la comunidad con la que trabajamos. Aunque hay espacio y oportunidad para la originalidad personal, tiene que darse dentro del espacio de la coordinación y la sincronización con los otros.

Anya apunto subrepticiamente en su cuaderno de notas: “PIETAS: la individualidad de los miembros de la comunidad se supedita al “bien común” – sinónimo de la voluntad del líder”.

– El hollejo se deja después en la soledad de la fermentación en el alambique. Comienza entonces a bullir, a tomar vida propia. A través de ese proceso va ganando en alcoholes y convirtiéndose en orujo. Una buena alegoría de la virtus, la bravura, la excelencia, el esfuerzo y la superación personal en aras de otros y el bien colectivo, cuyo ejercicio nos transforma y empodera. La virtus vive también en la penumbra, no se hace evidente a cada momento, pero si la dejamos crecer dentro de la sensatez, nos convertirá a cada uno en el apoyo que los demás necesitan en los momentos difíciles. Cuando necesitemos de los otros más que el compromiso establecido, será su virtus la que nos impulse. Así, empoderándonos a cada uno, empodera a la comunidad. En el cambio permanente y discreto que realiza en cada uno se fundamenta la resiliencia de todos.

Anya anotó: “VIRTUS: el hollejo fermentado (!!!) como metáfora de la transformación personal requerida para formar parte de la comunidad – cf. el nazi de Jung hablando de la alquimia. Metáfora de la metamorfosis del individuo para “adaptarse” a las reglas impuestas por el líder – mecanismo clásico en sectas”.

– Luego, cuando la fermentación ha llegado al nivel deseado, el orujo se decanta y embotella. Si todo se ha hecho bien los olores serán fragantes, tendrá el cuerpo deseado y las sonrisas de orgullo serán inevitables. Si el proceso se retrasa el resultado quedará rancio, si se adelanta débil, incompleto. Es una bonita alegoría de la fides, el compromiso con la palabra dada.

Anya anotó: “FIDES: Delirio colectivo: los tartesios realmente creen que tienen un historial excelente de éxitos y logros con sus clientes. Y sin embargo, sus éxitos reales son nulos. El líder atribuye siempre los fracasos a una “traición” por parte de una parte externa, y el grupo no reconoce cómo se desdicen sistemáticamente de sus promesas. El valor de la palabra dada es así nulo, puesto que depende estrictamente de la voluntad (capricho/estado de ánimo cambiante) del líder”.

– Así pues – remató Gebara, solemne –  cuando toméis un chupito después de la comida, pensad que ese chupito no es un mero chupito para hacer mejor la digestión: ese chupito es una metáfora de nuestra virtus, fides, pietas, resiliencia. Ese chupito es la encarnación de nuestra vida interesante y nuestro gusto por estar juntos. Ese chupito, bros, es Tartessos.

***

Los invitados llegaron por la tarde. Básicamente, procedían de pequeños grupos “alternativos” – ecologistas, anarquistas, pequeños cooperativistas, comunas. También estaba Jorge Robles, un autor al que Gebara había convencido para que publicara su último libro de ciencia ficción a través de Tartessos y que todavía no había visto ningún beneficio en términos económicos y de reputación, básicamente porque los tartesios no se habían ocupado en absoluto de promocionarlo más allá de poner un enlace en su sitio web. Robles estaba hablando con la Mascota – que en un momento dado había recibido el título aparentemente importante y realmente vacío de Directora de la Editorial – con aire de desánimo, pero la conversación claramente no estaba yendo a ninguna parte.

– No hay nadie de ninguna empresa medianamente importante – le comentó Anya a Juanjo.

– No me extraña. Después del fiasco de Euskalberri, las posibilidades de que Tartessos se convirtiera en una consultora corporativa potente se disolvieron. La estrategia de Gebara ahora es dedicarse a los pequeños nichos marginales a los que la enemistad del “capital” les puede incluso resultar atractiva. Pero después de lo de Lankide, los nichos van a tener que ser muy, pero que muy marginales.

– Un momento. ¿Ése no es…?

“Ése” era un hombre no muy alto, fornido, al que Anya reconoció de inmediato como Pedro López, el director de comunicación de Euskalberri. Que precisamente se estaba acercando directamente a ellos.

– Anya Buddenbrooks y Juanjo Valiñas. Precisamente tenía yo ganas de hablar con vosotros.

– ¿Nos conocemos?

– No personalmente. Pero mi trabajo consiste precisamente, entre otras cosas, en averiguar quién es quién.

La Mascota reclamó a Juanjo desde el otro extremo de la sala – necesitaban a gente con fuerza para levantar un alambique, y además necesitaba una excusa para escaquearse de Robles – así que Anya se quedó a solas con López. – ¿Podemos hablar en algún lugar más tranquilo?

– Claro – contestó Anya. Dijo, deliberadamente en más voz alta para que la oyeran los tartesios. – El baño está arriba. Te acompaño.

– Sé lo que estáis haciendo Juanjo y tú – dijo López mientras subían las escaleras. – No te preocupes, no os voy a delatar.

– ¿Cómo…?

– Como te digo, mi trabajo consiste en saber qué está haciendo quién. Y no podía dejar de llamarme la atención que Juanjo Valiñas, un empleado de Borja Cheng, y Anya Buddenbrooks – que casualmente tuvo una reunión con Cheng -, dos de los mejores antropólogos corporativos en la Península, decidieran dejar el mundo de la empresa y meterse en Tartessos a la vez. – Ante la expresión de sorpresa de Anya, sonrió y dijo: – En Euskalberri tenemos nuestras fuentes. Y yo, personalmente, tengo algunas fuentes más inusuales.

Pasaron a la biblioteca, donde Anya nunca había estado antes por estar siempre cerrada, pero que habían dejado abierta ahora con el trasiego de bidones y alambiques. – ¿Qué es lo que quieres, Pedro?

– ¿Querer? De momento, nada. Básicamente tengo curiosidad personal. Y la gente para la que trabajo posiblemente tenga mucho interés en el resultado de vuestro trabajo.

– Me sorprende que estés aquí, después de lo que pasó con Serum.

– La política de Euskalberri ha sido básicamente hacer como si no hubiera pasado nada y mantener las apariencias. Y por supuesto Gebara no puede negarse a invitarnos y tiene que fingir cordialidad. Pero estamos esperando el momento.

– ¿El momento de qué? – preguntó Anya, pero López no respondió. Se había quedado mirando las paredes y el techo de la biblioteca, que ciertamente parecía demasiado despoblada de libros como para recibir tal nombre. Sólo había un par de estanterías de IKEA en un extremo, con unos pocos tomos – una versión en cómic de “Los siete pilares de la sabiduría“, una copia muy manoseada (y sospechosamente pegajosa) de “Islas en la red“, y “Foucault para Dummies” – además de pilas y pilas de copias de las publicaciones de Gebara y “El capitalismo que se pasea”, de Luis Salazar. Además, no había ninguna silla ni mesa donde poder leer o trabajar. Era un espacio largo y vacío, sin ventanas, presidido por el pendón tartesio en un extremo.

– ¿Qué habitación es ésta? – preguntó.

– Lo llaman la biblioteca.

López calló un momento. Luego señaló hacia unos ganchos situados a intervalos regulares en el techo y en las paredes en los que Anya no se había fijado. – Esto no es una biblioteca. Es una mazmorra.

15

Bajaron de la ¿biblioteca? para encontrarse un gran tumulto abajo: por lo visto, los primeros invitados en tomar el orujo estaban vomitando por todo el salón y sus acompañantes estaban pidiendo a gritos que llamaran a una ambulancia.

– ¿Pero cómo hicisteis esta mierda? – gritaba la esposa de Jorge Robles, que estaba prácticamente verde, vomitando detrás de un sofá.

– En alambiques que hicimos con los radiadores del sótano… ¡pero los desinfectamos a fondo! – se justificaba la Mascota, temerosa. – ¡João! ¡Esto es todo culpa tuya!

***

– Tenemos que irnos de aquí – sentenció Gebara aquella noche mientras presidía la cena. – Ante las exclamaciones de sorpresa de los tartesios, explicó: –  Aquí no nos entienden. Creí que Arrasate sería nuestra Libertonia, pero ¡qué equivocados estábamos!

– Pero, Ismael – aventuró Bel – recuerda cómo nos fuimos de Madrid.

– Sí – evocó Gebara, casi con nostalgia. – Huíamos de Madrid, donde las calles se adornan de carteles de saldo y tiendas cerradas, contagiadas de una nueva peste. Cadáveres de la crisis esperando el carro de un enterrador cansino y perezoso. En la agenda se deja sentir un familiar olor a jauría buscando revanchas fáciles. Entre los cascotes sigue, aburrido, el juego de las viejas aritméticas y equilibrios.

– Recuerda cómo eran las cosas allí – añadió la Mascota. – Las viejas matándose por el pan.

– Y las meadas en las calles. Y las basuras y las ratas. – dijo Bel. – Ismael, Madrid es prácticamente el mundo de Mad Max. ¿No puedes decir en serio que volvamos ahí? ¿Después de tanto esfuerzo?

– ¿Quién ha dicho que volveremos a Madrid? – respondió Gebara, y se levantó. – Pero ya es suficiente de momento. Tenemos otras cosas urgentes en que pensar. Los enemigos nos acosan, está claro. Lankide es como todos, un vendido al capitalismo de amigotes y el nacionalismo venenoso, y no entiende la esencia de la democracia económica y la fraternidad y el vivir arrebatado por el cambio. Y ya no podemos contar con la pasta de Euskalberri después de que esa víbora de Aguirre malmetiera. ¡Siempre es lo mismo! ¡Es como si no pudieran soportar nuestra cadena de éxitos continuos!

– Bueno, nuestros amigos de las pequeñas asociaciones y cooperativas independientes nos siguen apoyando… – aventuró João tímidamente.

– ¿Los independientes? – gruñó Gebara, torciendo el labio en un gesto desdeñoso. – ¿Y a quién coño le interesan los pequeños independientes? Vosotros los sudamericanos, siempre con vuestro pensamiento servil. Claro, tantos siglos de encomiendas y plantaciones… No, lo que Tartessos necesita es una posición de PODER. No hacernos amigüitos de esa panda de frikis patéticos abraza árboles y feministoides. – Alzó la vista y miró a Anya y Juanjo. – Pero para eso necesitamos reforzar nuestras filas. Anya, Juanjo. Os anunciamos que vais a recibir el honor de pasar a formar parte de Tartessos. Muy pronto pasaréis a ser tartesios de pleno derecho.

Las reacciones de los tartesios ante aquel súbito anuncio, notó Anya, fueron muy dispares. Bel tuvo una milirreacción de sorpresa, pero de inmediato la disimuló y pasó a fingir que por supuesto era una decisión conjunta y ya lo sabía y lo había hablado mucho con Gebara. La Mascota se enfurruñó de inmediato, su enfado y sensación de amenaza transparentes en su rostro. João – que se había pasado cinco años trabajando gratis antes de que lo reconocieran como tartesio – murmuró un “pero yo…” y luego calló, cariacontecido. Adriana siguió partiendo nueces y mirando fotos en su iPhone.

***

Por la noche, Anya se refugió en su habitación, donde cada noche corría el riesgo de electrocutarse con el interruptor, que llevaba meses fuera de su cajetín desde que João prometiera arreglarlo. Y de nuevo – como en aquella noche de hacía meses – oyó voces en la escalera.

Entrabrió la puerta. Esta vez eran Gebara y la Mascota. – Claro, es que yo no te importo – sonaba la voz de la Mascota. – Siempre es Bel, Bel, Bel, Bel. Bel la Basilissa, Bel la listísima, Bel la superguay. ¿Y yo? ¿Y yo qué?

– Tontita, tú eres muy importante. ¿Qué haríamos en la Editorial sin ti?

– Es cierto que es muy importante encargar a alguien que pase un documento Word a ePub – admitió la Mascota, ansiosa por dejarse convencer. – Si das con alguien que no sabe, te puede hundir toda la historia. Y en Vizcaya no hay tanta gente que sepa…

– ¡Claro! ¿Ves cómo te necesitamos, tontita?

La voz de la Mascota era la de una cría de seis años enfurruñada. – Pero es que le haces mucho caso a Anya… Es como si la tomaras más en serio que a mí sólo porque ha trabajado en empresas de verdad y yo fui becaria en la biblioteca de la Universidad de Alcobendas. ¿Por qué la vas a hacer tartesia?

– Tontita, es sólo por pura conveniencia. ¿Cómo puedes creer que me importa más que tú?

– Pero he visto cómo la miras… – Hubo unas voces confusas, y la Mascota protestó: – Claro, ahora me quieres follar porque Adriana ya no quiere dormir contigo. ¿Por qué sólo me follas cuando no tienes con quién? ¿Por qué siempre soy la rueda de repuesto?

Hubo más ruidos confusos, y pasos que descendían al salón. Anya salió de su cuarto y se acercó sigilosamente a la esquina de la escalera. Por el hueco, pudo ver cómo Gebara dirigía a la Mascota hacia dentro, hacia los sillones, y luego desaparecieron de su campo de visión.

Hubo más voces indistintas, y luego un ruido extraño, que hizo que Anya se quedara quieta, intentando reconocerlo. Cuando lo reconoció, se quedó completamente congelada. Era el ruido de muelles.

Permaneció paralizada unos instantes, sonrojándose involuntariamente. Luego se alzó de su postura en cuclillas y regresó a su cuarto lo más silenciosamente que pudo. Apenas había abierto la puerta con cuidado cuando oyó una especie de bramido lejano – Gebara – y los muelles dejaron de chirriar. Apenas habían pasado dos minutos.

Entró en su habitación y cerró, pensando que si no fuera tan obtusa y dispuesta a echarle siempre la culpa a otros, sentiría mucha, mucha pena por la Mascota.

16

Tras el sorpresivo anuncio de que iban a ser ascendidos a tartesios y que se iban a ir de Bilbao, hubo un anticlímax en el que pareció que no se hubiera dicho nada. Los tartesios siguieron, como de costumbre, sentándose a su ordenador en la mesa tartesia – en riguroso orden jerárquico, presidida por Bel, por supuesto (Gebara trabajaba en su despacho). Habían puesto a Anya y Juanjo a realizar un estudio de las redes en las taifas mediterráneas, sin explicar mucho por qué. Van Storgen iba y venía a las Hébridas, no estaba muy claro a qué (Anya sospechaba que era el único modo en que podía soportar tener una relación con los tartesios). Y Adriana, que no parecía tener mucho que hacer, fue puesta finalmente a cargo de los piesenpolvorosa, en plan capataz.

Una mañana, hubo una explosión (otra).

Estaban sentados en la mesa tartesia cuando oyeron unos gritos provenientes de la sala de los piesenpolvorosa. Bel se levantó, y se apresuraron a seguirla, para encontrarse a Adriana, convertida súbitamente de pija mexicana en guardia de campo, que sostenía triunfalmente un móvil.

– ¡Mira lo que esta pendeja ha estado enviando! – dijo triunfalmente, señalando a una piesenpolvorosa local llamada Nekane. Le mostró el móvil a Bel. Un SMS: “¡Ánimo, chicos, que tenemos las de ganar. Luego os digo cómo”.

– ¿Pero qué mierda es ésta? – exclamó Bel con ferocidad.

– Llevamos semanas tratando de hablar con vosotros – dijo Nekane, una chica morena, con notable sangre fría. – Nos tenéis jornadas de doce horas picando datos, sin cobrar. Ni siquiera nos dais de comer – tenemos que traernos nuestros propios bocatas.

Otro chico local, Eneko, añadió: – Esto no es lo que decía la beca. Se supone que esto era una beca de aprendizaje de inteligencia de redes, y lo único que estamos haciendo es grabar datos. Nos estáis usando como mano de obra barata. – Los demás piesenpolvorosa murmuraron su asentimiento a sus espaldas.

– He hecho averiguaciones en la Consejería de Trabajo, y os pueden meter un buen puro – añadió Nekane. Se encogió de hombros: – Le mandé el SMS a Adriana por error, porque estaba en mi lista de mailing.

– ¡Eres una agitadora, una provocadora! – grito Bel. Se volvió hacia Eneko: – ¡Y tú eres el peor de todos, porque los has estado aleccionando! ¿Quién os ha enviado? ¿Para quién trabajáis?

– No trabajamos para nadie, Bel – dijo Eneko. – Sólo queremos que nos tratéis en condiciones. Esto es peor que un taller de chinos.

– ¡Niñatos malcriados! ¿Después de todo lo que hemos hecho por vosotros, es así cómo nos los pagáis?

En ese momento apareció Gebara, a quien la Mascota se había apresurado en ir a llamar. – ¿PERO QUIÉN COÑO OS CRÉEIS QUE SOIS? ¡NIÑATOS! ¡IMBÉCILES! ¡GILIPOLLAS! ¡INMADUROS!

Gebara empezó a ponerse violento, tirando libros por el suelo, golpeando en las mesas. Anya sintió cómo Juanjo se tensaba a su lado. – ¡HABÉIS APROVECHADO QUE BEL ESTABA ENFERMA PARA MONTAR ESTE COMPLOT! ¡LADRONES! ¡PUES NO PENSÉIS QUE OS VAIS A IR DE ROSITAS ASÍ COMO ASÍ! ¡MAMONES!

Nekane hizo amago de irse, pero Bel y Adriana se habían posicionado en la puerta, bloqueándola para que no pudiera salir. Se volvió, y Anya vio un miedo evidente en su rostro. Lo cual no le extrañaba, porque ella también tenía un nudo en el estómago.

– ¡HIJOS DE PUTA! ¡LADRONES! ¡ESPÍAS! ¡TRAIDORES! ¡ES QUE NO SE OS PUEDE TRATAR BIEN!

– Ismael, sólo estamos pidiendo lo que se nos explicó en la beca… – trató de razonar Nekane.

– ¿¿¿EN LA BECA???? ¿ME VAIS A VENIR CON CHORRADAS ESTATALISTAS AHORA? OSEA, QUE  PRETENDÉIS QUE OS PAGUE POR VUESTRO TRABAJO CUANDO TENÍAIS QUE ESTAR DANDO LAS GRACIAS DE RODILLAS POR EL PRIVILEGIO DE TRABAJAR AQUI ¡¡¡¡NIÑATOS DE MIERDA QUE ESPERAN QUE OS LO DEN TODO HECHO Y MASCADO!!!! ¡LA MATO, YO LA MATO!

Gebara hizo un gesto de abalanzarse sobre Nekane, pero Bel y la Mascota le agarraron por las mangas. – Cálmate, Ismael, que no merece la pena… De verdad, es una pobre idiota, no merece ni que la escupamos… Gilipollas estúpida…

Juanjo había hecho también amago de reaccionar, pero Anya le frenó posándole la mano en el brazo. – Tranquilo, no la va a tocar – susurró. – ¿No lo ves? Es siempre lo mismo. “Sujetadme, sujetadme”. Hacen el numerito de King Kong sujetado por los negritos para que la gente se muera de miedo, pero realmente no se atreve a meterse en una pelea.

Nekane y Eneko aprovecharon que la vía había quedado libre para recoger sus bártulos y marcharse, seguidos por todos los demás piesenpolvorosa. – Nos vamos.

– ¡¡¡¡¡NO OS VAIS, ESTÁIS DESPEDIDOS!!!!!! – bramó Gebara a sus espaldas.

17

INFORME ESPECIAL – Juanjo Valiñas

A petición expresa de Borja Cheng (CEO, Cheng Corp), procedo a tratar de completar los primeros años del CV de Ismael Gebara, utilizando los datos ya disponibles del Servicio de Información e Inteligencia e incorporando la información obtenida durante el trabajo de campo.

Edad: 0
Nace Ismael García Guevara el 23 de agosto de 1970.  Su lugar de nacimiento es incierto: los registros oficiales parcialmente disponibles parecen indicar que nació en el Aaiún, donde sus padres, miembros de una ONG anarquista en las vacaciones y fines de semanas, estaban impartiendo clases de Economía Marxista y Concienciación Feminista a los saharauis tras pedir una excedencia, hasta que fueron expulsados y debieron reincorporarse a sus puestos como funcionarios administrativos en el Hospital del 12 de Octubre, en Madrid (según otras versiones, nació en Madrid pero su madre falseó los registros para poder decir que tenía un hijo guerrillero). La versión habitualmente manejada por el propio Gebara (aunque varía enormemente según el momento y su estado de humor) es que nació a bordo de un barco donde su padre estaba tendiendo líneas submarinas para la Free Software Foundation.

La familia de Gebara tiene vínculos masones por parte de padre y comunistas por parte de madre. A partir de los 16 años, Gebara utiliza sólo el apellido materno, alegando que usar el apellido del padre es una forma de perpetuar el patriarcado. En realidad, creemos que se avergüenza del apellido más común de padre y afirma que su familia materna desciende de un linaje noble (un supuesto Comte LeGavre alsaciano que se habría exiliado en España tras la Revolución Francesa).

Edad: 17
Publica un artículo de opinión en El País en el que se describe como “Presidente del Colectivo de Estudiantes Progresistas”, proponiendo “la reforma de los planes de estudio, un equipamiento moderno y una revalorización de la formación profesional y de las carreras técnicas.” Sufre bullying en el instituto.

Edad: 19
Afirma estar presente en Berlín durante la Caída del Muro, supuestamente en una casa okupada (aunque se rumorea que estaba allí con una chaqueta de pana gastándose el dinero de los padres en un viaje en tren por Europa).

Edad: 19-24
Gebara afirma públicamente en diversas ocasiones que en este periodo:

  • Estuvo vinculado a la CNT.
  •  Estuvo vinculado a grupos de la izquierda antisistema en Madrid y fue “hackeador de cajeros”.
  •  Visitó Centroamérica (donde habría adquirido un temblor permanente en las manos como resultado de una paliza).
  • Fue combatiente con el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (grupo marxista-leninista) en Perú.
  • Estuvo en un campo de entrenamiento militar en Cuba.
  • Fue combatiente en diversas guerras centroafricanas, incluyendo la guerra de Rwanda.

Edad: 24-28
Gebara cursa estudios de Económicas en la Universidad Carlos III de Madrid.  Conoce a Luis Salazar, entonces profesor suyo.

Edad: 28

  • Trabaja en la candidatura a las primarias del PSOE del candidato Enric Batlle.
  • Creación del Comité de Solidaridad con Kosovo. Gebara afirma haber combatido en la guerra de Yugoslavia (en Bosnia), aunque nunca se especifica exactamente dónde ni con quién – en algunos momentos ha dicho que luchó en Bosnia, lo cual significaría que luchó con los bosnios musulmanes – en su mayoría yihadistas financiados por Irán y Arabia Saudita – o bien con ultraderechistas defensores de los católicos croatas. Todos los datos parecen sugerir que permaneció en Madrid mientras otros delegados viajaron a Albania.
  • Afirma haber hackeado los servidores del gobierno serbio, consiguiendo que todas las impresoras del Ministerio de Interior escupieran hojas diciendo “Milosevic CACA” a la vez.

Edad: 28-30

  • Director del Plan Integral de la Creación para la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) como consultor en C&GE (Comunicación y Gestión de Entornos).
  • Imparte algunas clases como asistente en la licenciatura de Administración y Dirección de Empresas de la Universidad Carlos III de Madrid. Los alumnos se quejan de que se pasa las clases hablando de Kropotkin y Zamenhof y no sigue el temario ni explica el Plan General de Contabilidad.

Edad: 30
Funda  junto con Luis Salazar (entonces miembro del Consejo de Administración de Euskalberri Kutxa) e Isabel Prender (entonces pareja de de Gebara) de Pensamos en Red (empresa de software para aparatos Palm). La compañía recibe una ampliación de capital de un millón y medio de euros gracias a los contactos de Salazar.

Edad: 32

  • Cierre de Pensamos en Red (que acaba siendo adquirida por Arsys como empresa “low cost”). Abandona el país en dirección a China sin previo aviso inmediatamente antes de la Junta de Accionistas, dejando a Luis Salazar solo para dar explicaciones.
  • Fundación de Tartessos.
  • Críticas feroces a la SGAE, sin referencia alguna al hecho de que en un tiempo trabajó para ellos.

Edad: 33

  • Trabaja como asesor en la campaña de electoral de Juan Antonio Ballesta (PSOE), que sería elegido alcalde de Zaragoza, apoyando la implementación del software libre en instituciones públicas.
  • Se publica “Como una parra y no como una mata”, en el que se hace una defensa feroz del copyleft, el P2P, y el software libre.

Edad: 33-34

  • Publicación de artículos en Libertad Digital, dirigido por Federico Jiménez Losantos.
  • Intenta colarse en el evento anual de liberalismo organizado por Federico Jiménez Losantos. Le pillan.
  • Crea, junto con miembros de las juventudes del PP, LosLiberales.net, un agregador de blogs que agrupa a Liberales y Ciberpunks. La relación acaba mal, y Gebara acaba montando punkciber.net, mientras que los miembros del PP crean RedLiberal.

Edad: 34

  • Atentado del 11M en Atocha.  Gebara afirma públicamente que él y otra persona fueron los artífices de la campaña “Pásalo” del 13M (a través de mensajes SMS de móvil) que anunció el vuelco electoral. Otras fuentes (Alejandro Avellana) niegan tal participación aunque sí destacan el rápido cambio de orientación política. El periodista Íñigo Scholar, que pasó esa noche ante la sede del PP en Génova, afirma que Gebara se encerró en el cuarto de baño de un bar, esperando un golpe de Estado.
  • Caída del Gobierno de Aznar (PP) en las elecciones generales. Recuperación increíblemente veloz de relaciones con el PSOE.
  • Se funda la Editorial Tartessos. Ignacio Mezquita se une a Tartessos para dirigirla.
  • “Revolución naranja” en Ucrania. Gebara afirma haber encabezado manifestaciones por las calles de Kiev.  Otras fuentes afirman que (a) estuvo en Kiev en 2005, cuando la revolución fue en 2004; (b) no salió de casa de una chica que fue brevemente su pareja y a la que siguió a Ucrania para intentar convencerla de que se uniera a Tartessos; (c) la chica estaba únicamente interesada en que Gebara le comprara una batidora [sic].

Edad: 35

  • Marisol Gómez, entonces pareja ocasional de Gebara, se une a la asociación Punkciber. Más adelante pasa a trabajar en Tartessos. También se incorpora Amanda Loma, arabista, también amante de Gebara. (Oficialmente, Amanda había dejado de ser amante de Gebara cuando éste inició su relación con Marisol, pero todos los indicios apuntan a que hubo solapamientos constantes en sus relaciones con estas y otras mujeres).
  • Kike Artero, antiguo líder de las Juventudes Socialistas, cede espacio en sus oficinas a Tartessos a cambio de informes. Gebara considera que pide más de lo debido.
  • El PSOE organiza un curso para cuadros del partido peronista que permita a Néstor Kirchner tener una facción propia. La Editorial Tartessos desarrolla un curso de redes y blogs para las “Juventudes K” en la Fundación Jaime Vera.
  • Ignacio Mezquita abandona Tartessos por exasperación ante la falta de preparación y profesionalidad de los tartesios en todos sus compromisos.
  • Primavera: invita a dos bloggers del PSOE a participar en punkciber.net.
  • Verano: colabora en la creación de RedProgresista y LasIdeas, dos agregadores de blogs de izquierdas.
  • Abandono de Tartessos por Amanda Loma, que, cansada de las idas y venidas de Gebara, había decidido hacer vida social fuera de Tartessos. Ante los reproches continuos, decide irse a Siria. Gebara pasa a cobrarle 1000 euros al año por alojar su blog.
  • Gebara trata de dar el salto al mundo anglosajón como experto en teoría de redes sociales. Tras no ser aclamado como un referente intelectual global, tiene una reacción colérica y proclama que hay que vivir dando la espalda al angloverso.

Edad: 36

  • Marisol Gómez pasa a dirigir la Editorial Tartessos tras el abandono de Mezquita. Básicamente su función consiste en hacerse una foto con los (dos) autores no tartesios que publican.
  • Se invita a militantes, diputados, y líderes socialistas a abrir y alojar sus blogs en el servidor tartesio.

Edad: 37

  • Vinculación comercial con la Euskalberri Kutxa bajo Fernando Rodríguez,  hombre de confianza de Aznar: labores de consultoría (aunque jamás se ha encontrado ningún documento de consultoría producido durante este periodo más allá de una presentación de PowerPoint mostrando las caras de los presidentes de los países africanos).
  • Marc y Roser, una pareja catalana, se incorporana a Tartessos. Desde el principio, el hecho de que fueran una pareja (y por tanto, una unidad en la que Gebara no puede entrar en principio) es problemático. Gebara crea la vía tartesia (las lecturas que los postulantes deben realizar, principalmente lecturas de ciencia ficción) esencialmente como modo para fastidiar a Roser, que no es lectora de ciencia ficción. La pareja acaba marchándose de vacaciones y no regresa nunca. Gebara los acusa de ladrones y chorizos, y desde entonces la mera mención de los términos “Cataluña” o “catalán” provoca un chorro de insultos e invectiva por su parte.

Edad: 38

  • Acercamiento al PNV: Jon Josu Maza prologa “De los países a la filé”. Nunca más se vuelve a hablar de Maza.
  • Viaje a Bolivia. Gran conmoción cuando a Gebara le roban el portátil con todos los datos de Tartessos. Al preguntarle cómo alguien que supuestamente ha combatido en tres continentes se ha podido dejar el portátil a la vista de todo el mundo en un coche aparcado en mitad de La Paz, una de las ciudades más pobres del mundo, responde: “¡Es que dejé el coche cerrado!”

Edad: 39

  • Se alquila un local en la calle del Buque en Madrid (conocido como la Panadería por su antigua función). Se sospecha que Gebara elige el local por su asociación con un mítico gremio de cerveceros cuyo líder mesiánico admira desde la distancia.
  • Se adquiere la Casa del Rey en Cerdeña, con el dinero de Euskalberri. Se cree que establece vínculos tentativos con la mafia sarda.
  • El diputado socialista Juan Antonio Castillo Ramo publica una columna de opinión defendiendo el copyright y la propiedad intelectual en El País. Afirma después que su blog (alojado en el servidor de Tartessos) ha sido cerrado como represalia. Gebara contesta que se trata de un problema técnico. El affaire pasa a formar parte de la jerga tartesia.

Edad: 40

  • Al llegar a los 40, Gebara sufre una crisis de la mediana edad, dándose cuenta de que ya no puede irse presentando como “la joven promesa” o “el joven prodigio” o el “enfant terrible de las Redes”. Empieza a pensar en su jubilación, y, al darse cuenta de que necesita tener dinero para poder retirarse a los 65, establece objetivos colectivos a 25 años para Tartessos (esto es, precisamente los 25 años que faltan entonces para su jubilación).
  • João Silva se une a Tartessos, en principio como trabajador sin papeles y no remunerado. Gebara afirma que está luchando contra la dictadura y la arbitrariedad de las fronteras nacionales y los pasaportes.
  • Joan Vilabaixa, un programador valenciano muy reputado, se une a Tartessos. Acaba abandonando la comunidad porque, en palabras de Gebara, “¡Tenía la manía de pensarse las respuestas cuando le preguntabas algo! ¡Y encima es valenciano! ¡Ésos son catalanes con acento hortera!”
  • Conversaciones con el presidente de Euskalberri que llevan a la creación de Serum, n proyecto dedicado a la “creación, dinamización, coordinación y catalización de comunidades y redes que sirvan al propósito de la generación y socialización de conocimiento útil para que «todo el que quiera asumir los riesgos de creación de una empresa con un proyecto plausible tenga acceso a las herramientas y conocimiento para llevarlo a la práctica».”
  • Se crea Marketum, un programa de software libre que se describe del siguiente modo: “Marketum se parece a una «red social». Cada empresa tiene su ficha, publica sus noticias, busca empresas que puedan estar interesadas en sus productos o que le provean con confiabilidad a mejores precios. Pero a diferencia de una red social, Marketum está limitado a empresas y a grupos y asociaciones de empresas. Por eso el corazón de Marketum es un sistema de ofertas y pedidos optimizado para ayudar a cada empresa a encontrar nuevos clientes, distribuidores y proveedores.” Sin embargo, el presidente de Euskalberri lo describe ante la prensa como “¡Es Facebook para empresas!”, ante lo cual la prensa considera, correctamente, que Facebook ya existe.

Edad: 41

  •  Declaración de Persépolis: los tartesios declaran que su grupo tendrá a partir de entonces su sede en Cerdeña y oficinas en Madrid y Bilbao. Al poco tiempo se abandonan las oficinas de Cerdeña y Madrid. Nunca más se vuelve a hablar de Persépolis.
  • Debacle de Zapatero (PSOE) en las elecciones generales. De la noche a la mañana Gebara anuncia que no se renovará el alojamiento a los amigos (en su 70-80% socialistas) a los que hasta entonces se regalaba el hosting.
  • Enrique Polansky (contacto de Serum en Iberoamérica) solicita referencias sobre Gebara y Tartessos a las comunidades masónica y judía en la Península. Las referencias son catastróficas (Gebara fue  expulsado de su logia y Bel insultó al embajador de Israel) y la relación acaba. Aparentemente, a Gebara no se le había pasado por la cabeza que Polansky, que es judío y Gran Maestre de la Logia del Oriente, pudiera hablar con sus contactos en la Península y había presumido de su status en la logia de Madrid.
  • Conoce a Adriana Velázquez en una movilización en favor del PRI en Ciudad de México. Como hija de importantes empresarios que financian el partido, Adriana tiene un cargo como trabajadora social en un organismo público, aunque pasa la mayor parte de su tiempo viajando por Europa. Tienen una relación sexual esa misma noche. A su regreso, Gebara informa a Marisol de inmediato de que debe abandonar el dormitorio compartido (por enésima vez).

Edad: 42

  • Acercamiento al mundo esperantista: se empiezan a traducir los posts de la Posta de Tartessos al esperanto. Se anuncia que el esperanto es el idioma de trabajo tartesio (por ser una lengua “sin comunidad nacional”) y crear una feed del sitio en esperanto.
  • Proyecto de creación de la “Urbo-Espanto” de Vizcaya como propuesta para el masivo turismo esperantista en la región.
  • Charla de Gebara con el famoso “periodista 2.0” Nando Roma, donde se define como “anticapitalista”.
  • Charla de Gebara en el Matadero de Madrid alabando el esperanto como un “software libre” para la mente y un “modo de hackeo mental”.
  • Gebara y João se plantan en la sede de la Asociación Esperantista de Bilbao (de casi 100 años de antigüedad) para anunciarles que son ineficaces en su difusión del esperanto en la región y que han llegado para hacerse cargo y salvarles de su decadencia. Tras salir corriendo por el casco viejo de Bilbao, perseguidos por esperantistas furiosos, Gebara anuncia que el esperanto es un idioma “nacional y apestoso” después de todo.
  • Se crea el tartesicus o tartesioj, una lengua sintética propia para Tartessos, que es una versión simplificada del latín. Los lingüistas profesionales de Cheng afirman que su base lingüística (tanto considerado como una lengua natural o artificial) es puramente aleatoria, dictada exclusivamente por las preferencias de su creador en cada momento.

NOTA: no se han incluido todas las entradas y salidas de tartesios y ex tartesios en este periodo ni desde entonces, por ser demasiado elevado su número y demasiado complejo el relato. Cf. apéndices 1, 2, y 3 (formato Excel).

PARTE 3. LA RECTA FINAL

Unos días tras el abandono de los piesenpolvorosa, llegaron unos hombres de aspecto claramente militar al caserío.

– Ah, ése es Musculitos y su socio – dijo la Mascota al ser preguntada mientras se pintaba las uñas de amarillo fosforito. – No es más que un plasta que viene a dar la vara.

La historia – según consiguieron sacarle a la Mascota poco a poco – parecía ser que Gebara se había asociado con UCMundial, una empresa de seguridad que trabajaba principalmente en países de África occidental y en barcos, proporcionando protección contra piratas. – Pero la idea a largo plazo es que formen a nuestro ejército, claro.

– ¿Qué?

– Sí, claro. Cuando compremos una isla privada para poder independizarnos de esta mierda de entorno de verdad. Yo me ocuparé de ello, como cuando me ocupé de comprar la Casa del Rey – dijo, orgullosa.

– ¿La base de Cerdeña?

– Sí. Musculitos es un ex GEO, y nos ayudó en nuestros encuentros con la Anonima Sarda

Anya se preguntó si la Mascota estaba entrando en uno de los (frecuentes) raptos de fantasía automitologizante de los tartesios, pero se acercó a escuchar a hurtadillas la conversación entre los socios de UCMundial y Gebara.

– Necesitamos dinero, Ismael – decía el que llamaban Musculitos. – Ya sé que no podéis invertir más porque sois una cooperativa, pero habíamos quedado en que nos ayudaríais con la gestión y con el plan de negocio para levantar fondos…

Gebara chasqueó la lengua. – Mira, Manuel, nosotros no estamos aquí para ser las niñeras de nadie, ¿vale? Tenemos cosas mejores que hacer.

– ¡Pero habíamos llegado a un acuerdo! Y ya teníamos todo hablado con el Ministerio de Defensa. ¡Y a ti mismo te pareció interesante! Hasta le dijiste a aquél gestor externo que se pusiera el sueldo que quisiera…

Gebara estaba visiblemente irritado porque le recordaran cosas que había dicho y hecho. – Agua pasada, eso es agua pasada.

– Ismael, nos metimos en esto porque creímos que contábamos con vuestro apoyo, porque dijistéis que nos ayudaríais con la gestión. Y no sólo no habéis documentado correctamente las deudas, sino que no os habéis  molestado en continuar con nada, y básicamente nos habéis dejado con el culo al aire. ¡Que mi mujer está a punto de abandonarme, coño!

– Mira, Musc… Manuel, yo no tengo la culpa de que trates tan mal a tus mujeres y a tus amantes. Así que no me vengas llorando. ¡Hay que ser resilientes en esta vida!

El tono de Musculitos, que había rozado en la desesperación hasta entonces, tomó de repente un cariz amenazante. – Vale, conque ésas tenemos. Resilientes ¿eh? Te recuerdo, Ismael, que sabemos perfectamente quién tomó esas fotos de Marisol en la playa de Cerdeña, y no fue precisamente quién dijiste tú, montando el pollo. Y todavía mantenemos nuestros contactos sardos. Así que cuidadito, Ismael.

– ¿Me estáis amenazando?

– Por supuesto que te estamos amenazando. – Hubo un ruido de sillas corriéndose bruscamente, como cuando alguien se levanta de golpe. – No, no te preocupes, Ismael, No te vamos a pegar, no hace falta que te metas bajo la mesa. Pero te la tenemos guardada. Recuérdalo.

Sonaron pasos por el salón, y un portazo.

***

Gebara no parecía haber quedado demasiado transtornado por el encuentro con los de UCMundial, sino que incluso bromeó y se burló de ellos con Bel y la Mascota durante la comida, llamándole cobarde y blando, y refiriéndose a él como alguien claramente desechable.

Tras la comida, y aprovechando que Gebara parecía estar de buen humor, Anya se acercó a su despacho para ver si podía obtener más información (y además, nunca había visto el sanctasanctórum).

Llamó a la puerta. – Hola, Ismael, ¿puedo hablar contigo un momento?

– Hola, Anya. ¡Claro, pasa, pasa! Precisamente quería hablar contigo…

El despacho de Gebara era la mejor habitación de la casa: lo que antiguamente había sido el dormitorio principal, que ocupaba prácticamente todo un piso, y con un balcón con vistas al monte, desde el cual se divisaba también todo Bilbao y la ría serpenteando reluciente hacia el mar. Sin embargo, estaba escasamente amueblado: un gran escritorio de IKEA, cubierto de pantallas y cables, y un sofá largo, color grafito, pegado a la pared, con una mesa baja sobre la cual había otra pantalla de ordenador. – Ahí veo las series que me descargo – dijo Gebara al ver que Anya se fijaba en ella.

– ¿No sería más fácil tener un reproductor de DVD? ¿O una antena parabólica, incluso?

– Quita, quita. ¿Para qué quieren los tartesios ver la tele? ¿Para ver el telediario? ¿Para recibir contaminación informativa? Y evidentemente, no vamos a pagar dinero a las miserables corporaciones que viven del derecho de autor y esas mierdas. Y además, los DVD son caros.

Anya hizo amago de sentarse frente al escritorio, pero Gebara la llevó al sofá. – Eso es para desconocidos, y nosotros ya somos hermanos. O lo seremos pronto. Y de eso quería hablarte… – Se sentó junto a Anya, muy cerca. – Eres consciente del honor que os vamos a hacer ¿verdad?

Ante el horror de Anya, Gebara le tomó las manos.

– Anya, realmente os vamos a hacer tartesios por ti. Juanjo no es mal tío, pero, afrontémoslo, es un poco maricón. Pero tú… veo grandeza en ti. Veo grandes cosas. Veo — veo a una futura Basilissa.

Anya no supo qué decir. Gebara se arrimó más.

– Anya, tengo que ser franco contigo. Adoro a Bel – ella me ha ayudado desde el principio, y siempre será muy importante para mí. Pero es como si fuera mi hermana. Adriana es maja, pero no está a la altura, y sus contactos no son lo que esperábamos.

– ¿Y Marisol?

– ¿Marisol? – dijo Gebara como si se hubiera olvidado de ella. – Ah, Marisol. No, Marisol es útil para cosas como traer el periódico. Pero me he sentido muy solo. Ha habido tantas decepciones — tantos candidatos que nos traicionaron o que estaban demasiado contaminados por el centralismo y el nacionalismo, como los catalanes. Es imposible conseguir que un catalán se olvide de la butifarra y la sobrasada…

– ¿La sobrasada no es de Mallorca?

Gebara la miró con clara irritación, y Anya se recordó a sí misma que no debía interrumpirle o corregirle nunca.

– Bueno, el caso es que tú eres distinta. Lo sé. – Le puso la mano en la rodilla.

A toda prisa, Anya se puso a buscar algo para cambiar de conversación. – Sí, erm… ¿Así que aquí es donde trabajas, Ismael?

– Y duermo muchas noches. Este sofá se abre y se convierte en una cama – sonrió Gebara sugerentemente.

– ¡Ah! ¡Qué cosas! Erm… Sí, Juanjo y yo estamos encantados de estar aquí, claro, y… anda. ¿También lees árabe? – señaló unos libros en una mesita en una esquina.

Gebara, complacido de su pregunta, sonrió y se levantó a por ellos. – Bueno, soy prácticamente bilingüe, porque como sabes soy del norte de África-  Anya contuvo el impulso de decir que pensaba que la versión oficial era que había nacido en aguas internacionales. – También soy bilingüe en esperanto, portugués, latoc, indianus, catalán, y prácticamente en euskera, por supuesto, aunque no los use mucho. Pero estaba refrescando un poco mi árabe, sí.

Anya miró la portada de los libros. “Árabe para niños”. “El alifato para dummies”. “La lam con la alif: Allah Akbar”.

– ¿Y eso?

– Bueno, la estrategia de Tartessos… – Gebara se calló unos instantes, como dudando si seguir. – Qué demonios, vas a ser la Basilissa, te lo puedo decir. Los próximos planes de Tartessos tienen que ver con las taifas. Así que tendréis que poneros todos a aprender árabe.

– ¿Las taifas?

– Sí. Creo que se pueden establecer unas sinergias entre la República de Arrasate y la taifa de Al Daniyya – lo que antes se llamaba Denia – de las que podríamos sacar mucho provecho y forrarnos.

– ¿Conexiones entre los vascos y los musulmanes? – rió Anya, nerviosa. – ¿Como Íñigo Arista?

Gebara calló, se quedó muy serio de repente, y la miró con súbito respeto e intensidad, como si hubiera quedado muy, muy impresionado. – Precisamente, Anya – dijo, y en ese momento entró la Mascota para pedirle una goma de borrar a Gebara – claramente para interrumpir y mirando a Anya con celos feroces – y la conversación terminó.

Anya salió del despacho, aliviada y desconcertada. ¿Qué he dicho?

2

Unos días después Gebara, Bel, Marisol, y João regresaron cariacontecidos de una entrevista con FAC, una empresa vasca de construcción de ferrocarriles – para presentarles una propuesta de estudio de mercado. – ¡Nos han dicho que no! – exclamó Bel. – ¡No lo entiendo! ¿Cómo nos pudieron decir que no con la propuesta que les hicimos? ¡Y sólo les cobrábamos 70.000 euros al mes! ¿Qué es eso para una empresa para ellos?

Gebara, furibundo, gruñó algo sobre el capitalismo de amigotes y se refugió en su despacho dando un portazo.

– ¿Y esto? – le preguntó Anya a Juanjo.

– ¿No viste la propuesta?

– No.

Juanjo no pudo evitar reírse. – Yo se lo pasé a formato PDF. Es de descojone. Se ofrecieron a hacer un estudio estratégico sobre la posible internacionalización de FAC en países centroasiáticos, como Kazajistán. ¿Qué presentaron? El equivalente de un trabajo escolar de Secundaria, tomado de Wikipedia y el sitio web de información global de la CIA. Tipo “Kazajistán es una república presidencialista. Su capital es Astaná. La religión principal es el islam. El 1 y 2 de enero son fiesta”. ASÍ TODO. Ismael está echando chispas porque por lo visto el CEO le dijo textualmente que era “muy como de Wikipedia todo”. ¡Pero es que lo era, literalmente!

– Jodeeer.

Al cabo de un par de horas Gebara parecía haberse calmado y bajó de su despacho para dar una arenga a las tropas, con una sonrisa de oreja a oreja.

– Hermanos tartesios, en contra de las apariencias ¡esto es lo mejor que nos podía pasar!

– Pero Ismael – dijo Bel con mirada apenada, labio torcido, y voz de niña pequeña – nos habías dicho que vender un proyecto a la FAC era el paso imprescindible en nuestra expansión mundial, que eran la única empresa que hacía cosas realmente interesantes.

A Gebara se le pegó el tonito infantil. – Pero Bel, no zeaz tontita ¿No os fijasteis en la decoración de la oficina? ¡No podemos hacer negocio con una empresa que tiene cuadros postfigurativos! Eso reflejan que son la típica empresa con una cultura corporativa chusqui y ramplona que se apunta a las tendencias de todo el mundo, sin un pensamiento independiente, cayendo en la homogeneidad y la cultura de la adhesión. ¡Postfigurativismo malo! ¡puaj! ¡caca! Además, ¿nos os fijásteis como Andrés no dejaba de mirar a nuestra Basilissa con ojos lascivos? ¡Se nota que es el típico ejecutivo producto de la educación universitaria británica con su arrogancia colonial y su sexualidad reprimida anglicana!

– Pero Ismael – insistió Marisol, también con cara de chucho apaleado – ¿no habías dicho que sin una alianza con FAC sería muy difícil poner el pie en otros mercados?

– ¡Ahora iremos solos! Eso nos hará más resilientes. Y nos dará una ventaja estratégica para ser más audaces porque éstos de la FAC son unos conservadores que viven de las rentas y del capitalismo de amigotes. – Miró las caras escépticas de las chicas, y pareció recibir un soplo de inspiración. – Amigos, tartesios, compatriotas, prestadme vuestros oídos. He venido a enterrar a FAC, no a alabarla. Andrés Eguinoa nos dijo que FAC era ambiciosa: y Eguinoa es un tarado rentista. Pero escuchadme: hoy es el día de san Gumersindo. Los buenos cooperativistas contarán esta historia a sus hijos. Y el día de San Gumersindo no pasará desde este día hasta el fin de la descomposición sin que nos recuerden. Nosotros, pocos afortunados – nosotros, banda de bros. Pues vosotros que lucháis conmigo sois mis hermanos. Por muy centralista y nacionalista que haya sido vuestra crianza, esta lucha ennoblecerá vuestra condición. – Su tono y su expresión se iban agitando y emocionando hasta llegar a un paroxismo de emoción. – ¡Y los amigotes capitalistas en sus bancos e industrias se avergonzarán de no haber estado aquí! ¡Y se darán cuenta de que son unos maricones mientras nosotros podremos hablar de las grandes hazañas P2P que empezamos a hacer en el día de San Gumersindo!

El resto de tartesios, abrumados por el entusiasmo, empezaron a aplaudir y aclamar a Gebara, e incluso João y Bel rompieron a llorar de emoción ante la inmensa oportunidad y el crecimiento que les produciría el haber perdido un importante cliente, que hasta entonces les había pasado desapercibido.

***

Tras la arenga, y aprovechando que los tartesios estaban teniendo un momento de comunión emocional y remembranza y revival de sus grandes éxitos, Anya y Juanjo aprovecharon para salir un momento al jardín (que parecía más bien una jungla porque nade se ocupaba de él).

– Guau – fue todo lo que pudo articular Anya.

– Guau indeed – sonrió Juanjo. – No se ven las dinámicas de un líder mesiánico en primera fila todos los días ¿eh?

– Desde luego que no. Por suerte. Mi informe está quedando tan alucinante que si lo incluyera en una novela, todo el mundo me criticaría por inverosímil. – Se quedó mirando una mata particularmente fea. – ¿Qué demonios estamos haciendo aquí, Juanjo? Y no me digas que es un informe para Cheng. ¿Qué interés puede tener Cheng en esta gente? Es como matar moscas a cañonazos para él.

Juanjo suspiró. – Realmente no tengo ni idea, Anya. Cuando me propusieron este proyecto en Cheng Corp, me dijeron que Cheng estaba interesado en las técnicas de gestión de empresa de los tartesios. Pero son unos incompetentes absolutos. Así que no sé decirte. ¿Querrá copiar el mesianismo de Gebara? ¿Quién sabe?

Se miraron el uno al otro en perplejidad compartida, y regresaron al caserío, donde los tartesios estaban empezando a celebrar su resiliencia sacando el orujo que había sobrado y cantando el Himno Tartesio – un “poema” del vate tartesio oficial, un funcionario gaditano con ínfulas poéticas llamado David Lana, titulado “Futuribles”, al que habían puesto una música que recordaba sospechosamente al himno de Riego:

Habrá turgentes mozas besuqueadas
Y yo, lúbrico viejo
Bailándoles el agua de todos sus jugos
Fértiles ingenieros programando
Poemas de cortejo en javascript
Luminosas gerentes repartiendo tareas
Y duros rapapolvos (cómo me pone)
Y estudiantes de indianus tartesoj
Fabbing
Medicina alternativa
Fabricación de e-cigs
Y psicohacking
En universidades cooperativas
Habremos aprendido a no tragar
– ¿porque quién quiere comer?-
A no romper
a no alimentar al asesino capitalista
y los triciclos híbridos pasarán
y los niños jugarán en dirigibles de colorinchis
mientras sus padres nerviosos saludan desde tierra
y habrá brezos y ginesta y cardos y baobabs rezumando pegajosa
resina de baobab
y pasto habrá también para retozar y jugar a la pelota vasca
y sobarnos a la sombra de algún árbol
Futuribles, venid
a mí
que no me da el baremo
en la oposición
3
Asombrosamente, Gebara había conseguido convencer a Lankide para que le diera otra oportunidad – puramente a base de carisma, supuso Anya – y estaba ahora tomando un café con él en el salón del baserri Tartessos. Anya y Juanjo permanecieron escuchando discretamente desde la cocina.- Me alegro de que hayas vuelto a confiar en nosotros, Kepa – estaba diciendo. – ¿Cómo va a entender lo que es una cooperativa un plutócrata del capitalismo de amigotes? ¡Alguien que trabajaba en un BANCO!- Sí, bueno – respondió Kepa, todavía con cierta desconfianza – pero necesito que me expliques quiénes son ésos de la Tartessos Watch.La voz de Gebara se enturbió de furia contenida. – Ésos no son más que unos amargados con disfunciones sexuales que viven en Mordor, en el cogollo de  lo que queda del nacionalismo español. Son estatalistas, centralistas, nacionalistas, del capitalismo de amigotes. Su resentimiento con nosotros les ha dejado un agujero en el alma. Son gente oscura.– Pero no os darán problemas de reputación ¿no?- Nooooo, por favor – rió Gebara. – Si son unos pobres desgraciados que en el fondo envidian la libertad y fraternidad de nuestro modo de vida cooperativista, nuestra parresía y decir Franco. Y además son sólo unos pocos. ¿No has visto las cantidades de seguidores que tenemos que dejan comentarios en nuestro blog?- Lo que omite decir – susurró Juanjo en la cocina – es que los comentaristas indianos se van renovando por fiascos como si fueran las capas de piel de un perro. Cada vez que la cagan (periódicamente), los comentaristas entusiastas desaparecen y aparecen nuevos incautos. A excepción de Hansel, claro. Hansel siempre sigue ahí.- Bueno, es que Hansel es subnormal. Literalmente – respondió Anya.

***

Una vez convencido Lankide, Gebara recibió otra visita por la tarde: Willem Pauwels, un cooperativista neerlandés residente en Tailandia que había creado el P2P Forum, una organización para fomentar la difusión de información de dominio público a través de redes distribuidas. Algo que debería haber encajado totalmente con los supuestos objetivos de Gebara, pero que tenía un importante problema: Gebara no lo controlaba. Y además, la lengua vehicular del P2P Forum era el inglés. La conversación estaba siendo tensa.

– Ismael – estaba tratando de dialogar Pauwels con Gebara, en un castellano con un acento mezcla de neerlandés y argentino – tienes que entender que tenemos una lista de correos muy activa, con gente de todo el mundo participando en debates muy intensos. En inglés. No puedes pretender ponerte a mandar mensajes en español tal cual.

– No veo por qué no – respondió Gebara con suficiencia. – Yo domino el inglés, por supuesto, pero la Basilissa tiene que usar Google Translator para entenderos a vosotros, así que vosotros también podéis usarlo para entenderla a ella y a los demás tartesios.

– Pero Ismael, eso sería el equivalente  de igualar al grupo a la velocidad del más lento. Que por cierto es una metáfora militar que tú mismo usas para denostar el estado nacional y sus
diminutos totalitarismos del día a día educativo e impositivo.

Gebara se cabreó de modo evidente. Nunca era una buena idea citarle algo que había dicho él para mostrarle que se contradecía. – Eso es irrelevante.

– Y además, hay muchos brasileños y argentinos en nuestra lista que no tienen ningún inconveniente en usar el inglés. No hace falta que sea un inglés perfecto, es puramente World English, un inglés de trabajo.

– CIPAYOS. NO SON MÁS QUE UNOS CIPAYOS VENDIDOS AL ANGLOVERSO.

– Vale. Sea como fuera, Ismael, tienes que decirles a tus tartesios que dejen de trollearnos los debates, respondiendo en español a hilos que ya tienen 20 o 30 respuestas en inglés.

– Los tartesios tienen cosas mejores que hacer que dedicarse a trollearte los debates, Willem.

– Sí. Supongo que deben de estar dedicados a leer noticias a tiempo completo, como tú, que afirmas leer 3000 noticias ENTERAS todos los días en tres horas a las 6 de la madrugada.

Gebara se levantó del asiento, furioso. – ¿ME ESTÁS LLAMANDO MENTIROSO?

– Bueno, quizás me he expresado mal – corrigió Pauwels, algo atemorizado ante la brusca violencia. – Quería decir que filtras titulares y sólo te lees las noticias que parecen
interesantes – porque es que es humanamente imposible leer tanto en tan poco tiempo todos los días…

– ¿ME ESTÁS LLAMANDO MENTIROSO DE NUEVO? ¡PORQUE TÚ NO SEAS CAPAZ DE HACERLO! ¡ÉSE ES TU PROBLEMA! ¡YO SÍ LO HAGO!

– Creo que será mejor si me voy – murmó Pauwels, levantándose. – Después de todo, tengo que coger un avión. He quedado a hablar con los del LabMedia en Madrid mañana.

– ¿EL LABMEDIA? ¡¡¡¡ESTÁS HABLANDO CON EL ENEMIGO!!!!! ¡¡¡¡¡FUERA DE AQUÍ, TRAIDOR!!!!! ¡¡¡¡TE INVITAMOS AL DÍA SERUM Y ASÍ NOS PAGAS!!!!! ¡¡¡LADRÓN!!!!

Pauwels se marchó sin despedirse y Gebara se volvió a mirar a las chicas, que habían presenciado toda la escena, jadeando de rabia. – LADRÓN TRAIDOR CIPAYO NEERLANDÉS DE MIERDA. ¡¡¡Claro que tiene que irse a vivir a Tailandia!!! ¿Dónde iba a poder ir a follar si no? Siempre lo he sospechado, pero ahora lo tengo clarísimo. ESTE TÍO ES UN PEDERASTA.

Y así fue como a partir de aquel día Willem Pauwels pasó a ser conocido en Tartessos como el Pederasta.

4

Las cosas se precipitaron los siguientes días. De repente, Gebara les hizo bajar a Bilbao en una expedición para comprar ropa islámica en el barrio de San Francisco – chilabas y babuchas para los hombres, abayas y hijabs para ellas. Por lo visto, Gebara iba a dar una presentación importantísima en la cumbre Nueva Al-Ándalus en Al Daniyyah, y necesitaba que todos los tartesios le respaldaran con su presencia.

La cumbre iba financiada por Arabia Saudita, así que los tartesios pudieron disfrutar de un vuelo en business class – “como nos corresponde”, afirmó Gebara, satisfecho. Aunque en Al Daniyyah no se había implantado la sharia oficialmente como en otras taifas más conservadoras, la tendencia social prevalente iba en esa dirección, y dado quiénes eran los espónsores de la cumbre, era preferible que las chicas fueran completamente cubiertas y en una posición muy secundaria, preferiblemente siempre caminando unos pasos por detrás de los hombres.

Dos coches les fueron a recibir al aeropuerto – uno para los hombres y otro para las mujeres – que les trasladaron directamente al Palacio de Congresos. – Esto es estupendo, esto es estupendo – iba repitiendo Gebara, que no cabía en sí de gozo en su chilaba blanca, dando brinquitos, mientras pasaban bajo las dos cimitarras gigantes cruzadas a modo de arco que daban acceso al recinto. – Aquí sí que nos tratan con respeto. Aquí sí que nos toman en serio, chicos. Esto es el futuro.

La cumbre era una reunión de los principales dirigentes y figuras representativas en las taifas de la Península y sus homólogos en países islámicos interesados en entablar relaciones comerciales y de otros tipos. De algún modo, Gebara había convencido que le invitaran para dar una presentación ante los representantes – ninguno de los tartesios conocía el tema.

Accedieron a la gran sala del Palacio de Congresos, que estaba llena hasta los topes. Sentaron a los tartesios en unos asientos reservados – chicos a un lado, chicas al otro – y Gebara se despidió de ellos emocionado y saludando con la mano, con una sonrisa de oreja a oreja.

Las luces se hicieron más tenues, y se anunció la presentación de Gebara en castellano y árabe: aunque su nombre se pronunció como Ishma’il al-Qabr. (¿Han dicho “Ismael el Cabra”?  pensó Anya).

Gebara subió al escenario, resplandeciente en su chilaba blanca, y comenzó con unas frases en árabe, que tradujo seguidamente: – As-salam aleikum. En el nombre de Alá, el Compasivo, el Misericordioso. Hermanos, como ceutí nativo y orgulloso descendiente de moriscos, vengo a hablaros de nuestro proyecto para recuperar lo que era nuestro y nunca dejó de serlo.

Hizo un gesto y se proyectó una imagen de la Península sobre la pantalla de fondo. – Ésta era Al-Ándalus en el año mil: el Califato de Córdoba en su momento de mayor esplendor en el apogeo de Almanzor, justo antes de su división en taifas. – Hubo un murmullo en la sala, no estaba muy claro si de admiración o de preocupación. – Hermanos, os traigo un modo de regresar a esta Edad Dorada. El mundo ha cambiado, pero todos sabemos que cualquier tierra que ha sido musulmana debe volver a serlo – debemos restablecer las fronteras de Dar al-Islam. Debemos hacer yihad.  – El murmullo persistió. – Pero no estoy hablando de una yihad sangrienta. Hoy la guerra se hace de otros modos, empezando por los financieros. No: hoy quiero hablaros de una alianza.

La imagen de la pantalla se convertió en un mapa de la República de Arrasate y la Región Foral de Navarra. – Los que antiguamente se conocía como las Vascongadas, actualmente uno de los principales centros económicos de la Península. Y uno de los principales actores en este centro económico son las cooperativas – principalmente la Lankide Elkartea. Pero fijaos bien ¿qué es una cooperativa? Es una organización social donde la vida económica, la vida profesional, la vida social, la vida comunitaria, la vida personal, y, me atrevería a decir la vida espiritual son todas indistinguibles. Todos sus miembros son iguales, son hermanos, y se apoyan mutuamente ante los no-miembros. – La imagen cambió, y la imagen de una de las fábricas de Lankide fue mutando lentamente hasta convertirse en la imagen de un minarete rematado por la media luna islámica. – ¿Acaso  no es ésta la definición de laUmma? La Umma se caracteriza porque no hay distinción entre Estado, comunidad, y religión. ¿Acaso no es este el objetivo ideal de cualquier cooperativa, de cualquier filé: la relación perfecta, sin fisuras, de hermandad e igualdad entre todos sus miembros?

La imagen en la pantalla desapareció y se proyectó la imagen de una de las estatuas de la Plaza de Oriente en Madrid. – Éste es Íñigo Arista – Eneko Aritza, Eneko del Roble, en euskera, el primer rey del reino de Pamplona. Era medio hermano de Musa ibn Musa, el gobernador de la Marca Superior de Al-Ándalus, de los Banu Qasi – los descendientes delconde Casio, un conde visigodo que se convirtió al Islam. Los Banu Qasi mantuvieron un dominio hegemónico sobre la Marca Superior durante siglos, en estrecha cooperación con los cristianos de Pamplona – los vascones – bajo la supervisión del vascón Íñigo Arista, cuya madre se casó con un musulmán y que casó a su propia hija con su medio hermano, Musa ibn Musa. En aquella época, las relaciones y matrimonios entre vascones y musulmanes eran habituales y provechosas para ambas partes. Y existen fuertes afinidades entre la cultura vasca y la musulmana. ¡Hasta las lenguas están emparentadas!

(¿El árabe y el euskera? ¿En serio? pensó Anya).

La pantalla mostró ahora una imagen de la Basílica de Begoña, coronada por la media luna. – Así que esta es nuestra aspiración: volver a guiar a Euskal Herria y a las taifas a la unidad fraternal que nunca se debió romper bajo la Umma cooperativista y espiritual – volviendo al trabajo, al decoro, a la modestia, a las buenas costumbres. Acabando con la decadencia de la descomposición occidental y la superficialidad de la cultura de la adhesión y la falta de valores de la juventud. – La imagen se convirtió ahora en la del gallifante tartesio. – Soy Ishma’il al-Qabr. Mi familia recibió su nombre del temible Castigo de la Tumba, porque mis antepasados eran guerreros ante cuyo paso sus enemigos temblaban como ante la tumba. Mi filé, mi tribu, es Tartessos, cuyo gallifante totémico está emparentado con los leones de la Alhambra. Nuestra doctrina es la de Lawrence de Arabia, atacando en guerrilla, sin permanecer mucho tiempo en el mismo sitio, dándole al enemigo donde más le duele – una forma de guerra que aprendimos de los nómadas árabes. Soñamos con un mundo posible de fraternidad tribal y comunidad actual. Soñamos con acabar con la descomposición a través de nuestra parresía, nuestro decir Franco, y la fuerza de nuestra hermandad. Y yo… – dijo súbitamente poético, puro Alec Guinness como el jeque Faisal – yo sueño con los jardines perdidos de Córdoba.

Su voz se alzó entonces en una arenga, inspiradora, visionaria, mesiánica. – Como Íñigo Arista, Eneko Aritza, me presento ante vosotros, hermanos, para llevar Dar al-Islam a las tierras que nunca debieron dejar de serlo. ¡Como un puente entre el Islam y los vascones, lideraré la batalla, y llevaremos la Umma de los creyentes de nuevo a su época dorada!

La multitud, arrastrada por la oratoria de Gebara, se había levantado de sus asientos para aclamarle, con lágrimas en los ojos. Y ciertamente Gebara parecía en su elemento, con un control supremo en todo momento sobre las emociones colectivas que recorrían su audiencia. Recibió los aplausos con la cabeza levemente agachada, en falsa modestia, y al cabo alzó las manos, solicitando que le dejaran hablar. – Y, como Íñigo Arista antes que yo, quiero sellar nuestra alianza mediante unas de las personas que más quiero en el mundo – alguien que es como una hermana para mí. Puedo confirmar que el príncipe Al-Waleed bin Talal bin Abdul Aziz Al-Saud, uno de nuestros principales aliados, ha aceptado tomar a nuestra hermana tartesia, Marisol Gómez, como una de sus esposas.

Hubo un nuevo rugido, y la muchedumbre rompió a aplaudir de nuevo. Anya se giró a mirar a la Mascota, que estaba hundiendo los dedos en los brazos de la butaca, tan pálida en su abaya negro que parecía que se le hubiera ido la sangre del cuerpo de repente.

5

Tras el exitazo en la cumbre de Nueva Al-Ándalus, los tartesios regresaron a Bilbao con una cantidad no cuantificada pero ingente en la cuenta de Tartessos (controlada por Gebara) y con un miembro menos (ya que Marisol había sido llevada a toda prisa al harén del príncipe Al-Waleed, sin consultar con ella).

Gebara, henchido de confianza y con un aura mesiánica ya permanente, se embarcó en una serie de ambiciosas operaciones: empezó a comprar terrenos desolados en los Monegros con la idea de montar una serie de ecoestaciones cooperativas autosuficientes/madrasas donde combinar la agricultura orgánica con la educación coránica-euskaldún. Pronto empezó a referirse a estas propiedades como “el waliato de Tartessos” (aunque en ocasiones se le escapaba “el waliato de al-Qabr”), y a hablar de crear una universidad cooperativo-islámica y de crear un ejército para su defensa ante la obvia reacción hostil que el nuevo edén recibiría por parte de sus vecinos nacionalistas centralistas de amigotes. De hecho, puso un anuncio en Infojobs solicitando reclutas en plan Shackleton.

Empezó a venderle estos proyectos a Lankide, reduciendo el peso de su componente islámico y enfatizando sus aspectos euskaldunes, cooperativistas, y de comunión con la Ama Lur. (Además, se había montado toda una historia sobre las supuestas estrechas semejanzas entre la esencia del alma vasca y el alma árabe frente a las tropelías de la civilización occidental indoeuropea, que tendía inevitablemente al capitalismo de amigotes, la centralización, y la acumulación de rentas). Lankide, semiseducido de nuevo e impresionado por el respaldo de los árabes, aceptó tomar parte en el proyecto, y envió a toda una legión de andereños euskaldunizantes a los Monegros (que, curiosamente, aceptaron encantadas la imposición de llevar abaya e hijab, afirmando que era la ropa perfecta para feministas abertzales porque las liberaba de la mirada masculina y la tiranía de la imagen corporal y la sexualización impuesta por el patriarcado).

Las compras se volvieron cada vez mayores: cansado de tantos años de ALSA y vuelos de RyanAir, Gebara decidió que necesitaba comprar un avión privado para sus viajes a la Penísula Arábiga, a las taifas, y, por supuesto, a la Casa del Rey, que se rebautizaría como la Dar al Malek. (“¡Será el centro de nuestro comercio en el Mediterráneo! ¡Nuevas rutas transnacionales! ¡Seremos los nuevos berberiscos!” decía entusiasta, sin que Anya y Juanjo tuvieran muy claro si era consciente de que los berberiscos habían sido piratas).

En el caserío, el tartesioj quedó completamente olvidado, y fue sustituido por clases intensivas de árabe (de las que Gebara estaba exento, ya que afirmaba que había aprendido aquel idioma por ósmosis durante su infancia en Ceuta). Además, la indumentaria que habían llevado a la cumbre de Al-Daniyyah se hizo oficial permanentemente, lo cual dificultó bastante las salidas a Bilbao y al pueblo más cercano, donde se reían bastante cuando veían a Gebara acercarse a comprar el pan con chilaba y txapela. Cuando Anya trató de argumentar en una ocasión que el hijab y la abaya eran ropas restrictivas para las mujeres y una muestra de sumisión hacia los hombres, Gebara tuvo una explosión de furia y le gritó que estaba siendo una universalista miserable, que los derechos humanos eran universalistas y una imposición del centralismo indoeuropeísta, que si se creía que el ser mujer era una condición innata, que la sharia era una cumbre del pensamiento cooperativista y descentralizado, y que qué clase de egoísta era que no era capaz de sacrificarse y aguantar una ligera incomodidad por el bien de la comunidad. (- Y además – masculló al volverse, creyendo que Anya ya no le estaba escuchando – os va bien estar un poco bajo control. Que luego os volvéis todas unas ninfómanas).

Pronto empezó también a firmar sus posts en la Posta de tartessos como el walí Ishma’il al-Qabr. (Aunque Juanjo le oyó decir, tras publicar uno: – Walí de momento. Califa en el futuro.) Y cambió la orientación del pendón tartesio en dirección a la Meca, haciendo que los tartesios se prostraran ante él cinco veces al día. Incluso se llegó a subir a la azotea del baserri a imitar la llamada del muecín: “¡El P2P es grande! ¡El P2P es grande! ¡El P2P es grande! ¡No hay más P2P que Tartessos y al-Qabr su profeta!”

***

Sin embargo, una mañana, al abrir la puerta para barrer – pues las mujeres habían pasado a desempeñar tareas más bien auxiliares – Anya se encontró con un paquete en el umbral. Lo abrió y retorció el gesto de asco: eran unos pescados podridos envueltos en papel de periódico.

– ¿Y esto? – Le enseñó el paquete a Gebara, que lo miró y se quedó inmediatamente pálido como una sábana.

João apareció en ese momento, temblando. – Ismael, creo que tienes que ver esto…

Gebara siguió a João hasta los ordenadores, donde la pantalla mostraba un post de la Tartessos Watch. – CABRONES HIJOS DE PUTA. ME LA PAGARÁN. VAYA SI ME LAS PAGARÁN.

Anya y Juanjo se acercaron a mirar. Los de la Tartessos Watch habían publicado todo el historial de Gebara: incluyendo sus relaciones con Casa Sefarad y la Embajada de Israel; el modo en que habían tratado de chantajear a la Anonima Sarda utilizando el desnudo de la Mascota cuando estaban en Cerdeña para obtener un precio más barato por la Casa del Rey; su reseña elogiosa sobre el libro anti-Islam de Oriana Fallaci; su pasado como liberal españolista escribiendo para el periódico de Federico Jiménez Losantos y su apoyo al antiguo PP; y todo su pasado que había intentado borrar sistemáticamente.

Pero, más grave, había publicado la información sobre las cuentas personales de Gebara, y cómo estaba cometiendo desfalco con el dinero tanto de Lankide como de los árabes.

– ¡¡¡¡¡¡¡¡¡LADRONEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEES!!!!!! – Gebara se arrojó al suelo y empezó a patalear y morder la pata de la mesa, echando espumarajos por la boca.

Estaban todos los tartesios contemplando la escena, congelado, sin saber cómo reaccionar ante lo que parecía un ataque grave de epilepsia cuando la puerta de entrada se abrió de nuevo y apareció una figura cubierta de negro de arriba abajo, con el rostro tapado por unniqab. Se arrancó la capucha y vieron que era la Mascota, roja y resoplando.

– ¡Me he escapado y he venido corriendo desde el Hotel Carlton! – exclamó. – ¡Por favor, Ismael, no hagas volver! Haré lo que sea. Puedes follarte a quien sea. Haré todos los trabajos domésticos. Dormiré a los pies de tu cama. Dormiré en la caseta del perro. ¡Pero por favor, no me apartes de tu lado! – Y se postró de rodillas y rompió a sollozar.

La entrada de la Mascota pareció tranquilizar un poco a Gebara. – Bueno – dijo Gebara, súbitamente recompuesto y magnánimo. – Para que no se diga que no soy generoso, puedes volver. Pero tendrás que ser buena ¿eh? Y ha habido un cambio de planes. Aquí no nos quieren, bros. Y los árabes no nos entienden realmente tampoco. ¿Qué se puede esperar de una gente que ha salido del desierto y que habla un lenguaracho? Chicos, esto es lo mejor que nos podía haber pasado.

***

La desvencijada furgoneta avanzaba por los desolados caminos de la meseta en dirección a la República de Cataluña. – Pronto cruzaremos el Ebro – dijo Gebara desde el asiento de atrás. – Es una ocasión histórica, chicos.

Anya, que iba en  asiento del copiloto junto a Juanjo, que conducía, se volvió a ver la escena. Gebara iba en el medio, flanqueado por Bel y la Mascota. João iba atrás del todo, en el espacio del perro. Bel había sacado de su mochila una imagen de Wifredo el Velloso que iba sosteniendo con devoción. – Guifré el Pilós, en honor al lugar donde todo empezó – digan lo que digan los palurdos del parque temático sobre ese fascista centralista de Pelayo – y a la curación étnica que va a suponer que los tartesios recuperen la marca de Cataluña de las zarpas de los avaros burgueses afrancesados que la controlan ahora. Bon cop de falç! Bon cop de falç!

La Mascota sacó un instrumento de su propia mochila y empezó a soplar mientras Gebara hablaba, intentando sacar unas notas épicas de fondo. – ¡Hermanos, acompañados de  nuestra ocarina mística de Osiris, fabricado en nuestra propia impresora 3D de fabbing, entonemos el himno marcial de nuestro avance inexorable hacia la libertad, fraternidad, y cooperativismo descentralizado!

La Mascota hizo un giro trompetero con la ocarina, y Anya vio claramente lo que ponía en su base: MADE IN VIETNAM.

Entonces los tartesios empezaron a cantar a coro: – Baixant de la font del gat, una noia, una noia, baixant de la font del gat, una noia i un soldat…

Y el Sol despidió con sus últimos reflejos rojizos su glorioso camino mientras descendían a cruzar el Ebro, hacia nuevos futuros y nuevos incautos.

Un pensamiento en “La versión light

Delibera, aunque sea banal

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